700 riberos asesinados: los tres meses del terror

Navarra 1936 de la esperanza al terror

Yo descubrí siendo niño que Franco era un asesino. No hacía falta que los telediarios no contaran la verdad o que mintieran sobre lo que ocurría en las mazmorras franquistas, en mi familia, nido de buenas personas comunistas, socialistas, anarquistas y alguno de derechas, siempre se contó la otra verdad, la verdad de los vencidos. En las reuniones familiares, en la “paz” franquista,  siempre hubo espacio para la sobremesa y para el debate, y a pesar de ser personas con estudios básicos, tuve grandes maestros y maestras de las buenas ideas y de los ideales y también de sentimientos llenos de esperanza por la reconciliación democrática, basada en el reconocimiento a las personas asesinadas y a las familias riberas represaliadas.

La transición para mí, no tuvo mucho de modélica, al contrario,  fue un fiasco, donde se le pintó la cara a una dictadura por una dictablanda, con partidos políticos que con el tiempo han acabado perpetuándose, en algunos casos en “casta”, y otros en parte del sistema que perpetúa la deficitaria transición iniciada en 1975. No hubo ruptura democrática con el franquismo; algunos calificaron la transición como mal menor y yo la califico como mal mayor, y no hubo juicios a los criminales, genocidas y torturadores franquistas. Es más,  algunos ostentaron cargos de alta responsabilidad civil, política, militar y policial durante los años de la transición “democrática”. Para empezar, el máximo jefe del Estado que sustituyó a Franco, el Borbón Juan Carlos, a día de hoy emérito, tuvo la capacidad camaleónica de jurar las leyes Fundamentales Franquistas, la Constitución del 78 y montar un Autogolpe Militar en 1981, todo ello en menos de dos décadas.

Escribo esto, porque empiezo a preocuparme seriamente con el destape fascista al que estamos asistiendo. Hace dos años acudí a una Asamblea de vecinas y vecinos, convocada por el anterior equipo de gobierno municipal tudelano, para debatir el cambio de nombre de calles con simbología fascista, es decir nombres de tudelanos utilizados por el franquismo para perpetuarse simbólicamente, el nombre de esos tudelanos en general no dice que fueran malas personas, y en dicha Asamblea, ya pude ver en persona que la transición no solo había sido un fiasco, sino que el fascismo y las ideas franquistas afloraban de nuevo, esta vez vestidas de lagarterana.

Los días del confinamiento, la desescalada y lo que estoy viendo, oyendo y observando ante la pandemia mundial COVID19 no hacen sino ratificar que existe un sector importante de la sociedad, que utilizando víctimas, sean del orden y de la naturaleza que sea, apropiándose de la bandera constitucional española, y por encima del interés general y como siempre ha sido el fascismo, para beneficio de unas pocas élites, han salido a la calle y están dispuestos a todo. Como creo que la izquierda peca de buena, si no, no sería izquierda, y al fascismo sólo se le puede combatir con cultura, con ideas y con la enseñanza de la historia, para que siempre permanezca la memoria, la justicia, la verdad y para que la reconciliación sea democrática y no impuesta, he decidido aportar algunos retazos de nuestra historia ribera más reciente y a día de hoy todavía desconocida, porque estoy convencido que todavía hay alguna generación de riberos y riberas que no conocen su historia más cercana.

Hace 17 años, el Parlamento de Navarra, el 10 de marzo del año 2003, con 28 votos a favor de los Parlamentarios del PSOE, Euskal Herritarrok, EA-PNV, CDN, IU y Batzarre, y con 22 abstenciones de UPN, realizó una Resolución Parlamentaria, sobre el recuerdo, reconocimiento, reparación moral de las personas asesinadas y represaliadas durante el Golpe Militar Fascista de 1936 en Navarra, a propuesta de AFAN (Asociación de Familiares de Asesinados de Navarra).

En dicha Resolución Parlamentaria, se afirma que Navarra fue uno de los lugares donde se organizó y gestó el Golpe Militar contra la República democráticamente constituida y que aquí no hubo enfrentamiento bélico. A pesar de no existir frente de guerra en Navarra, TRES MIL personas fueron asesinadas por el mero hecho de ser considerados afines a la República. Los asesinatos fueron realizados de manera organizada por los sublevados, dirigidos por “Juntas de Guerra” y sin mediar juicio alguno. Todos los asesinatos contaron con el beneplácito de la jerarquía eclesiástica de la Iglesia Católica, la cual se manifestó públicamente a favor del “Alzamiento Militar”, y en algunos casos participó directamente en los asesinatos.

Las familias de los asesinados no solamente tuvieron que soportar el drama de la pérdida de sus seres queridos, sino toda la injusticia del triunfo de los fascistas y su dictadura impuesta. Durante muchos años, e incluso a día de hoy, hubo y hay personas desaparecidas, se partieron familias entre cárceles y destierros, las enfermedades psíquicas y la muerte aparecieron de forma prematura en muchas familias represaliadas, se expoliaron sus propiedades en sus propios pueblos por los vecinos vencedores, se les condenó a la humillación perpetua a base de cortes de pelo, paseos, aceite de ricino y el horror diario de las afrentas públicas, agravios, insultos desde toda la maquinaria propagandista franquista, pasando por sus fuerzas armadas golpistas, alcaldes y concejales puestos a dedo por los Gobernadores Militares y desde los mismísimos pulpitos de las Iglesias, imponiendo la “misa obligatoria” bajo pena de multa o cárcel.

Ninguna institución navarra implicada en el Golpe Militar o en la Dictadura reconoció sus gravísimos actos, ni pidieron perdón públicamente. Tras la muerte de Franco, los propios familiares y amigos de los asesinados desenterraron los cadáveres en cunetas, descampados y tapias y a día de hoy, lo siguen haciendo. La Iglesia Católica sigue sin reconocer sus gravísimos actos y no ha pedido perdón públicamente. En otros lugares del mundo acabadas las dictaduras, entre otras cosas se han creado las “comisiones de la verdad” y se han abierto espacios públicos desde las más altas instituciones para debatir, esclarecer y llegar al fondo de la catarsis que permita restablecer la verdad, la justicia, la memoria y las heridas del pasado, e incluso se ha prohibido la exhibición de simbología nazi o fascista por atentar contra la constitución de algunos países.

En Navarra un velo de silencio se mantiene sobre estos acontecimientos, en las escuelas se estudia la historia de otras naciones y estados, otras guerras y otros sucesos, y se niega la verdad a las nuevas generaciones. A pesar de haber afectado a miles y miles de ciudadanos y ciudadanas navarras y a las últimas generaciones, seguimos conociendo los hechos por lo que se cuenta en nuestras familias y por quienes se han interesado y trabajado por que se conozca la verdad. A día de hoy, se agacha la cabeza, se huye de la verdad, se mira para otro lado y se llena de vacío la historia, y la sociedad navarra sigue estando enferma, y la consigna no escrita significa no mirar de frente el espejo de nuestra historia más reciente.

La Resolución Parlamentaria de marzo de 2003 fue un acto institucional que pretendía decir no a los horrores vividos, nunca más y para nadie. La Merindad de la Ribera de Navarra, fue la comarca porcentualmente hablando y en números cuantitativos la más castigada, y más de 700 riberos fueron asesinados prácticamente Pueblo a Pueblo, en apenas tres meses.

En la sexta edición, corregida y aumentada del libro-documento, “Navarra, de la esperanza al terror, 1936”, editado por Altafailla y AFAN, en su prólogo, José María Esparza dice: ”el libro, el hijo y la flecha dejan de pertenecernos en el momento que lo soltamos al aire y a la vida”. Así pues, este increíble trabajo realizado por innumerables personas, entre ellos también el historiador tudelano, Emilio Majuelo Gil, se convierte y sigue siendo, a día de hoy, en la luz para seguir desvelando a las nuevas generaciones, lo que nadie cuenta, lo que sigue siendo tabú, de lo que no se puede hablar entre cuadrillas riberas, porque alguien siempre dice, dejar de hablar de política, y sólo se puede hablar de “futbol, toros y mujeres”, como en el franquismo. Estamos hablando de tres mil navarros asesinados, y de ellos 700 eran riberos.

En la Ribera se asesinaron a 9 personas en Ablitas, en Arguedas 30, en Buñuel 50, en Cabanillas 14, en Cadreita 27, en Carcastillo 8, en Cascante 20, en Castejón 25, en Cintruenigo 20, en Corella 87, en Cortes 38, en Fitero 49, en Fustiñana 12, en Milagro 78, en Monteagudo 19, en Murchante 8, en Ribaforada 40, en Tudela 65, en Valtierra 40 y en Villafranca 40. Además 12 riberos fueron asesinados en Aragón, domiciliados en Navarra, 19 riberos se refugiaron en Francia, 20 riberos murieron en el Ejército de Euzkadi como voluntarios y uno de Ribaforada murió en un campo de concentración nazi en Francia. Seguramente existen nuevos datos y es posible que me deje de cuantificar más muertes, así que podéis corregirme.

El Golpe Militar Fascista se preparó en Navarra mucho antes de julio de 1936. Entre 1932 y 1933 los Carlistas organizaron una estructura paramilitar de Boinas Rojas y Requetés, dirigidas en la sombra por el Conde Rodezno y posteriormente por Fal Conde. El carlismo tradicional católico navarro estuvo financiado por Mussolini con 1.500.000 pesetas, 20.000 fusiles, 20.000 granadas de mano, 200 ametralladoras y la palabra de que, cuando sucediera el Golpe Militar, se recibiría más ayuda, como así fue. A Italia se organizaron varias expediciones de grupos de jóvenes carlistas para instruirse en el manejo de las armas y en 1934 viajaron a Italia entre otros, Jaime Del Burgo, Pascasio Osácar, el párroco de Noain y Emiliano Larrea. Los requetés utilizaron las sierras de Urbasa, Andia y los montes de Ezcabarte para sus entrenamientos paramilitares. La Llegada del General Mola en marzo de 1936 a Navarra acelerará la conspiración militar.

Mientras, en la Ribera, al igual que en el resto de Navarra con el triunfo del Frente Popular, los partidos y sindicatos de izquierdas impulsaban sus reivindicaciones organizando importantes movilizaciones de masas. Las exigencias de los jornaleros riberos se centraban en la recuperación de las tierras comunales y corralizas que desde la desamortización habían caído en manos de unos pocos terratenientes y reivindicaban la aplicación de la Reforma Agraria, ocupando fincas y tierras.

El golpe militar llegó el 18 de julio y ese mismo día, dieron comienzo, Pueblo a Pueblo los asesinatos de más de 700 riberos, con esta primera parte inicio una serie de artículos en los que Pueblo a Pueblo relataré los hechos y acontecimientos sucedidos en nuestra Ribera, con los nombres de los asesinados y los nombres que se conocen a día de hoy de los asesinos.

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