A la memoria de un sindicalista

Cuento del primero de mayo del confinamiento

Pascasio Ullate, nació en Murchante, en el año 1906, sin apenas estudios, justo leer y escribir, nació con una minusvalía, cojera de la pierna izquierda. Aprendió el oficio de alpargatero. En aquellos años en la mayoría de los Pueblos Riberos, las tierras estaban en pocas manos, y los peones y jornaleros deambulaban buscando trabajo. La Tierra Comunal se había sacado a la venta y muchas tierras y corralizas habían caído en posesión de los terratenientes y familias acomodadas. El campesinado ribero estaba en la miseria. Desde 1841, Navarra fue por encima de Galicia y Extremadura, la segunda provincia del Estado Español con mayor índice de emigración.

Pascasio Ullate no era ajeno a todo lo que ocurría en Murchante y la Ribera, y además de aprender el oficio conoció las ideas libertarias y de emancipación social a través de los escritos de Bakunin, Phoudon, Marx y Engels y se empapaba todos los periódicos de la época que podían caer en sus manos, así como toda clase de libros. Este conocimiento de las ideas y de la cultura social, le llevó a comprometerse sindicalmente en el gremio de los alpargateros y llegará a ser un dirigente sindical en toda la zona de Navarra y La Rioja. Todo ello le conllevará represalias y tendrá que desplazarse a Zaragoza, a seguir con el oficio y también con la actividad sindical.

Zaragoza era una capital, en la que existía una base social urbana e industrial y un potente movimiento obrero. Desde 1931 los dirigentes republicanos y socialistas ostentaban el poder municipal y los sindicatos no dudaban en paralizar la producción y ocupar las calles hasta conseguir sus reivindicaciones. En 1936, la candidatura del Frente Popular volvió a ganar las elecciones por medio de las urnas y la élite conservadora y más reaccionaria de la Capital maña intentaron buscar una solución rápida, costase lo que costase, para recuperar de nuevo los sistemas de control tradicionales. Para el fascismo mirar a Zaragoza era mirar al diablo.

Antes de la sublevación fascista del 17 de julio en Marruecos, en Zaragoza ya se conocían rumores por toda la ciudad que se estaba gestando una conspiración. Aquel mismo viernes del 17 de julio a la noche, las sospechas se convirtieron en amenaza real, y en los cuarteles dieron inicio movimientos de tropas. Las indecisiones del Gobernador Civil, Ángel Vera Coronel, y la traición del Capitán General de la V División, Miguel Cabanellas, posibilitaron el avance del Golpe Militar en Zaragoza.

En el momento que los militares golpistas emprendieron movimientos alrededor de la Gobernación Civil, se fueron agolpando cientos de trabajadores y militantes antifascistas para esperar que se les repartiesen armas. Una representación de los trabajadores se entrevistó con el Gobernador Civil, Ángel Vera, exigiendo pistolas y armas, y el Gobernador tomo la decisión de esperar órdenes superiores de Madrid. Este precioso tiempo dio pie al Capitán General Miguel Cabanellas, de pasado republicano y masón, a tomar los alrededores de la Gobernación Civil y declarar el Estado de Guerra. Para la noche del 18 de julio Zaragoza era una ciudad tomada por el ejército golpista y todas las fuerzas armadas acuarteladas, desde el 7º Tercio de la Guardia Civil, al mando del Teniente Coronel Julián Lasierra, hasta las fuerzas de asalto.

A partir de este momento y hasta 1947, en Zaragoza provincia serán fusilados 2472 personas y en Zaragoza capital, 664, haciendo un total de 3136 personas asesinadas contabilizadas. Una de las personas que dio testimonio de la represión, torturas, fusilamientos y desapariciones en las cárceles de Zaragoza, especialmente la de Torrero, fue el religioso navarro, Gumersindo de Estella.

Gumersindo de Estella es el nombre religioso de este monje franciscano-capuchino, de nombre civil Martin Zubeldia Inda, nacido en Estella en 1880, su padre de Iraizoz (Valle de la Ultzama) y su madre de Pamplona. Sus abuelos paternos de Lizarza (Guipúzcoa) e Iraizoz, y los maternos de Larrasoaña y Pamplona. Su padre llego a ser Secretario del Ayuntamiento de Salinas de Oro y tuvo varios hermanos y hermanas. Una de las hermanas, Emiliana casará en Tudela, pero antes del matrimonio que más tarde fracasaría, hizo Estudios de música en Pamplona y París, concertista de piano por Europa y en México fundo, en la Universidad de Sonora, la Academia de la Música.

La figura de Gumersindo de Estella, nos daría para escribir tres cuentos más pero quiero resaltar que fue la última persona que acompaño de forma espiritual, a quien lo quiso, y dio calor humano, a los cientos de fusilados, torturados y represaliados de la cárcel de Zaragoza. No solamente eso, sino que recogió las últimas voluntades de muchos de ellos y fue quien contacto con muchas familias para entregarles las últimas cartas de los que allí iban siendo asesinados. Fue castigado a ir a la cárcel de Torrero en 1936, porque en 1933, se fraguo en el Colegio de Lecároz el propósito de la fundación de una Provincia Capuchina Vasconavarra. Los padres encargados de ir a comunicar estas pretensiones al Ministro Provincial de la Orden Capuchina fueron, Dámaso de Inza y Gumersindo de Estella. Al llegar el golpe militar de 1936, Gumersindo fue condenado por la Orden a asistir a los presos republicanos, de izquierdas, anarquistas que acabarían fusilados, a Zaragoza, y de él se obtuvieron importantes documentos escritos de los prisioneros y sus últimos pensamientos.

Pascasio Ullate había sido detenido en agosto de 1936 en una de las noches, en que muchos sindicalistas fueron detenidos, junto con destacados y no destacados dirigentes políticos republicanos y/o de izquierdas. Estaría en la prisión de Torrero hasta el 20 de julio de 1937. Aquella noche fueron sacados 22 presos de Torrero y llevados en un convoy militar. Entre los que viajaban en aquel convoy, destacaban tres presos, uno, el exgobernador civil Ángel Vera, dos, Francisco Aranda, un importante Catedrático de la Universidad y tres, Joaquín Uriarte, concejal socialista del Ayuntamiento de Zaragoza. En principio el destino era la Penitenciaria de Tarazona, pero al llegar a las afueras de Pedrola, a mitad entre Tudela y Zaragoza, se les obligó a bajar de los vehículos, y según la versión oficial, a los 22 presos se les aplicó la Ley de Fugas. Todos fueron fusilados y enterrados en una fosa común en un descampado.

La familia en Murchante jamás supo dónde estaba Pascasio, algunas veces incluso les decían que lo habían visto por Barcelona, otra vez llego una carta con membrete de Paris, sin nada dentro, alguna vez también que creían haberlo visto pidiendo limosna por Bilbao. No hubo ninguna noticia de él, hasta 1983. Aquella mañana llamaron del Ayuntamiento de Murchante a su hermana, y le dijeron que habían llamado del Ayuntamiento de Pedrola y que por la descripción y los datos que tenían era Pascasio Ullate de Murchante. Era octubre de 1983, habían pasado 46 años, Pascasio fue fusilado con 31 años. Les hicieron un pequeño homenaje y se les coloco una lápida en el cementerio, que a día de hoy todavía permanece. A la hermana de Pascasio, le acompañaron a ver los restos de su hermano y al homenaje, su hijo y la esposa de esté. La hermana de Pascasio era mi abuela Vitoria, su hijo era mi padre, y la esposa, que le acompañaba, era mi madre. A tu memoria Pascasio, Salud, Tierra y Libertad.

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