Perico Poker

Trigésimo séptimo cuento del confinamiento

 A mediados de los años cincuenta, cuando llegaron los norteamericanos a Marcilla City, en busca de petróleo, Tudela se convirtió en el lugar de encuentro para su ocio y sus noches y más concretamente el Hotel La Unión, “La Bolera”, que estaba al final de la Carretera Zaragoza, justo enfrente de la Carrera.En la Bolera, a última hora, siempre quedaba algún grupo de norteamericanos que cerraban la noche jugando al Poker Americano y de vez en cuando siempre se acercaban observadores tudelanos de la noche.

En la barra de la Bolera, el último camarero que siempre cerraba se llamaba Pedro Gonzalez “Perico”, de 34 años, casado con Teresa Revueltas de 32 años y con dos hijos, Pablo y Antonio,  de 12 y 6 de años de edad respectivamente cada uno .Cuando recogia todo, desde que empezaron a llegar los “petroleros”, se habia convertido en costumbre aguantar hasta que acabase la partida, el jefe Ricardo Armendariz así se lo había pedido.

Perico justo sabía leer y escribir, la guerra le pillo con 15 años, su padre por ser enlace sindical de la CNT en la Azucarera, fue llevado al Fuerte San Cristobal donde estaban hacinados 2.487 presos y en la Fuga del 22 de mayo de 1938, se evadieron 795 prisioneros, uno de ellos su padre, que fue abatido a balazos en un camino cuando se dirigía a Francia. Asi pues tuvo que trabajar desde muy joven y sabía lo que era dejarse la piel en el tajo, Ricardo Armendariz era amigo de la familia de su madre y por ello entró a trabajar y enseguida aprendió el oficio de camarero y todos los oficios que la noche enseña.

Perico no solía hablar mucho, pero cuando las soltaba, las decía gordas. Cuando empezó a salir de novio con Teresa, solían acabar antes de irse él a trabajar, dando la vuelta la “huevoduro”, primero la Carrera y luego el Muro, y al final terminaban en casa de los padres de Teresa, para que vieran que aquello iba en serio. Todas las noches, el padre de Teresa, Braulio Revueltas al ver que no decía nada Perico, que no hablaba mucho, siempre le decía: – Perico, di algo hombre, di algo -, y así muchas noches. Hasta que una vez llegaron antes de lo normal y se sentaron en la mesa del salón. Perico callao. Entró Braulio y enseguida soltó la frasecita: – Ala Perico di algo, hombre, di algo-. Y aquella vez Perico, contesto, – La Teresa está preñada-, y Braulio, respondió: “Calla, calla hablador”. En un mes para que no se notara el embarazo, se casarón y Braulio no volvió a decir la frasecita en la vida.

Así la vida continuaba para este matrimonio tudelano cuando llegaron los norteamericanos y esto cambiaria su vida. Perico se aficiono a quedarse observando como jugaban al Poker Americano aquellos extranjeros, mitad inglés, mitad español, cuando algún tudelano o forastero venía a jugar contra ellos. Las partidas empezaron a tomar fama por todo Navarra, Zaragoza e incluso desde Madrid y Barcelona venían jugadores a verse las caras con los Yankees y a ganar dinero si era posible. Allí estaba Perico para poner copas, botellas de coñac o lo que le pidieran, se bebían todo.

En una de las noches, uno de los norteamericanos más habituales a las timbas, Mike Einstein, le llamo a Perico. Con aquel “españolenglish” que tenía le dijo: – Oye Perico, no hablas mucho ok, pero observas todo, ya has aprendido jugar póker ok, de tantas partidas que tu ver-. Perico le respondió:- Si señor Mike, ya se jugar al Poker-. Mike rompió a reír, pero al ver que Perico lo miraba fijamente y no se inmutaba, paro la risa y entonces le dijo- Perico, cuando acabes esta noche, te dejo jugar una mano con mis cartas y lo que saques fifty fifty, ok?. Muy bien Señor Mike. Y please, no me llames Señor, llamame Mike, ok?. Ok, señor Mike, y el americano se reia.

Llego la hora de cerrar, los americanos estaban sentados, la puerta cerrada, llevaban varias manos jugadas y Perico se acercó una silla y se puso junto a Mike. Hola Perico. Les hablo algo en ingles al resto de jugadores, aquella noche estaban ellos solos, y alguno de ellos se empezó a reir, todo apuntaba a que Mike, les habia comunicado que jugaría en la siguiente mano con sus cartas, Perico.

Perico ocupó el sitio de Mike, nadie sabía que Perico llevaba soñando jugar una partida meses y meses. Era la tercera apuesta, los americanos intentaban hablar todo su español para que Perico les entendiera, pero Perico trabajaba dos viajes por delante de ellos, se quedó servido y acepto todos los envites, levanto las cartas y gano la mano con un póker de damas. Esto fue el inicio, siguió jugando toda la noche, los americanos no daban crédito y cada vez que tenía que subir la apuesta miraba a Mike para que le diera permiso, eso descolocaba todavía más a los yankees, estaban cebaos y picaos, fue desplumando a todos, uno a uno, aquella noche Perico se llevó a casa 25.000 pesetas de las de entonces.

A la tarde siguiente, Mike, llego antes de lo normal a la Bolera, llamó a Perico aparte y le dijo: Ayer nos diste a todos una lección, vamos hacer una cosa, mis compañeros quieren jugar contigo otra vez, creen que es fruto del principiante, y me han pedido que te diga que quieren jugar hoy de nuevo. Tú que dices. Perico, le dijo que él no podía jugar tanto dinero y que era imposible. Mike le contesto, vamos hacer una cosa, de ahora en adelante yo soy tu banca, ya no estaré detrás de ti, como ayer, yo te daré una cantidad y lo único que tienes que hacer es volver a ganar, seguiremos al 50 por ciento. Tienes un mes para hacerte con el suficiente dinero para poder perderlo y para poder ganar más. Dentro de un mes y según hayan ido las partidas, volvemos hablar, yo también quiero jugar contra ti. Pero te doy un mes de tiempo, ok. Ok señor Mike.

Aquella noche, se repitió la jugada, Perico gano a todos. Durante un mes la partida era a ver quién ganaba a Perico y nadie lo hizó. Perico gano miles de pesetas, más de lo que hubiera ganado trabajando cinco años seguidos en la Bolera. Todo llego a oídos de Ricardo Armendariz. La última noche que se cumplía el mes, entro el jefe, Perico hizo amago de levantarse y Ricardo le dijo, sigue ahí Perico. Una vez más Perico gano y los americanos salieron desplumaos. Perico era imbatibe, frio, calculador, no se inmutaba por nada, miraba a los ojos de los contrincantes y sabia cuando, como y cuanto apostar.

Mike le dijo al acabar la partida que mañana volveria para hablar con él. Ricardo Armendariz se sentó con él y le pregunto: ¿Vas a seguir jugando por las noches?. Perico le dijo que no lo sabía, si era un problema para el establecimiento lo dejaría y sino, que le gustaría seguir. Ricardo le dio 50.000 pesetas y le dijo, jugamos a medias, mañana te sentaras a jugar cuando empiece la partida, ya cerrará otro. La fama de Perico llegó a tal nivel que jugadores de Madrid y Barcelona venían a jugar contra él, en seis meses perdió dos partidas, una contra Mike y otra contra un jugador de Barcelona, pero no fueron cantidades importantes. Un día Mike lo llevo aparte y le dijo, porque no te dedicas a esto. Yo te puedo presentar en Barcelona unos amigos que conocen a otros empresarios de casinos de juego, y puedes empezar a trabajar con ellos.

Perico se fue para Barcelona, después de llevar ocho meses jugando al Poker, en el mundillo del juego le llamaban ya, Pericopoker, habia hecho el suficiente dinero como para trabajar por su cuenta. Y así lo hizo, monto un pequeño Casino, se llevo a Teresa a Barcelona y a sus dos hijos. El Casino estuvo muchos años en el Paralelo de Barcelona, en el número 36, y el nombre del Casino, en honor a su barrio tudelano, Canraso, le llamo “Casino Perro Pelao”.

Cuando el mayor de los hijos Pablo, acabo los estudios, lo puso a trabajar de croupier en el casino. Una tarde, Pablo se notó molestias en la espalda y Perico, llamó a un médico amigo suyo que solía acudir por el Casino. Fueron a la consulta a su Clinica particular a la mañana siguiente y cuando estaba oscultandolo le dijo: – Tiene una especie de quiste, que tengo que abrir y para dentro de dos días estará nuevo, eso si ahora tengo que cortar y sacar lo malo que tiene dentro-. Pablo se tumbó con la espalda hacia arriba y entraron el médico y la enfermera para organizar todo el instrumental. Perico estaba en la sala con su hijo, a su lado, en la cabecera, la intervencíon era muy sencilla, pero Pablo se empezó a impacientar y al estilo de su padre, solto una : “Pero cortan o no cortan “ y Perico respondió: ”Espera que están barajando”.

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