Poseída por un espárrago

Trigésimo segundo cuento del confinamiento

Buenos días, Felisa. Buenos días Don Antonio. Dígame, qué es eso, tan urgente, que le pasa para tener que venir aquí, con la que está cayendo. Pues mire Don Antonio, ya sabe usted que vengo muy pocas veces al año. Ya sabe, cuando tengo mis subidas y mis bajadas, pero esto que me está pasando, no sé si es, por lo del confinamiento o que me pasa, pero esto no es normal y necesito hablarlo con alguien y con quien mejor, que con usted. Pero vamos a ver, cuénteme que síntomas tiene. Los psiquiatras no somos adivinos, que le ocurre, ansiedad, no duerme bien, no come, que le pasa, dígame.

Pues mire, la primera semana del confinamiento, empecé a notar como sudores muy fuertes, por fuera y por dentro del cuerpo, y dije, ya está. Como decían que había un montón de síntomas, pues lo de los sudores yo creía que podría ser uno y llame al Centro de Salud y vino la médico, la pobre, y me dijo que estaba como un roble, que no tenía nada y que los sudores podrían deberse a cualquier otra cosa, menos a los síntomas del virus, que si se repetían la llamara y que me harían alguna prueba, pero claro como esta todo ahora para lo que esta, para el virus, pues tampoco me aseguraba cuando. Bueno, pues ya me quedé tranquila, pero a la misma noche tuve el primer ataque.

¿Cómo que un ataque, qué le pasó? A eso de las dos de la mañana, empezaron los sudores de nuevo, y notaba como algo que llevaba dentro, en mi cuerpo, que quería salir y nada, de repente subía y bajaba lo que fuera por mi cuerpo y yo dando saltos en la cama. ¿Y su marido? Mi marido, el pobre, preocupado, intentando sujetarme, pero yo imposible de atar. Sabe usted la fuerza que tiene el bicho ese. ¿Cómo el bicho, pero es que lo ha visto? Que si lo he visto, ay Don Antonio, he bailado con él y todo. Pero que me dice, ¿Cómo que ha bailado?, y su marido que decía. Mire, mi marido lleva dos semanas internado. Internado, ¿Dónde? En donde cree usted. Si no me dio tiempo ni de avisarle a usted, en Pamplona, y no me diga cómo se llama el Centro, lo tienen en vigilancia, porque ayer pude hablar con el doctor que lo está tratando. Vamos a ver, vamos a ver Felisa, vamos por partes, vamos primero con lo suyo y luego seguimos con lo de su marido. Pero que va todo junto Don Antonio, ayayay que vergüenza, por Dios que vergüenza, Don Antonio.

Tranquila Felisa, tranquila, venga desahóguese si lo necesita. Mire después de esa noche que empecé a dar saltos en la cama, cuando me subía y me bajaba esa cosa, pues fue a más. La noche siguiente, me dio otro ataque y de repente como si fuera una luz, se pone delante mía un bicho con forma de espárrago, blanco, con cuerpo de hombre, y con todos los atributos al aire, pero no le veo la cara, me agarró la mano, puso música en el ordenador y ahí me tuvo bailando dos horas, Valls, regatón, rock, la jota Tudela, corrí la revoltosa dos veces. Y su marido, ¿Estaba en casa? Claro que estaba, se levantó y me pregunto que qué estaba haciendo. Como él no ve al espárrago. Pues yo le contaba, que me había levantado de la cama, que había puesto la música el otro, y que ahora estaba bailando con él. Ya se imagina usted la cara de mi marido, cuando le decía que estaba bailando con el espárrago, con él otro. Y entonces a la hora o así, llamaron los vecinos, justo cuando sonaba el resistiré. Mi marido que había cerrado la puerta la habitación, se levantó y me decía, pero es que no oyes que están llamando. Quitó la música, y el esparrago la puso otra vez. Y ahí fue cuando mi marido, ya se quedó mosca. Dos veces la quito y el espárrago le daba otra vez. Mientras tanto los vecinos sin parar de llamar a la puerta. Mi marido no sabía que decirles, como les iba a decir que su mujer estaba bailando con un espárrago, el caso que iban a llamar a los municipales. Y tanto que los llamaron, pero cuando los llamaron, ya se había ido el espárrago y yo estaba tumbada del palizón de bailar y nada, nos avisaron de que otra queja más, que nos multarían. Ya sabe. Fíjese que no hemos dado un problema en la vida, y ya ve, a estos años, de mambo por la noche.

Bueno y lo de bailar, ¿Ha vuelto a ocurrir más veces?. No mire, menos mal, porque para mi marido era un disgusto terrible, lo paso mal, sobre todo con los vecinos. Bueno una noche, creo que fue la tercera o la cuarta, la cuarta si, que con tantas cosas me falla la memoria, volvimos a bailar, pero esta vez fue música lenta y además había más gente. ¿Cómo que había que más gente?. Pues nada que esa noche, con el espárrago salió también una alcachofa, bueno una mujer verde muy verde y también con todos los atributos bien puestos, desnuda, y me sacaron a bailar. Y nada, después de bailar tres o cuatro piezas, me llevaron a la cama y montamos un trio. Y mi marido venga a darme golpes, y claro como el no ve nada, cuando mejor estaba yo, el dándome con la mano para que parara de gemir. Ya sabe, estaba teniendo un orgasmo y yo tan feliz. ¿Y su marido?. Nada, mi marido se fue al sofá, más anchos, ya ve.

Felisa, usted no necesita un psicólogo, que me está contando, usted como mínimo va a tener que llamar a Iker Jiménez. No me diga esas cosas Don Antonio, que no sabe cómo lo estoy pasando. Pero vamos a ver, usted todo esto se lo ha contado a su marido. Claro que sí, pero ha sido peor el remedio que la enfermedad, porque hasta que se lo llevaron a Pamplona, me decía que estaba loca, le dio por comer carne, no quería saber nada de verduras y además es que hemos tenido varios altercados con algún vecino y todo le ha afectado mucho. ¿Qué altercados Felisa?, cuénteme.

Bueno, pues aparte del día de la música, la segunda semana como todos los días, salimos juntos al balcón, para aplaudir a los sanitarios, que ya se lo merecen, y nada, de repente sudores y sudores, y en segundos me poseyó de tal manera, con lo tímida que soy yo, y da la casualidad que el bloque de enfrente hay un vecino cuando empiezan los aplausos, a las ocho de la tarde le da por gritar Viva España, y ya ve usted que yo de política no entiendo, pero creo que es un poco facha, y tiene la bandera España todo el año colgada en el balcón, yo respeto a todo el mundo eh Don Antonio, vive y deja vivir, bueno pues lo que decía, que empiezan los sudores, y va y el esparrago, que creo yo, que es algo rojo, porque de repente me posee y empiezo yo a gritar por el balcón como una posesa, Viva la Sanidad Pública, hipócrita, que si fuera por ti solo se salvarían los del Opus, que votas a los que nos han robado de lo público, todo lo que han podido, para dárselo a sus amigos, …bueno pues esto, lo más fino. Y claro mi marido metiéndome para adentro de casa, y el espárrago, vamos yo, aún gritaba más. Así que luego tuvimos tangana, que si me estas arruinando la vida, que a ver a donde voy yo ahora por la calle. Imagínese doctor que panorama.

Pues Felisa, mire usted, que la estoy atendiendo con todo el cariño del mundo, y con todo el respeto, pero todo esto es que me está contando es sorprendente, no solo ya en usted, que si lo es, sino para cualquier otra persona y ahora sino tiene inconveniente, y a su marido, ¿Porque se lo han llevado a Pamplona?. Pues mire, ya llevamos un mes y algo, pues sería a finales de la quincena o veinte días de confinamiento, y con todas las anteriores, y alguna noche más que me ha dado tralla el esparrago a mi sola, el hombre ya no sabía qué hacer, y como le decía, yo no podía salir de casa, por los follones con los vecinos y entonces salía él, con mascarilla, encapuchao, vamos para que no lo conociera nadie. Y él día que se lo llevaron, pues bajo a la frutería, que esta cien metros de casa y claro yo le encargue medio kilo de espárragos y una docena alcachofas, unas habicas y él pues a la carnicería, para coger carne para él, yo creo que empezó a darle vueltas toda la cabeza, y nada, estaba en la frutería, esperando y guardando la distancia de seguridad, y se conoce que se le cruzo todo al mismo tiempo, con tanta tensión, que se tiró contra la barquilla de los espárragos, empezó a morderlos y a escupir a los que estaban esperando, luego le dio por las alcachofas, se las comía y las pisoteaba, luego se puso a bailar encima de los espárragos y las alcachofas, que sabe usted la que preparo y nada, me dijo el guardia que vino a informarme, que no había forma de sujetarlo al probecico, y qué lo ataron, vino una ambulancia, le pusieron un calmante y se lo llevaron, y ahí está el hombre.

Bueno y estos días que estas sola Felisa, has vuelto a tener más noches moviditas o cómo va la cosa. Uf, Don Antonio, ahora es un sin vivir, noche si y otra también, la noche que no tengo trio con la alcachofa, tengo Kamasutra con el espárrago. Lo de la música ya lo controla el espárrago y bueno ahí andamos haciendo nuestros pinitos con la salsa cubana. Que quiere que le diga, lo del satisfayer, que cuentan por ahí, una tontería con lo que tengo yo en casa. Pero bueno Felisa, así no puede usted seguir, esto tiene que acabar, cuando su marido se reponga no puede volver y encontrársela a usted en esta situación, volverá a recaer, sino tenemos algún disgusto más. Pues mire usted, eso le quería decir, y por eso lo de la urgencia de venir a hablar con usted Don Antonio, yo la verdad que con el espárrago y la alcachofa ya he cogido confianza y estoy muy a gusto, mientras no le dé, por gritar facha al del tercero claro, que yo quiero seguir llevándome bien con los vecinos. Pero claro, si viene mi marido a casa vamos a tener otra vez problemas, porque yo creo que el esparrago también está contento conmigo, entonces, digo yo, sino sería posible todo lo que dure el confinamiento, habla usted con los de Pamplona, y que lo aguanten todo lo que puedan allí y que para cuando acabe, ya buscare la forma de decirle al esparrago y a la alcachofa que busquen otro cuerpo, a ver si los convenzo.

Pero Felisa, que me está usted diciendo, yo no puedo hacer eso, no puedo decirles a mis colegas que alarguen un tratamiento, eso no es serio Felisa…déjeme pensar. Mire Felisa, vamos hacer una cosa, si usted es capaz de convencer a la alcachofa de que cambie de cuerpo, me avisa y yo le busco una solución. Pero que solución tiene pensada usted, Don Antonio. Nada que le voy hacer un favor Felisa, que me cae usted bien, que se venga conmigo, Felisa, que se venga conmigo la alcachofa, la mejor solución, y así le quito a usted medio problema. Ya, pero y al otro, al esparrago, que le digo Don Antonio, es que les gusta andar juntos también, sabe. Al espárrago, me lo manda también, me lo manda Felisa, ya hablaré yo con mi mujer, que en estas cosas, somos muy liberales mi esposa y yo, y así andan ellos juntos también, le parece Felisa, le parece Bien. Pues no sé, Don Antonio, así de pronto no sé qué decirle, me lo voy a pensar unos días y le contesto. Venga ánimo Felisa, que ya falta menos. De esta salimos todos juntos.

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