Año 1966, el año en que los toros se encalaban

Segundo Cuento del Confinamiento

Tenía yo por entonces tres años recién cumplidos y a día de hoy todavía me acuerdo de los acontecimientos, efemérides, hechos y relatos que en aquel año de 1966  sucedieron en nuestra Ciudad y perdonen ustedes si olvido alguno o se me entremezclan nombres o fechas. Entre que la memoria falla y que el vecino de arriba ha comenzado las sesiones de Gimnasia, que me parece muy bien, me tiembla el piso y la cabeza, cosas del “chapeo”.

El año 1966 fue muy especial en nuestra Ciudad y se iniciaron cosas que a día de hoy siguen estando entre nosotros y que bien merecen un recuerdo. En el año de marras se editó en Méjico un comic que llevaba por título “Benjamín de Tudela, llega a China”, donde se contaban las aventuras y desventuras de nuestro conciudadano más viajero, a pesar de que en su Libro de Viajes, su relato de China fue escrito de oídas, ya que todo apunta a que nunca llegó a ver la Gran Muralla.

Así mismo,  en aquel año, se inauguró el primer curso del Instituto, del precisamente antes citado, “Benjamín de Tudela”, concretamente el 28 de octubre.

El 6 de julio de 1966 abrió sus puertas por primera vez el Hotel Santamaría  y allí nacieron los actuales regentes del emblemático y acogedor hotel tudelano. También el mismo año, Merche Marín Royo se federo por primera vez como piragüista y en el propio 1966 gano el descenso del Rio Ebro, desde Castejón a Tudela y además en el Campeonato de España celebrado en el Lago de Bañolas en la modalidad de K2 quedo subcampeona y en esa misma temporada del 66 acabaría ganando el campeonato navarro de piragüismo.

Gonzalo Forcada público también una obra interesantísima en aquel año, en la Revista Príncipe de Viana, titulada “Ingleses, españoles y franceses en los prolegómenos de la Batalla de Tudela”. También en el citado 1966 se inició la construcción del actual centro educativo “Elvira España”, que en su inicio se llamó Proyecto Escuela de Tudela y duro cinco años más su ejecución.

También en el 1966 se fueron incorporando en la Plaza de Los Fueros la mayoría de escudos heráldicos que ahora vemos todos los días en nuestra antigua Plaza de Toros por antonomasia, ya que alguna más tuvimos antes y después de esta.

Y la última precisamente fue la Chata de Griseras y fue en  aquel año de 1966 cuando ocurrió uno de esos momenticos de la historia tudelana que pasaran a la memoria de todos. En aquel año el botillero, padre y alma del C.D Tudelano, como muchos de vosotros sabéis era el tudelanisimo Señor Pólvora. Allí estaba teniendo todo preparado para que a los jugadores no les faltase de nada y en aquel año, cuando todavía el CD Tudelano jugaba en el Campo de Futbol de Griseras, cuando en la temporada de 1966 los resultados acompañaban y había posibilidades de realizar una gran labor e incluso de soñar, na vez más. Aquella segunda semana de mayo de 1966, todo el mundo andaba muy nervioso y el Oberena de Pamplona venia el domingo a la tarde a jugar a Tudela. Los jugadores estaban que lo daban todo. Pólvora andaba loco detrás de los balones.

El miércoles los balones salían volando hacia la Plaza de Toros, a la Chata de Griseras. El Señor Berrueta, era el conserje y encargado municipal  de la Chata de Griseras, se conocía los recovecos de la Plaza de Toros como nadie. Aquel día, Pólvora se asomó por la tapia de Toriles, y grito a Berrueta, “Berruetaaaaaaa, Berruetaaaaaa, échame los balones anda, que hoy están que lo tiran todo”. Berrueta que andaba por el Patio de Caballos le contesto, “No grites, que estoy aquí, que te van a oír los de la azucarera, ya voy, ahora te los hecho”. Berrueta le tiro cuatro balones por la tapia del Patio de Caballos.

A la media hora, Pólvora volvió a subirse a la escalera y asomo por la tapia, esta vez del Patio de caballos, con voz más tenue, “Berrueta, anda ya siento molestarte, échame los balones otra vez”. Berrueta no aparecía, un minuto, dos minutos, al mismo tiempo que Pólvora estaba subido en la escalera veía como tres balones más pasaban al coso taurino. Aguanto tres minutos y de nuevo “Berruetaaaaaaaa, Berruetaaaaaa, donde estaaaaaaaas, échame los baloneeeeeees”, los jugadores parados. Ya no quedaban balones. Berrueta se había ido hasta la zona del “ambigú”, justo al otro lado de la Plaza de Toros. Pólvora estaba que ya no cabía en sí, tres veces había gritado y Berrueta no daba señales. Harto de estar gritando y dejarse la garganta, lanzo una última diatriba a Berrueta. “Berruetaaaaaaaa, más vale que no se te encalen los toros en fiestas, porque no te voy a echar ninguno”.

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