En Atenas llegó el amor

Trigésimo cuento del confinamiento

Firmada la Paz entre Navarra y Francia en el Tratado de Aviñón, en el año 1365, entre Carlos II de Navarra y Carlos V de Francia, vendría una inesperada contienda militar que nadie había previsto. El Infante Luis de Navarra, hermano del Rey Carlos II, era ya Conde de Beaumont –Le Roger, y tras el Tratado casaría con Giovanna de Sicilia, Duquesa del Durazzo, heredera del Reino y principado de Albania. Durazzo, capital de Albania en aquella época estaba tomada por Carlos Thopia, y el Infante Luis con el permiso y apoyo de Carlos II, Carlos V y el beneplácito del Papa Gregorio XI decide ir a reconquistar Albania y para ello solicita a su hermano Carlos II de Navarra ayuda económica, logística y militar. Carlos V de Francia apoyo la campaña con 50.000 florines. Por su parte el Rey de Navarra autoriza en 1376 que se organice la “Compañía Blanca” y se recluten mercenarios y voluntarios para ayudar a su hermano Luis de Navarra, ya Duque de Durazzo, para reconquistar Albania.

A esta aventura entre otros se sumaran, Pedro de Lasaga, Matriot de Coquerel, Juan de Urtubia y Guarro, Juan Ortiz de Mutricu, Jaime de Bariux, Aleaument de Toiz y el gascón Pierre de Saint-Exupery. El lugar elegido para agrupar todas las fuerzas de la expedición será Tudela. De Tudela partirán hacia Tortosa alrededor de 800 hombres por el Rio Ebro y en el embarcadero de Tudela montaran en bájeles y pontones con vituallas y armas.  Entre los muchos tudelanos que aquí se embarcan, tenemos a Pedro de Luxa (Pelot). Entre las notas del Anuario General Navarro, se da fe del encargo Real de Carlos II al notario del Reino Guillermo Plantarosa, fechado el 24 de Abril  de 1376, donde  se da orden de guardar todos sus bienes a buen recaudo hasta su vuelta de Albania. Otro documento notarial anterior de Guillermo Plantarosa da cuenta de otra orden Real, con fecha 27 de marzo del 1376, de una cantidad donada por Carlos II en favor de Aleaument de Toiz de 80 florines aragoneses para que prepare su viaje a Albania. Además de todo ello a uno de los capitanes más importantes de la Compañía Blanca, Juan de Urtubia se le da en usufructo, uno de los molinos reales del Puente Mayor de Tudela y así mismo se ordena pagar a Juan del Puente, la correspondiente cantidad por alquiler de pontones y bajeles desde Tudela a Tortosa.

De Tortosa a Sicilia, de Sicilia a Nápoles y de aquí a Durazzo y la “Compañía Blanca” en medio de su travesía conocerá la muerte repentina de Luis de Navarra, Duque de Durazzo, la familia Medici había entrado en acción. Sin cabeza visible que mantenga la unidad y el mando, los capitanes se convertirán en jefes de la expedición y después de tomar Durazzo, Juan de Urtubia asumirá el mando, pero para entonces otros capitanes han decidido hacer la guerra por su cuenta. Juan de Urtubia se llevará con él, el mayor número de combatientes y entre ellos su fiel Pelot. De Albania a Grecia y allí entraran en Tebas, Corfú, Tesalia y el Castillo de Zojón, que luego pasará a llamarse “Castellum Navarrorum”, la Ciudad de Navarone, que pasará a la inmortalidad siglos posteriores, en el año 1827 por la Batalla de Navarone.

La Ciudad de Tebas es arrasada y el Rey de Aragón que mantiene un pacto con los catalanes para tener en su corona el Ducado de Atenas mandara una misiva al Maestre Heredia que se encuentra en Rodas para que ayude al Vizconde Rocabanti para expulsar a los navarros de las ciudades de Grecia.

Mientras todo esto está ocurriendo, Juan de Urtubia ordena a Pelot que se vaya a Atenas y se infiltre en la Ciudad como espía y tome nota de las defensas la Ciudad para preparar su asalto. Atenas estaba bien protegida, en la Ciudad convivían helenos, catalanes, bizantinos, musulmanes, judíos y otras tantas culturas…

“Pelot” llegara a Atenas y comenzara rápidamente a merodear por la Ciudad, en calidad de mercader aragonés y esperando la oportunidad de comprar sedas y telas para llevarlos a Aragón. El tudelano recorrerá los recintos defensivos e ira observando los puntos flacos para pasar la información a su capitán Urtubia. Todo funcionaba según lo previsto hasta que una mañana en el Mercado Viejo de Atenas tendrá un encuentro inesperado con una joven ateniense, llamada Kalika Panagulis, de familia de comerciantes.

El amor surgirá entre los dos jóvenes y Pelot, nuestro tudelano,  dedicará más tiempo a cultivar el amor que la Guerra. Juan de Urtubia lo llamará en varias ocasiones para entrevistarse con él y no acudirá a las citas. No siendo esto ya importante para Pelot, la familia de Kalika inicia averiguaciones sobre sus orígenes y al no recibir respuesta clara, intervendrá la Guardia Ateniense, será detenido y torturado, y condenado a muerte. Los ruegos de Kalika Panagulis a su padre pidiendo clemencia para su amado posibilitaran la conmutación de la condena a muerte por cadena perpetua. Será llevado a  la Isla griega de Kimolos y encerrado y aislado en una pequeña celda. Al año de estar encerrado le llegara una carta escueta de Kalika en la que le da esperanzas, ya que el Imperio de Bizancio puede atacar en cualquier momento Grecia y ello conllevaría la salida de los catalanes y Aragoneses y una nueva justicia podría liberarle del presidio. En la Biblioteca Nacional Griega se encuentra copia manuscrita de la Carta de Pelot de Tudela a su amada y dice así: “Amada Kalika, es ya un año sin verte, sin ver tus ojos, tu sonrisa, sin ver tu melena al aire, sin sentir tus manos junto a las mías y sin poder rodearte con mis brazos y tenerte junto a mí, apoyando mi mejilla junto a la tuya. No importa el tiempo y me da igual cuanto dure esto, solo con saber que tu existes y que sigo siendo en tu corazón y pensamiento aquel, a quien amas y deseas como compañero, cómplice, amante y amigo, es para mí justa recompensa,  para soñar en la libertad. Mi libertad y la tuya. Estoy ansioso porque tus deseos, que son los míos, se cumplan, y podamos juntos de nuevo encontrarnos y sentir en nuestros labios el bálsamo a nuestra separación, a este tiempo que nunca debimos conocer, pero que aquí ha llegado y ahora nos toca resistir. No dudes ni por un momento,  que aunque la distancia es física, estoy a tu lado, ya sea en noches de estrellas, en días de sol o en atardeceres con cálida  brisa marina, mi alma y mi pensamiento son siempre tuyos”. Pelot de Tudela, soldado de la Compañía Blanca  del Infante Luis  de Navarra y hermano del rey D. Carlos II de Navarra, mi señor.

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