El Santo Grial y la Iglesia de la Magdalena de Tudela

Décimo cuarto cuento del confinamiento

Es muy posible que ningún tudelano a día de hoy se pudiera imaginar el acontecimiento que aquí les voy a relatar, y es,  ni más ni menos, que la fundada posibilidad de que el Santo Grial se encuentre en nuestra Ciudad. Muchos suelos quedan por levantarse en la antigua Tutela, una necrópolis islámica por desenterrar, un Castillo, sus murallas y su gran barrio judío por redescubrir, y ojalá sirvan estos y otros cuentos para que podamos verlo y palparlo, porque es nuestra historia y nos pertenece.

Los Apóstoles cuando dieron comienzo las persecuciones en Jerusalén y toda la Palestina e Israel hacia las comunidades de primeros cristianos, decidieron llevar el Cáliz de la Ultima Cena a Roma, allí estuvo hasta el Siglo III cuando San Lorenzo, durante el Pontificado de Sixto II, y debido a su persecución lo envió a un primer Monasterio en la falda del pirineo oscense y que mas tarde acabará en el Monasterio de San Juan de la Peña.

Esta es hasta aquí, la historia oficial y la que a continuación les voy a contar es la que se cuenta como oficial. Pues bien, Martin “El Humano” en 1399 incorpora el Santo Grial al relicario de los Reyes de Aragón y este trasladará el “supuesto” Grial a la Aljaferia de Zaragoza hasta que llega a la Capilla Real de Barcelona donde el Rey intentaba reproducir la Sainte Chápele de Paris.

Su sucesor Alfonso V, de la dinastía Trastamara, un tanto ajeno a estas preocupaciones lo trasladara al Palacio Real de Valencia y desde entonces allí en Valencia quedo el Cáliz de la última cena.

Pero existe un episodio, que ha sido pasado por alto y que demuestra que el santo Grial sufrió un cambiazo en el Reinado de Alfonso El Batallador. Los Canónigos del Santo Sepulcro habían llegado a al Reino de Pamplona y Aragón, precisamente en la época de El Batallador y con él mantendrán varias reuniones y en una de ellas hablarán de la importancia de salvaguardar de la rapiña de toda índole al Santo Grial. En el Reinado de Alfonso El Batallador las Órdenes del Temple y los Caballeros de Jerusalén serán la mano derecha del Rey.

En el año 1121 Alfonso El Batallador llegara a Tudela después de haber sido conquistada dos años antes por el general a su mando Conde Normando Rotrou de Perche. En Tudela se les otorgara a musulmanes y judíos diferentes Fueros para protegerlos y ordenar la vida de la Ciudad. En esa visita Alfonso El Batallador tiene otro objetivo, mantener a Rotrou de Perche como señor de Tudela y nombrar como Alcalde de la Ciudad de Tudela a Robert de Burdet, íntimo amigo de Rotrou y fiel vasallo de su Rey. Los normandos al igual que El Batallador eran y se consideraban cruzados.

En la Tudela con la llegada de la cristiandad se ha comenzado a construir la Iglesia de la Magdalena donde la Orden de los Caballeros de Jerusalén están empeñados en acabar cuanto antes.

Alfonso se reúne con sus dos aliados normandos y el Rey de Pamplona y Aragón les encomienda una labor una acción militar y religiosa altamente secreta recogida en un “códice pinacotense”, en muy pocas ocasiones sacado a la luz de bibliotecas y en la historia del propio Monasterio de San Juan dela Peña.

El “Códice Supremus Sanctus” describe aquella reunión y el mandato del Rey cristiano: “Deberéis llevar hasta el Monasterio de San Juan de la Peña un Cáliz que contenga una copa superior de piedra de ágata cornalina, un pie añadido, naveta de época califal, dispuesta en forma invertida, ostentando una inscripción en caracteres cúficos alusivas a su procedencia, monturas de oro de bellísima orfebrería gótica cuajada de cabujones y perlas, uniendo ambas piezas. Cuando allí lleguéis, nadie os debe ver, y dejar este Cáliz y traeros el que allí está expuesto. Os encomiendo esta labor y la custodia del mismo hasta el día de vuestra muerte, y deberéis depositarlo en aquel lugar Santo que nadie pueda arrebatarlo…”

Rotrou de Perche y Robert de Burdet encargaron a unos joyeros judíos tudelanos la confección de dicho Cáliz sin mirar precio y solo pidieron que fuese fiel a las características allí recogidas. En el Libro de la Ciudad de Tudela se recoge escrito en el año 1225 la transacción comercial entre los judíos Jehuda Ibn Sompt e Ibrahim ha Levi y en la que sin decir precio de venta se apunta: “ per menesteres regium ad cuentam vitae”.

En el año 1225 Robert de Burdet y su señor y amigo Conde Rotrou de Perche, llegaron al Monasterio de San Juan de la Peña, con la argucia de hacerse pasar por “peregrinos”, en la misma noche dieron el cambiazo al Santo Grial y lo trajeron a Tudela.

El secreto de donde está en Tudela, hasta cuando leas estas líneas, jamás ha sido revelado, pero antes de ello, decir que Alfonso El Batallador no dejo sus Reinos, ni el de Pamplona ni el de Aragón a ningún heredero suyo, rompiendo toda la regla de sucesión de las dinastías cristianas. Por encima de sus intereses como hombre y como Rey, antepuso sus creencias cristianas y de cruzado y dejo sus Reinos a las Ordenes Templarías y Caballeros de Jerusalén.

Esta actitud nunca fue entendida por los nobles de Pamplona y Aragón, y cada cual nombró a sus Reyes por separado y partiendo el reino en dos partes, Pamplona y Aragón. Los nobles de Aragón nombraron  a Ramiro El Monje, hermano de Alfonso, y los nobles de Pamplona, a  García Ramírez de las dinastías de Pamplona de los Sanchos, hijo bastardo, y nieto del Cid, que residía en Nájera.

García Ramírez casará años después con la sobrina de Rotrou de Perche, Margarita Lágile, Señora de Tudela, y tras el casamiento, se restaurará el Reino de Pamplona, que no se llamara Reino de Navrra, hasta que el tudelano, Sancho El Sabio tomara el poder, hijo del matrimonio real y nacido en Tudela.

Con el Santo Grial en posesión de Routrou de Perche y Robert de Burdet, solo quedaba asegurar sus custodia, la Orden de los Caballeros de Jerusalen que están llevando las obras de la Magdalena, serán los encargados de custodiar el Grial, y para ello los dos sepulcros exteriores de la Magdalena, que en la actualidad dan a la calle Caldereros, serán el lugar elegido para su custodia.

La Orden de los Caballeros de Jerusalen, necesitaba un año mínimo para ejecutar la custodia, y por ello compraron los dos sepulcros y allí se meterá al final de su obra y allí  debería estar, las dos tumbas están a nombre de Rotrou de Perche y de Robert de Burdet, si alguien no lo tiene en su casa para decoración de interiores.

No sería la primera vez que en una casa de un tudelano existen tesoros y obras de arte que nunca han sido desveladas a nadie hasta que alguien por un casual lo observa lo ve y dice…pero si esto es si este es, …ya nos pasó con la estatua del Caballico de Santiago expuesta en Bodega de un Bar por algunos años y ha resultado ser ni más ni menos que el Conde Rotrou de Perche.

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