Guerra, erotismo y juego en la corte de un tudelano

Cuadragésimo tercer cuento del confinamiento

De Sancho VII El Fuerte, nacido en el Castillo de Tudela, junto a la aljama judía, se conocen algunos retazos históricos de su vida y otros han sido de una forma u otra escondiéndose o borrándose de su biografía. “El Fuerte” fue un Rey que murió sin descendencia, pero se le reconocen hijos bastardos. También es conocido su divorcio de su única esposa oficial, Constanza de Tolosa, hija del Conde Raimundo VI de Tolosa, en el año 1200, con quien había contraído nupcias en el año 1195.

Todo empezó el año 1194, el todavía Príncipe Sancho se encuentra ayudando a su cuñado Ricardo Corazón de León, Rey de Inglaterra, contra los franceses, cuándo llegará la noticia de la muerte de su padre, Sancho VI El Sabio y volverá a Pamplona a ser coronado con las ceremonias del Fuero.

No había hecho los honores todavía a la nueva Reina de Navarra, Constanza, cuando Sancho VII tuvo que ir en auxilio, a la llamada de Alfonso VIII de Castilla, porque los almohades venían con un ejército de cien mil caballos y trescientos mil infantes, bajo el mando de Abu Yaqub (Yusuh II), a entrar en territorio castellano. El Rey Castellano sin esperar a sus aliados fue a buscar al enemigo y fue derrotado cerca de Alarcos, entre los pies del Guadiana y de Ciudad Real, quedando el Reino de Toledo en manos de los almohades.

Sancho VII ante la noticia de la derrota y cuando volvía desde Guadalajara recordó todos los agravios recibidos de Castilla y en afán de venganza, con saña y alevosía, se dirigió a las comarcas de Almazán y Soria y arraso con su ejército en talas, robos y pillaje.

Entre febrero y marzo del año 1196, Sancho VII, Alfonso VIII de Castilla y Alfonso II de Aragón en un término situado entre Agreda y Tarazona, desde entonces llamado la “Mesa o Mojón de Los Tres Reyes”, se comprometen y conjuran a mantener la Paz entre los Reinos vecinos. Pero Aragoneses y Castellanos, se confabularan en Calatayud aprovechando el viaje de El Fuerte a tierras del Norte de África, Alfonso VIII, el castellano, invadirá Álava y Guipúzcoa, y casi hasta los confines de la Gascuña en el verano de 1199.

Sancho VII mientras tanto, está luchando a las órdenes del Emperador del Magreb, Boyac Miramamolin. Este viaje hacia el Norte de África, como mercenario de Boyac lo realiza para ayudar a consolidar a este como Emperador del Norte Africano, y conocerá a su hija, Djamila. Djamila se enamorará perdidamente de Sancho El Fuerte, y pédira a su padre casar con el navarro. Sancho estaba dispuesto a repudiar a Constanza y todo estaba preparado para que Djamila asumiera la religión cristiana, pero la repentina muerte del Emperador trastoco los planes de Sancho y la princesa, ya que el hermano de la princesa, pidió a cambio de ese matrimonio, un acuerdo de mutua fidelidad y alianza estrátegica entre el Reino de Navarra y los almohades del Magreb. Para tomar una decisión acertada Sancho El Fuerte, tiene que sopesar que mientras él recorre el Norte Africano, el Rey de Castilla está entrando en el Reino de Navarra anexionándose el Duranguesado y parte de Guipúzcoa.

La ruptura del compromiso volvió loca a Djamila y antes de que volviera a la Península, Sancho la visito en su Alcazaba en Fez. Cuando le anunciaron la llegada de El Fuerte, Djamila lo tuvo esperando en un salita contigua a su estancia privada. La princesa apareció rodeada de tres serpientes por su cuerpo y bailo para el navarro, los historiadores musulmanes nunca han reconocido esta noche para la historia, pero Eneco de Arbaiun, en su relato sobre la campaña en África, habla de “la última noche de nuestro señor en Fez”, donde parece ser los dos se dieron al amor y a los juegos eróticos, entrando en acción al unísono el servicio de esclavas de la Princesa.

El propio Eneco habla de que fue seducido por varias esclavas pertenecientes a una tribu africana, a través de un brebaje que le fue proporcionado mientras guardaba la alcoba de su Rey y que cuando llego el amanecer, el propio Sancho lo despertó y partieron para la Península.

En la Batalla de las Navas de Tolosa, en el año 1212, Sancho VII viaja siendo ya un hombre divorciado de Constanza y será el primer rey cristiano en entrar a la tienda de Muahmad An-Nasir. El almorávide había huido y dejo a todos sus esclavos y sequito personal en manos del navarro. Sancho revisará personalmente al harem de esclavas y una de ellas le llamará poderosamente la atención, Aisna, descendiente de una tribu de la zona de la actual Kenia.

Desde el sultanato de Zanzibar, se establecieron en el siglo IX, incursiones hacia Kenia y Uganda, y los esclavos serán llevados hasta Mozambique y al Norte hasta Sudan. De una de estas tribus de esclavos procedía Aisna. Sancho El Fuerte, aparte de traer Cadenas se trajo a Aisna a su Castillo en Tudela.

Aisna desde el primer día será su preferida, pero ella no acepto desde el principio ser una más de otro “harem”, esta vez cristiano, y peleo por ser la única y ganarse el respeto de Sancho VII. Para ello utilizara todas las artes que puede y alguna más. En las tribus africanas el arte del amor y la sensualidad estaban mucho más desarrollado que en el occidente europeo y Aisna embelesara a Sancho con jugos afrodisiacos para mantener su virilidad a extremos insospechados. El Jeque Nefzawi en su libro “El jardín perfumado” dejo testimonio de algunos de estos compuestos siendo uno de los más efectivos la mezcla de jugo de cebolla mezclado con miel y no tomarlo más de tres días seguidos, ya que podría suponer una erección permanente a quien abusará de esta fórmula.

Sancho VII acabo enganchado a los encantos de Aisna y a sus jugos afrodisiacos y cuando ella lo tuvo a su merced, cambiaron los roles de seducción. Una de las mañanas, que fue llamada a los aposentos reales del Castillo, Aisna le hizo levantar y al oído mientras le besaba le susurro, “hoy vais a ser mi esclavo mi señor”. En una de las columnas de piedra del dormitorio real, le extendió sus enormes brazos hacia atrás, uno a uno, y ato en sus muñecas una cinta de seda doble. Mientras lo tenía atado, coloco una tela negra sobre su rostro y le cubrió los ojos mientras ataba a su nuca, aquella improvisada capucha. Fue bajando por su cuerpo de dos metros y treinta centímetros y rasgando al tiempo sus telas, hasta que enarbolo con sus manos la espada de aquel gigante y succiono y lamio de ella, hasta probar el néctar real. Los espasmos de Sancho y un aullido de placer hicieron reaccionar al propio monarca, que en un arrebato, mezcla de placer y de pérdida del mando, ordeno a Aisna que lo dejara libre, y en aquel momento fue desatado y al oído volvió a susurrarle, “ojala todos los esclavos soportaran el placer que vos habéis sufrido, mi señor”.

Aisna morirá en Tudela, años después de la muerte de Sancho VII, se dice que fue la última persona que le vio con vida. Ella se convirtió en su persona de confianza y en su secretaria real, fue la única mujer que piso una de las Tafurerias, situadas en San Nicolás. Sancho VII compro en 1227 varias casas para hacer dos Tafurerias, una para cristianos y la otra, donde Aisna era la jugadora del Rey y su albacea, de moros y judíos.

Está documentado que en ninguna de las dos Tafurerias estaba permitido blasfemar y que las penas oscilaban entre 20 maravedís la primera vez, 40 la segunda y la tercera eran llevados ante el Rey. El juego era una fuente económica muy importante para Sancho VII. Aisna jugaba en nombre del Rey y la Tafureria, donde estaban árabes y judíos era donde mayores cantidades de dinero se manejaban.

Era agosto del año 1229, Sancho VII había fundado la Ciudad de Biana y para celebrarlo se celebraron grandes partidas en las dos Tafurerias, pero una vez más donde más dinero corría era donde estaba la Albacea real, Aisna, que siempre jugaba con la cara tapada. Aquella noche las partidas y el dinero en la Mesa pesaban más de lo normal, de repente hicieron presencia en la Tafureria varios moriscos no conocidos.

Las apuestas empezaron a subir y el juego fue cambiando a favor de los forasteros, cuando todo parecía que se llevarían, lo que allí se estaba jugando, Aisna empezó a recuperar terreno y por arte del azar, dejo a aquellos extranjeros sin florines, reales, ni maravedís, y fue cuando uno de ellos blasfemo en cristiano, se abalanzó sobre Aisna y la agredió, moros y judíos tudelanos defendieron a su Dama, Señora y Reina en la sombra y despojaron de sus ropas y reconocido al agresor como Señor de Calatayud y sus cuatro acompañantes como caballeros aragoneses.

Los Cinco de Calatayud, así se les llamaba, vivieron presos y encadenados, realizando trabajos en la muralla del Castillo, hasta que fueron liberados dos años más tarde, con la llegada de Jaime I El Conquistador a sellar el Pacto Navarro – Pirenaico donde Sancho VII dejaba su Reino al Rey Aragonés, por no querer como heredero a su sobrino francés Teobaldo de la Champaña.

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