Grandola, Villa Morena

Cuadragésimo segundo cuento del confinamiento

Hoy hace 46 años de la “Revolución de los Claveles” en una de las naciones que ocupan el territorio peninsular ibérico, Portugal, la antigua Lusitania. El 25 de abril de 1974, Portugal despertó al ritmo de los tambores de una Revolución. El Pueblo Portugués, y la inmensa mayoría de su Ejército, en un ejemplo de dignidad democrática derrocaban al Estado Novo, al régimen dictatorial del General Antonio de Oliveira Salazar, que llevaba en el poder desde el año 1933.

Aquella mañana, por las calles de Lisboa, caminaba Celeste, una mujer lisboeta de 41 años, con varios ramos de claveles en sus brazos. Ella trabajaba en un restaurante que justo aquel día hacia un año que se habia inaugurado y los jefes del establecimiento le habían pedido que comprará flores para celebrar el evento. Cuando iba caminando para casa, uno de los tanques sublevados al régimen “salazarista”, que recorrían las calles se acercó hasta su altura y uno de los soldados que estaba encima montado, le pidió un cigarro. Ella miro y vio que no habia ninguna tienda abierta y le ofreció un clavel rojo.

Aquel soldado cogió el clavel y lo colocó en el cañón del fusil y muy poca gente sabe que aquel joven soldado se llamaba Manuel Jiménez Carbonell, nacido en Tudela. Al año siguiente el 20 de noviembre de 1975, moriría el Dictador Franco.

Franco intento acabar con una parte importante del Pueblo Gitano prohibiéndoles parte de sus “modus vivendis” y especialmente la venta ambulante. En muchos Pueblos y Villas se les prohibió la entrada y la represión se cebó con las mujeres gitanas y al igual que con las prisioneras republicanas, sufrieron prisión, rapados de cabeza, aceite ricino, escarnio público y demás lindezas y en muchos casos sin necesidad de que existiera denuncia, fueron detenidas, apaleadas y tratadas como delincuentes.

Una de las mujeres que sufrirá esta persecución policial será la madre de Manuel, Encarna, qué al tener un altercado con un destacado “requeté” tudelano, fue condenada a ocho años de prisión de los que solo cumplirá tres. En su ficha policial y militar aparecerá en su acusación “instinto criminal”. Al salir de prisión se ira a Portugal y Manuel ya no volverá a Tudela hasta el año 1980, en que tuve la oportunidad de conocerlo.

En el año 1980, años locos de divina juventud para algunos, andaba yo recogiendo fruta para la empresa familiar de Sinfo Galindo, con sus dos hijos Miguel y Esteban, con “Pinchete”, el señor Ángel, Julio Aguado, Pablo Díaz, Txutxin Tarranco, Barona y mi padre, entre otros y allí es donde conocí a Manuel en una de aquellas campañas de verano, recogiendo fruta.

Me acuerdo que los jóvenes teníamos miedo a una variedad de melocotón, que según qué años solía “venir” para Fiestas, para la última semana de julio. Hubo un año que Esteban y Miguel nos avisaron que estuviéramos atentos que estaba madurando bastante el melocotón y que igual nos tocaba venir un día en fiestas a recolectar los árboles que estuvieran a punto. Eso para que nos entendamos significaba desde las seis de la mañana hasta las doce del mediodía.

El día 26 de julio, día grande en Tudela, ya nos habían dejao recao que al día siguiente a las seis de la mañana en el almacén para ir a coger melocotones. Ahora se puede contar con frialdad y distancia, pero para aquellos chavales era un auténtico palo tener que trabajar en Fiestas, ya que lo de la fiestas era y es “sagrao”, ni tocar, pero bueno así venia el melocotón aquel año y no tocaba otra, que apechugar.

Pero no sé muy bien como ocurrió, que aquel 26 de julio se iba alargando y no habia hora para ir a casa a dormir, no solo no habia hora sino que primero me encontré con Julio Aguado, y ya se lio la cosa, a las dos horas aparecieron Txutxin “Tarranco” y Pablo Díaz, y allí risa va y risa viene nos dieron cerca de las cuatro de la mañana recorriendo Peñas, bares, tugurios, cuartos y chabisques.

Total que sobre las cinco y media de la madrugada emprendimos la subida hacia el almacén de la familia Galindo y en la calle Fuente Canónigos donde estaba situado, aparecimos los cuatro cogidos por los hombros, bien calientes y animaos, como si estuviéramos en la charanga, y cantando la de “Si te ha pillao la vaca, jodete, que ta pillao, que ta pillao, el carrico del helao…”.

Si veis la cara de mi padre, de los Galindos, del Pinchete y del Ángel cuando nos vieron, era para enmarcarla. Me acuerdo que Miguel dijo: -“Nada, hoy tenemos la mañana amenizada por la charanga de Marcilla. Coger melocotones no sé yo si cogeremos, pero ambiente, ambiente ya os digo que vamos a llevar todo el día”. Bueno la verdad es que nos portamos, como decía mi padre, si tienes para madrugar, hay que tener para trabajar y también decía: – “noches alegres, mañanas tristes”.

Aquella mañana no fue triste, se lo pasaron ellos mejor que nosotros viendo el cuerpo jotero que llevábamos y esperando a ver cuándo nos caíamos de algún árbol o de alguna escalera. No tuvimos accidente alguno, pero sí que hubo un momento en que estábamos perdidos y nunca mejor dicho. A la hora del almuerzo y por nuestra mala cabeza, nosotros sin almuerzo y allí los mayores cada uno con su bocata de tortilla francesa y pimientos del cristal, su casco de chorizo y queso, tomates y cebollas tajadas y buena bota vino, y nosotros a verlas venir y oliendo la garnacha como daba vueltas. No nos dijeron ni “quies un trago”, allí nos tuvieron castigaos. Así que los cuatro aprovechamos para echar una “cabezada” y tomar aire para las dos horas que nos quedaban, además el sol empezaba a “cascar” y eso era nuestra sentencia de muerte.

Acabaron de almorzar, aquel día se lo tomaron con tranquilidad, y nos dieron un ratico más, tuvieron compasión, y cuando nos pegaron el grito de “Ala chavales, a cascarle a melocotón” nos levantamos. Aquello de que, como si estuviéramos sincronizaos, nos fuimos los cuatro a mear a la pieza de al lado que era un campo de manzanos. Allí estábamos los cuatro meando uno por cada lado y mirando entre los manzanos a ver si veíamos melocotones. Hasta que nos avisaron de que el tajo estaba en el campo de al lado. En fin, cosas de jóvenes.

En este contexto de fruta y frescura fue, donde conocí a Manuel, y entre árbol y árbol de melocotones, peras y manzanas me enseño la canción de la Revolución de los Claveles, “Grandola, Villa Morena”, en recuerdo a aquel 25 de abril florido, su traducción:

Grandola Villa Morena
tierra de fraternidad,
El Pueblo es quien más ordena
dentro de ti, oh Ciudad
Dentro de ti, oh Ciudad
el Pueblo es quien más ordena,
Tierra de fraternidad,
Grandola, Villa Morena.
En cada esquina un amigo,
en cada rostro igualdad,
Grandola, Villa Morena
tierra de fraternidad.
Garndola, Villa Morena
en cada rostro igualdad,
El Pueblo es quien más ordena
dentro de ti, oh Ciudad.
A la sombra de una encina
de la que no sabía su edad,
jure tener por compañera
Grandola, tu voluntad.
Grandola, tu voluntad
jure tener por compañera,
A la sombra de una encina
de la que no sabía su edad.

El Pueblo, derrotando
a la Dictadura tomo el poder,
Y las armas, con la ayuda de los civiles,
Se convirtieron en claveles.
¡Color rojo en las calles
¡Olor a flores en las calles!
¡Victoria en los Pueblos
y en las caras de los chavales!

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