El magnicidio del Molino Lazbay en el Puente Mayor de Tudela

Tercer Cuento de Confinamiento

Desde la época islámica ya existían las aceñas en el Puente de Tudela. es decir molinos harineros, cuando el Conde Routron du Perche conquista Tudela. en el año 1119. para Alfonso El Batallador y empieza la era cristiana en la ciudad, su sobrina Margarita Lágile. normanda como el tío. casara con García Ramírez “El Restaurador” y es en eso momento cuando Tudela entrará a formar parte del Reino de Pamplona. pero el hijo de estos. un tudelano. Sancho VI.será llamado Rey de Navarra y el Papado así lo reconocerá.

A partir del Reinado de Sancho VI y Sancho VII el puente se transforma definitivamente y  la parte de madera superior de época islámica desaparecerá, y estos reyes padre e hijo, muy tudelanos ellos, montaran la estructura que dará lugar a una nueva remodelación de molinos harineros, este hallazgo histórico se lo debemos al historiador tudelano, Luis María Marín Royo por sus hallazgos de marcas de cantería tanto en el puente como en la Catedral pertenecientes a la misma época.

Los Torreones del Puente que forman parte del escudo de Tudela. también tienen que ver con estos molinos harineros. y seguramente alguno de los tres torreones medievales coincidió con la misma o parte de la estructura anexa de uno de los molinos harineros, concretamente el tercero el llamado de Lazbay podría tener esta circunstancia por los hechos que ahora relataré.

Con la llegada del Rey Carlos II el Puente Mayor de Tudela cobró una dimensión impresionante y fue una fuente de riqueza económica para la ciudad, harina, pesca y también textil convivían entre los usos y explotaciones que compartían molinos, puente y rio.

Conocemos los nombres de los molinos del Puente Mayor de Tudela: Caxar, Palluela, Lazbay, Avenchipiellos, Mediano, Albacin, Labence, Postremero y cada uno con historias muy interesantes.

Hoy me voy a parar en el molino Lazbay, único con nombre en euskera, lingua navarrorum como diría Sancho VI, de nuestro Puente, y su posición sería  la tercera, quedando esto constatado en los cuadernos del Baile tudelano del año 1343.

Corría el año 1356 y el Rey Carlos II estaba prisionero en el Louvre, y las Cortes Generales Navarras miraban más para Francia y la posibilidad de ocupar la corona francesa y navarra al mismo tiempo que a lo que ocurría en la Ciudad del Ebro.

En nuestra Ciudad, dos tudelanas llenas de hermosura y salero, trabajaban en el molino de Lazbay, ayudando en labores del cosido de sacos de lino para la harina, ellas eran, Sara de Azpilicueta y Dominica Mur, de 20 y 22 años respectivamente.

Siempre se las veía muy juntas, y corrían voces por la Parroquia de San Nicolás que algunas veces salían por las noches hasta el Torreón primero, y se bajaban al Molino de Lazbay y que en verano, se bañaban juntas y desnudas.

En la noche del 25 de agosto de 1356, tres emisarios del Rey entraban por el Puente Mayor procedentes de Pamplona con el fin de dar noticias al Justicia de Tudela y a los Regidores de la Ciudad de nuevas sobre el Rey Carlos en su prisión en Francia y al llegar a la altura del molino oyeron risas. Uno de los emisarios, el más grade y corpulento se bajó del caballo y asomo por el molino la cabeza, viendo a Sara y a Dominica desnudas y bañándose en el rio.

Aviso a sus dos correligionarios de lo que estaba sucediendo, ataron los caballos, y bajaron a la altura del molino donde veían y eran vistos, Sara y Dominica les hicieron señas para que bajaran al rio a bañarse y los tres emisarios reales, se quitaron calzas y ropajes, y se lanzaron al Ebro con las dos tudelanas, después de presentaciones y juegos varios, las tudelanas les invitaron a los brebajes que guardaban en el molino donde ellas trabajaban. Hogazas de pan y carne de cerdo, regadas con vino y de postre aguardiente de moras, los emisarios no quitaban atención a las muchachas y ellas reían, se abrazaban y besaban.

La noche de aquel 25 de agosto, la luna estaba llena, y Sara encendió un candil y echo unas hierbas secas que empezaron a dar un olor intenso en el cuarto de las cosedoras, Dominica aspiro el humo penetrante  y lo paso a la soldadesca. Ellos inhalaron también aquel aroma especial y Sara y Dominica comenzaron a pintarse la cara con ungüentos naturales, de colores rojos y verdes, y empezaron a bailar desnudas de cintura para arriba por detrás de los emisarios, y por delante, y dando vueltas sin parar, contorneando su cuerpo, los emisarios reales fueron perdiendo el conocimiento uno a uno y cayeron desvanecidos encima de los sacos de harina.

A la mañana siguiente, Ponce de Eslava, en aquellos años usufructuario real del molino Lazbay  llego con los braceros a empezar la jornada, y su sorpresa fue de tal calibre que no daban crédito a lo que estaban viendo.

Tres caballos degollados con las cabezas atadas a la argolla del molino, y tres cuerpos sin cabeza colgaban del Torreón hacia abajo y atados por las piernas. Cuando bajaron al molino entraron al cuarto de las cosederas. no encontraron nada en desorden. pero al bajar a las muelas del molino uno de los braceros dio la voz de alarma y vieron tres cabezas destrozadas medio hundidas en las muelas y con señales de sangre en sus frentes y sin cabelleras.

Se dio parte a las autoridades y se limpió todo el desaguisado, a eso de las diez de la mañana aparecieron las cosederas, entre ellas estaban Sara y Dominica, se las notaba con la cara hinchada, pero no perdían la sonrisa.

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