Los helicópteros de París

Vigésimo primer cuento del confinamiento

En el año 2007 y organizado por la Empresa Viálogos, la extinta Caja de Ahorros de Navarra (CAN) obsequió a 155 personas, empresarios y directivos de la entidad, y a sus parejas, un viaje de lujo a París, que se inició el 18 de mayo.

Hubo más viajes de lujo organizados por la CAN, según aparece en el libro “El Banquete” como mínimo se organizaron tres viajes más a Londres y uno más a Berlín. Pero en ninguno de los viajes las casualidades tuvieron tanta importancia como en el de Paris, ya que una conversación quedo grabada en uno de los helicópteros, y está grabación  traería consecuencias,  ya que a partir de aquí,  se destaparían asuntos internos,  muy graves para el devenir de la propia CAN.

Las casualidades de la vida son indescriptibles y los renglones torcidos de los poderosos a veces,  encuentran la horma de su zapato,  en personas que no se venden al mejor postor o no comen del pesebre  del banquete.

El Viaje a Paris fue especial, sin lugar a dudas. Era un “finde” completo y el viernes por la mañana todos los invitados “vips” fueron llegando al aeropuerto de Noaín, para subirse en el vuelo “chárter” que les llevaría a las mismas calles de la Ciudad del Sena.

Según calificaron algunas de las personas que tuvieron la suerte de acudir y vivir aquel fin de semana en París, aquel evento gratuito y a todo trapo, “fue todo un lujo asiático”.

Nadie podía imaginar que despúes de aquel “finde” de escándalo en la capital francesa y con la Torre Eiffel de testigo, la Caja de Ahorros de Navarra, la CAN, donde tantos navarros y navarras depositaron su confianza, pasará a ser una entidad valorada en 1.300 millones de euros, aproximadamente,  a tan solo 200 millones.

La Caja hospedo a los clientes vips en hoteles parisinos de cinco estrellas, las comidas se sirvieron en los mejores restaurantes y las cenas fueron de etiqueta, smoking y sin reparar en gastos, como para una boda. Todo se pagó con dinero de los beneficiarios de la CAN y  de los intereses que salían de los préstamos que se otorgaban a todos los navarros,  que pasaban por ventanilla en cualquiera de sus sucursales y lo solicitaban.

En este viaje a Paris, la prensa se hizo eco del suceso, hubo un hecho insólito que lo diferenció de otros viajes. La CAN había preparado toda una agenda de eventos para disfrute de sus invitados vips. Una de estas actividades era visitar el Castillo de Fontainebleu, situado a 55 kilómetros dirección sur-sudeste de Paris.

Cuando todos los invitados habían llegado al punto de encuentro, después de haber sido recogidos por los diferentes hoteles donde estaban acomodados,  se pusieron en marcha y a los pocos minutos de iniciada la travesía, los autobuses,  al llegar cerca de un helipuerto pararon y se adentraron en su interior.

Los ejecutivos de la CAN, que realizaban labores de anfitriones, comunicaron en un principio que se trataba de una avería de uno de los autobuses, pero seguidamente desvelaron la sorpresa y la misma era que todos viajarían al Palacio,  en los veinte helicópteros que tenían a su disposición, la experiencia costo 30.000 euros.

Aquel viaje por los cielos de París podría haber quedado en el recuerdo de los vips y ejecutivos de la CAN únicamente, a no ser que uno de los pilotos no hubiera sido un agente de la inteligencia francesa y además nieto de una tudelana exiliada.

Michel Fablet Sagasti, Capitán del Ejercito de la Republica de 50 años, destinado en servicios de inteligencia y operaciones especiales, estaba pilotando uno de aquellos helicópteros. La inteligencia francesa quería saber quién estaba detrás de todo aquel montaje de lujo y fastuosidad.

Michel fue avisado por sus superiores una semana antes del fin de semana, para que recabase toda la información posible. Michel Fablet Sagasti era hijo de Lucia Sagasti, tudelana exiliada en Francia desde julio de 1936.  Michel todos los años, una o dos veces al años visitaba Tudela, hasta hace dos años que falleció en un accidente de moto, cerca de la Ciudad de Lemans, precisamente cuando volvía de visitar,  la efigie que la tudelana Reina de Inglaterra,  Berenguela,  tiene en la Abadía de la Pau. Tuve el placer de conocerle, cinco años antes de su muerte y su conversación era interminable, enamorado de Tudela.

Como decía, Michel pilotaba uno de aquellos aparatos y coordinaba todo el operativo de escuchas preparado para el efecto para grabar todas aquellas conversaciones “calientes “que se pudieran dar en el viaje.

Acabado el viaje y los servicios prestados por la empresa contratada, Michel Fablet Sagasti, llevo una conversación  al Centro de Operaciones donde estaba destinado y empezaron a analizar toda la información que allí aparecía. Las sorpresas fueron increíbles, ya que de aquella conversación el Estado Francés tuvo material suficiente y conocer asuntos delicados de orden interno español, el hilo conductor de la CAN era interminable.

De aquellas conversaciones salieron cosas como el origen de toda la trama de desmantelamiento basada en la fusión CAN-CAMP, su trasfondo político, la política de personal y los favores, los sueños de grandeza y despilfarro, la oficina de Washington, los regalos, la moral de algunos ejecutivos, CAIXABANK, y todo ello acabo en los juzgados, en el famoso CASO CAN.

De aquel viaje, hay un detalle curioso que ilustra el nivel cultural de los invitados vips de la CAN de la elite económica navarra de aquellos años, de las dos noches que estuvieron en Paris, una de ellas tenían pagada por la CAN dos actividades y tenían que elegir, una era vodevil parisino, y otra, visita privada al Museo Petit Palais, a ver cuadros solo fueron  tres de todos los invitados y con esto, no quiero decir que el vodevil no sea cultura también.

En los viajes anteriores a Paris, los clientes vips de la CAN, en Londres, concretamente,  pudieron realizar paseos en “lanchas fuera borda por el Támesis”, se les invito a un musical, se les pagaron las entradas para acudir al Museo de la Ciencia, al Acuario y a la famosa Noria del Milenio. En Berlín,  paso también más de lo mismo, pero a diferencia de París, en Londres y Berlín ningún espía con ascendente tudelano nos ha podido contar todavía lo que allí se coció.

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