La maldición de los  Palafox

Sexto cuento del confinamiento

Dicen que existen apellidos malditos y benditos para cada Pueblo o Ciudad. Para Tudela el apellido Palafox es sinónimo de muertes, abandono y rendición. En su trabajo sobre los Prolegómenos de la Batalla de Tudela, el tudelano Gonzalo Forcada Torres, en una excepcional obra histórica y literaria, ya nos ilustró sobre las desgracias del paso de los dos hermanos Palafox por nuestra Ciudad.

Cuentan que las “saludadoras” tudelanas hasta muy entrado el Siglo XX  cuando se juntaban en corrillos a la “fresca” o deseaban algo malo a alguien, siempre entonaban aquello de la maldición de los Palafox, porque de generación en generación se había mantenido la leyenda que una tudelana se llegó a acercar en Zaragoza hasta José Palafox con un cuchillo y fue detenida, y cuando la llevaban presa le gritaba al General, – “Yo os maldigo Palafox y mi maldición caiga sobre todos vosotros, un marido y un hijo te me llevaste, traidor, y yo no he podido matarte, pero mi maldición te llevará para siempre”.

En junio de 1808, en sus primeros días,  una gran columna de 3.500 franceses salió de Pamplona dirección hacia Zaragoza. Tudela se convirtió, por su ubicación estratégica, en el primer freno de los objetivos napoleónicos y para ello los tudelanos, conocedores de las intenciones del General francés Lefebvre, intentaron impedir el paso del ejército invasor volando dos arcos del Puente de Tudela.

Los franceses retrocedieron y en un paraje entre Valtierra  y Castejón, atravesaron el Ebro, pasaron a la otra orilla las fuerzas de infantería y caballería que traían y avanzaron por Montes de Cierzo.

El 8 de junio, los tudelanos sin armas y con cuchillos, hoces y trabucos se enfrentaron a los de Lefebvre, apostados en campo abierto en el mismo término de Montes de Cierzo, mientras a sus espaldas escondidos entre Santa Quiteria, orillas del Queiles y el término de la Albea, el Marques de Lazan, hermano mayor del General Palafox, que había llegado el día anterior con 200 aragoneses, esperaba los acontecimientos.

El Marques de Lazan se había negado el día anterior a repartir fusiles a los tudelanos y el descontento en la Ciudad era casi tumultuoso.

Luis Palafox y Melci, Marques de Lazan y Rebolledo, al ver que todo estaba perdido abandono Tudela y a los tudelanos a su suerte, y no entró ni en batalla. El General Lefebvre dio un ultimátum a los tudelanos para que se rindieran, pero estos siguieron luchando hasta el final y el ejército entró en la Ciudad. En el campo de batalla morirían 23 tudelanos.

Tudela fue saqueada, desde el día 8 de junio hasta el día 12 de junio de 1808.

La Resistencia Tudelana, y los pequeños escarceos de Mallen y Alagón, supusieron para la Ciudad de Zaragoza un tiempo vital para recomponer sus fuerzas y preparar las defensas de la Ciudad. Tudela fue su salvación, Zaragoza nos debe la gloria y la libertad.

Sera meses más tarde cuando en aquel mismo año de 1808, el 22 de noviembre, el hermano pequeño de los Palafox, José, General del Ejército Español, se reunirá con el General Castaños, mando máximo de la  Junta Militar de Defensa Española, en Tudela en el Palacio de los Marqueses de San Adrián, en la calle Margallón, ante la llegada inminente de los ejércitos franceses camino de Zaragoza.

El General Castaños había elegido Tudela para desplegar a más de 33.000 efectivos por los 30.000 que traían los franceses. El General Palafox tenía a cerca de 18.000 aragoneses al otro lado del Ebro, mientras que Castaños posiciono al resto de  sus fuerzas desde Tudela, orillas del Queiles y más allá de los Montes de Maya, actual hospital.

Castaños ante las noticias que llegaban que los franceses estaban pasando ya por Azagra y Calahorra, ordeno a Palafox que pasará sus tropas hacia Tudela para reforzar la Ciudad y tener el primer muro de contención contra el ejército del General francés Lannes, pero el aragonés se lo tomó con calma, se permitió incluso discutir las ordenes de Castaños, haciendo valer su amistad personal con Fernando VII y sus dotes de cortesano, pero no, de General,  y llego a decir que quedaba tiempo.

Castaños le llamo de todo, menos bonito, en presencia del resto de mandos militares españoles e ingleses, y se fue del Palacio de los Marqueses de San Adrián de Tudela sacando exabruptos por su boca.

Para cuando Palafox empezó a pasar a sus voluntarios hacia Tudela, los franceses disparaban desde el Cerro de Santa Bárbara, antigua ubicación del Castillo de Tudela, cañonazos contra el Puente para impedir el paso de los “maños”.

Palafox abandono a Tudela, a su ejército, monto en su caballo y con una barcaza desde el conocido embarcadero del Bocal, junto a Fontellas, huyo a Zaragoza. Tudela fue tomada y arrasada, sus casas ocupadas y sus conventos convertidos en Hospitales de campaña, el ejército español derrotado con 3000 muertos, 3000 prisioneros de los cuales 300 eran oficiales y entre estos 12 coroneles, 30 cañones requisados y acorralado por  las tropas de Bonaparte se batió en retirada.

En Tudela la ocupación francesa supuso una de las mayores crisis de la historia conocida de la Ciudad, a día de hoy sigue habiendo portalones de los antiguos Palacios o Casas Señoriales ocupadas y tomadas por los franceses que tienen dos cerraduras, una la de los dueños tudelanos y la otra la que hicieron los franceses cuando las ocuparon.

Las actuales tierras conocidas como los Huertos de la Mejana, cuando los franceses se fueron definitivamente de Tudela y la Península y Fernando VII retomó el poder,  en el Reino de España, eran tierras comunales. El Ayuntamiento tuvo que vender esas tierras a los nobles y pudientes de Tudela para sacar fondos para reconstruir una Ciudad que quedo arrasada por la ocupación, yo soy de los que dice, que desde entonces todavía no hemos levantado la cabeza, que todavía nos quedan restos de Casco Viejo bombardeado y nunca recuperado.

Esta es la historia de la maldición de los Palafox y el conjuro sigue vivo, lo único que ganamos fue que, estamos en Paris, en el Arco de Triunfo donde los franceses ponen nombre a todas las batallas que ganan. Allí esta Tudela, pasen y vean.

 

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