El primer Supermercado del Barrio de Lourdes

Décimo noveno cuento del confinamiento

A partir del año 1911 en el Estado Español se pondrá en  marcha de cara a facilitar las llamadas viviendas sociales o protegidas la denominada Ley de Casas Baratas. Acabada la Guerra Civil y en plena postguerra se iniciaran de forma escalonada los denominados Planes Nacionales de Vivienda.

A Tudela no llegará hasta los inicios del año 1950 y supondrá un nuevo Barrio que dará en varias fases un total de 6.000 vecinos y vecinas cuyo origen en 1967 se data de 3.080 del Casco Viejo de Tudela, del resto de Navarra 934, 443 de La Rioja, 394 de Zaragoza y 388 de Soria. Tudela en el año 1970 alcanzará la cifra de 21.228 habitantes siendo este número de habitantes el exponente más importante de crecimiento demográfico más importante de la historia de la Ciudad. En el año 1897 tenía 8.748 habitantes, 10.362 en 1920 y 13.134 en 1940.

Pero existe un dato que siempre ha quedado olvidado en la historia  de nuestro querido Barrio de Lourdes, la llegada del primer supermercado. Justo en el año 1955, Paulino Zardoya, natural de Ablitas, y María Saldaña, natural de Tudela, recién casados de 30 y 25 años respectivamente,  comenzaran la construcción, de lo que se podría definir un supermercado de aquella época, algo más grande que una tienda de ultramarinos, y que se ubicará en uno de los bajos de la actualmente denominada Plaza Padre Lasa y en su día Plaza Pio XII.

Paulino Zardoya tenía alguna “perra” ahorrada y decidió junto a María Saldaña dar forma a su idea de negocio, compraron el local a la Asociación San Francisco Javier, entonces ya Promotora de Viviendas del Barrio, y empezaron los arreglos y el acondicionamiento del local.

Cuando ya creían que todo estaba preparado y antes de empezar la fase de hablar con los proveedores para la compra de género, una noche en la cama Paulino, le dijo a María: – María, mañana tenemos que ensayar, para saber cómo atendemos al público, hacemos un par de pruebas, tu entras como que vas a comprar y yo te voy atendiendo, y luego hacemos al revés. ¿Te parece?-, María, contesto: – Si vale, anda duerme, mañana ensayamos-.

Al día siguiente María y Paulino llegaron a la tienda, abrieron la puerta, encendieron las luces y Paulino se colocó en la barra de la tienda, junto a la caja registradora, para hacer de vendedor.

Paulino: – Venga María entra, como si fueras a comprar-.

María:- Buenos días.

Paulino: – Buenos días, quería usted comprar algo-.

María: -Vaya supermercado más bonito, que ha montado usted…

Paulino.- Si, ya ve, todo nuevo-.

María:-Vaya florescentes mas nuevos, y las paredes recién pintadas, ya era hora, ya era hora…-.

Paulino:- Mariaaaa, al grano-.

María:- Me puede usted dar, 400 kilos de patatas-.

Paulino:- A dónde vas, a donde vas, anda, anda, entra, entra de nuevo, y pide menos, mujer, pide menos..-.

María:- Buenos días, vaya súper…-.

Paulino: – Que sí, que ya era hora, que las paredes blancas, que los florescentes nuevos, venga, ¿qué quieres?..-.

María:-Me puede usted vender 250 kilos de patas-.

Paulino:- Que no, que noooo, que tienes que pedir menos, que pidas menos,…-.

Así estarían unas cuatro o cinco veces más, y en estas que de nuevo María entró por la puerta del supermercado.

María: Buenos días.

Paulino. – Buenos días, que sí que las paredes, los florescentes, que ya era hora un supermercado en el Barrio, pero,  ¿ Qué quiere usted?-.

María:- Me puede dar usted, dos kilos de patatas-.

Paulino: – Así siiiiiii, así siiiiiiii, y ahora te digo yo, ¿Has traído los cascos?

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