La historia de Santa Ana o Hannah de Galilea

Décimo tercer cuento del confinamiento

Según los evangelios apócrifos, los no admitidos por la Iglesia Católica en sus libros canónicos, Hannah, natural de Belén, en la Galilea Israelita, sería la madre de María y la abuela de Jesús, el crucificado. Los padres de Hannah serian Matán y Emerencia, descendiente de David y de la casta sacerdotal de los Levi.

Matán, su padre, se casó en primeras nupcias con una mujer llamada Esthea, y tuvieron un hijo, llamado Santiago, que llego a ser el padre de José de Nazaret, es decir, el abuelo paterno de Jesucristo. Por todo ello, María y José de Nazaret, tuvieron al mismo bisabuelo materno, a Matán.

Joaquín y Hannah eran una pareja infértil, y según cuentan las escrituras, gracias a la intervención divina Hannah quedará embarazada y de este modo nacerá María, que también de pareja infértil con José de Nazaret, y también por intervención divina, dará a luz al llamado, en la creencia cristiana, hijo de Dios.

Hannah se quedará viuda de Joaquín y volverá a casarse en segundas y terceras nupcias con Cleofás, el hermano de José, marido de su hija María, y posteriormente con Salome.

El cuerpo de Hannah fue llevado a la Galia, al inicio de las persecuciones romanas contra los cristianos, en una barca, donde  viajara también Magdalena,  y según los seguidores del Santo Grial, el hijo de Jesús, Lázaro el resucitado  y sus hermanas. Llegaran a las costas de la Galia, actual Francia, a la región de Provenza, en aquel entonces a un pueblecito llamado Apta Julia y que a día de hoy se conoce como Apt.

En el Siglo IV d.c., se conocerá a través de la Iglesia de Oriente la devoción a Santa Ana, ya que el Emperador Justino I, mando construir una Iglesia dedicada a su nombre.

En la romana Iglesia de Santa María Antigua, aparece en el Siglo VII, una imagen de estilo bizantino, y su festividad bajo la influencia de la “leyenda dorada” aparece en el siglo XIII, el 26 de julio como día de fiesta de la Santa. Por otro lado, se cuenta que las reliquias de Hannah fueron llevadas de Tierra Santa a Constantinopla en el año 710 y que allí se encontraban en la Iglesia de Santa Sofía en el año 1332.

En el año 1382, el Papa Urbano VI público el Decreto Pontificio concediendo la festividad de Santa Ana a los obispos de Inglaterra exclusivamente, con el tiempo se extendería a toda la cristiandad.

Pero de todo lo contado anteriormente, el hecho que más sorprende y contradictorio en algunos aspectos con la Iglesia Cristiana, es sin lugar a dudas la llegada de Hannah a la Galia Romana, huyendo de las persecuciones romanas allá en Jerusalén y los sucesos que luego acontecieron en Apt, en la Provenza francesa. La leyenda decía  que San Auspicio fue el encargado de velar y esconder el cuerpo yaciente de Santa Ana, pero esto no será revelado, hasta la llegada de Carlomagno, en el año 792 a la ciudad de Apt.

Aquel día Carlomagno, El Emperador, llego con su Corte,  a la Iglesia de Santa María de Apt, y cuando la celebración de la homilía se estaba realizando, de repente un niño, Juan, hijo del Barón de Casanova, un infante sordo, ciego y mudo, se abrió paso con su bastón entre el sequito imperial y se fue directo al altar donde se celebraba el culto, y empezó a decir romped aquí.

Dicen que el propio Emperador, conociendo las limitaciones del infante, no daba crédito a lo que veía y oía, y que mando hacer caso a las indicaciones de Juan, empezaron a tirar parte del altar y el niño seguía dando órdenes, hasta que por fin una gran gruta, al estilo de las catacumbas de los primeros años de la era cristiana,  apareció ante los ojos de los asistentes, y allí estaba el cuerpo incorrupto de Hannah de Galilea, San Ana. Juan, el infante, recuperó todos sus sentidos.

En Tudela, Santa Ana fue declarada patrona en el año 1530, pero todo apunta que en el siglo XIII ya existía fe a la Santa. La tradición dice que Santa Ana ganó  muchos adeptos  en nuestra Ciudad debido a que la Santa, libró a Tudela de los efectos de la Peste. En Tudela, existían dos patronos más,  por aquella época, Santiago y  San Pedro, de agosto, o “ad vincula”.

También se conoce que en una de las grandes riadas que ha tenido que sufrir nuestra Ciudad, los feligreses sacaron a Santa Ana de la Catedral en andas, ya que la ciudad se ahogaba y todo su Casco Antiguo estaba abnegado. Dicen que llevaron a la santa hasta el mismísimo Puente Mayor de Tudela, antes las aguas del Ebro desbordadas  y que allí un tudelano, le grito: “Santanica, santanica, menguete, y sino capucete”. Esto es, o baja la riada, o te tiramos al rio. La Santa calmo las aguas y no tuvo que utilizar “trajebaño”.

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