Tudela

Los grandes propietarios de Tudela, Vicente Ochoa, Mariano Sainz, José Gaytan de Ayala, Felipe Moreno, Cándido Frauca, Julián Guallart, Eusebio Lirón de Robles, Eugenio Frauca, Miguel María Zozaya, Miguel Iribarren, El Marqués de San Adrián, Josefa Frauca y la Vda. de Carlos Costi poseían el 20,2% de la superficie catastrada del municipio y los jornaleros, con carencia de centros escolares, son el sector más importante en una Tudela que contaba con un 40,45% de analfabetismo.

En marzo de 1931, los carlistas se encuentran en fase de reorganización y se constituye la Junta de la “Comisión Jaimista de Tudela” presidida por Isidro Huarte. Los republicanos, a partir de 1930, se organizan para la creación de un nuevo partido, que finalmente quedará constituido el 5 de abril con el nombre de “Agrupación Republicana de Tudela”. Los socialistas tudelanos durante la Dictadura de Primo de Rivera en 1928 habían constituido la “Agrupación Socialista de Tudela”, presidida por Aquilino Ochoa, y la Unión General de Trabajadores había creado desde 1926, la Sociedad de Oficios Varios, la Sociedad Obrera del Gremio de la Construcción y también la Sociedad Obrera de Panaderos, Molineros y similares, y más adelante la Federación Local de Sociedades Obreras. También están organizados los comunistas y los anarquistas, Radio Comunista y la CNT, con especial fuerza en la Azucarera. El nacionalismo vasco con el PNV y ANV eran organizaciones políticas presentes en Tudela también, pero con escasa incidencia.

El 14 de abril de 1931 en Tudela fue una fiesta. A partir de las 18,30 horas de la tarde, Aquiles Cuadra de Miguel, líder destacado de la Agrupación Republicana local y reputado abogado, proclamaba el cambio de régimen desde el balcón de la Nueva Peña en la Plaza de Los Fueros. La República era una realidad. Una multitudinaria y pacífica manifestación acompañó al Comité Republicano Local y concejales electos, hasta el Ayuntamiento, para tomar posesión de sus cargos. La nueva corporación quedaba formada por seis concejales derechistas y doce republicano-socialistas.

No fueron unos resultados extraños para Tudela. La sociedad tudelana había ido forjando desde primeros de siglo una corriente socio-política democrática y liberal que le permitió presentarse en los años 30 con un programa de medidas y soluciones con las que afrontar los problemas de la época. El tiempo republicano estuvo lleno de actividad social y política, y se concretó en poner en marcha la Reforma Agraria, atender las necesidades de alfabetización e intentar parar el incesante proselitismo de la Iglesia contra la República.

La lucha política y social fue dura, y culminará con la represión física a los tudelanos de izquierdas, republicanos, socialistas, anarquistas y comunistas a partir de julio de 1936. La lucha por la tierra comunal, donde trece personas poseían 4172 robadas de tierra, al tiempo que había 1000 jornaleros con un sindicato muy activo, UGT, una importante presencia del anarco sindicalismo, CNT, y un minoritario Partido Comunista harán que se ganen todas las elecciones de los años 30. Tudela en febrero de 1936 fue la única ciudad de Navarra en la que triunfó la Candidatura del Frente Popular, y a partir de aquí se empezaron a poner en marcha planes de trabajo para acometer todas las reformas pendientes.

El día 18 de julio, los rumores empezaron a correr por la ciudad, y las Agrupaciones Republicanas y de izquierdas comenzaron a tener reuniones de urgencia, mientras la gente permanecía en la calle esperando acontecimientos. El Capitán de la Guardia Civil, Pelegrí, al enterarse del asesinato en Pamplona del Comandante Rodríguez Medel, fiel a la Republica, decidió ponerse al lado de los golpistas, declarando el Estado de Guerra, repartiendo armas a los afiliados de Falange Española en presencia del jefe local, Aniceto Ruiz Castillejos.

En la noche del mismo 18 de julio, 27 falangistas de Corella entraron por el Arco grande de la Plaza, echándoles el alto el sereno Felipe Escribano. Tres falangistas de Corella y un soldado de regulares, Luis Aguado Mateo, resultaron heridos en el tiroteo habido. La gente se refugiaba en las calles adyacentes a la Plaza, bares y Círculo Mercantil, cuando llegaron por el Muro y la Carrera, Guardias Civiles y falangistas tudelanos, atrapando entre dos fuegos a los defensores de la República.

Empezaron las primeras detenciones en la misma Plaza, y las primeras huidas de la Ciudad. El 19 de julio, la cárcel de Tudela fue llenándose de decenas de detenidos y algunos serán llevados posteriormente al Fuerte de San Cristóbal: Aquilino Ochoa, Luis Pérez y Manuel Espadas, que serán fusilados en noviembre, José Martínez, Jesús Grao, José Gómez, Teodoro Trifon y Ángel Serrano, entre otros.

A las cinco y media de la tarde del día 19, dos falangistas mataban junto al Casino a Saturnino Melero “Pinchimono”, de Izquierda Republicana, pintor y portero del Santo Hospital. A las 9 de la noche, el Comandante Militar de la Plaza, Fidel Prada, convocó Pleno del Ayuntamiento a donde acuden algunos concejales socialistas y republicanos, con increíble valor, y allí mismo se les comunica la suspensión en el cargo y el nuevo Ayuntamiento golpista queda constituido por el alcalde Santiago Marsellá, tres falangistas y doce carlistas.

El 20 de julio, Marcelino Baigorri es alcanzado por un disparo de la Guardia Civil a la altura del cuartel. La noche del 21 al 22 mataban a Polonio León Luis de 53 años en los Montes de Cierzo y a los hermanos Rogelio y Santiago Pérez Costardoy, oficial de correos y administrativo, en el Puente sobre el Barranco Las Limas. La junta militar de Guerra era quien planificaba la represión y dictaminaba las personas a fusilar, se reunían en la Calle Frauca, en una casa propiedad de Julián Guallart.

Dentro de los elementos destacados de la represión en Tudela resaltan los pertenecientes a la denominada Escuadra Negra, que no sólo actuaron en Tudela sino también en varios pueblos riberos, y entre ellos: Joaquín Corral, Luis Zubiria, Arturo Sanz “El Argentino”, Juan Antonio y Manuel Huguet de Resayre, Serafín Pérez Gil “EL Chilpi”y Eulogio Santos Alayeto “El Andarín”. El 27 de julio, enterraron el cadáver del anarquista Teodoro Goñi, aparecido en el rio Ebro, en el término de Buñuel; era vendedor de periódicos, tipógrafo y dejaba tres hijos de corta edad. “El Chilpi” y Sola “El Chato”, a las órdenes de Antonio Huguet de Resayre, acabaron con su vida debajo de la Peñica.

Al día siguiente asesinaban a ocho personas junto al puente de Castejón: Maro Castilla, de IR, impresor y director desde 1930 del bisemanario republicano “El Eco del Distrito”, Antonio Sainz Alcaine, empleado del Ayuntamiento, el zapatero Rufino Buñuel “Quirico” del PCE, Victoriano Toquero “Quizabe”, socialista y camarero del Círculo Mercantil, Valentín Pérez Martínez, “Zapaterico”, concejal y miembro del Comité Local del PSOE, Domingo Burgaleta Pérez de Laborda, de IR, que fue alcalde de Tudela tres días anteriores al golpe militar, Antonio Castro “Tortilla” y Felipe Escribano “El puches”, alguaciles ambos que quisieron impedir la acción de los corellanos el 18 de julio.

Poco después, el nuevo alcalde golpista, Santiago Marsellá, inició la limpieza de los funcionarios del Ayuntamiento, a Bernardo Pérez, conserje del matadero y así hasta catorce empleados públicos e incluso se destituyó a quienes ya habían sido asesinados, como en el caso de Felipe Arceiz Mendi, albañil y antiguo Presidente de UGT, detenido en Ejea y asesinado en Biota el día 15 de agosto. El último día de julio de 1936, fueron asesinados en la gravera, junto al cruce de Ribaforada, el agricultor Félix Moneo y el industrial José María Cruchaga, hijo del concejal Epifanio Cruchaga, que pudo huir a Francia, después de estar dos años escondido en Tudela, y acabaría en Méjico exilado, donde moriría. A finales de septiembre, asesinaron a José María Martínez Mena.

La noche del 8 de noviembre, asesinaron a Francisco Jaraba, socialista y concejal del ayuntamiento. Entre el 11 y 12 de noviembre, asesinaron en el término Los Llanos de Fontellas a Luis Recasens y a Francisco Añino, cajero de la Azucarera, de 55 años, gallego de La Coruña y vecino de Tudela. La matanza continuó los días siguientes, con el saldo de treinta asesinatos más: Julio Bardavió, mecánico, Manuel Ucar, 60 años y padre de seis hijos, uno de ellos Francisco, concejal, será asesinado con él, Nicolás Jalle, comerciante, Francisco Jacoste, mosaista, José Huguet Imaz ”Murube”, del comité local del PSOE, Lucas Gallego, de Izquierda Republicana que con su hermano Domingo habían emprendido un ambicioso proyecto comercial, José Sesma, Rodrigo Sainz Lasheras, empleado municipal, Juan Navarro, albañil, socialista y concejal del Ayuntamiento, Pablo Bermejo Diez, jornalero.

Mientras estos eran asesinados en Fontellas, en Balsafoada asesinaban a Aquilino Ochoa, concejal y presidente del PSOE, el veterinario Luis Pérez, Manuel espadas, abogado socialista, Gregorio Albero, Francisco Amigot “Turutaca”, Leoncio Resines, del PCE, Joaquín Meler Mur, socialista, Teodoro Villanueva, albañil, Josefa Bueno “La Morota”, casada con Juan Fidao “Moroto”, también asesinado, Serafín Carrascón y su hijo Luis, de Izquierda Republicana y caleros de oficio, Leoncio Castillejo de la CNT, Juana Charela “La Calderera”, Julián Morales, Jesusa Olloqui “la Rocamora”, Felipa Ramírez, esposa de Manuel Sanz “El Pollo”, Eugenio Tutor, socialista, y concejal, y Manuel Castellano, socialista: El desaparecido Tomás Aranda Villanueva, albañil, fue asesinado por un Guardia, Zalduendo, meses después del 18 de julio y todavía no se ha encontrado su cuerpo.

Juanito Lasheras fue asesinado el 17 de noviembre, y Pascual Pérez el 6 de diciembre, y además se sigue sin saber dónde y cuándo fueron asesinados Aquilino Marín, alpargatero de la CNT-FAI, Ventura Arias, secretario de la CNT, José Castresana, del PSOE, José Gómez, del PCE, Antonio Jaraba, Julio Meler Mur, el coronel Crispulo Moracho, Mariano Ríos, José Salcedo “Cholo”, Enrique Sanz,…Se cortó el pelo a bastantes tudelanas y se les obligó a beber aceite de ricino. Otros muchos se vieron obligados a apuntarse al frente para salvar la vida. Otros fueron enviados al Fuerte San Cristóbal y otros desterrados a Tarazona como Carmelo Lafuente, Francisco Espadas, Pascual Lambea, Eugenio González, Javier Asían, Mariano Lacarra, Julián Jiménez, Joaquín Martínez “Carlín”,…

Los prisioneros que se quedaron en Tudela tuvieron que trabajar como esclavos en los Montes de Cierzo, Soto de los Tetones, Limpieza del Queiles, Aeródromo de Ablitas, vía del tren; existe documentación donde se dice que 68 personas custodiadas por la Guardia Civil en septiembre de 1936 realizaban trabajos en Montes de Cierzo.

El 19 de octubre de 1939, murió fusilado en la Vuelta del Castillo el único tudelano que fue “juzgado”, el Alcalde republicano y abogado, Aquiles Cuadra. Después de huir de Tudela, ayudado por varios compañeros, viajará hasta Sevilla, donde será reconocido por dos carlistas navarros que lo ven cuando estaba viendo un partido de pelota mano. Sus restos fueron trasladados al cementerio de Tudela el 17 de octubre de 1949, perteneció a Izquierda Republicana y estaba casado, contaba 42 años cuando fue asesinado. Con Aquiles Cuadra, el número de asesinados en Tudela llegó a la cifra de 65 vecinos de Tudela asesinados, la mayoría en los tres meses del terror.

Con la llegada de la Dictadura Franquista, Tudela entró en una época oscura, y como signo premonitorio de la época que se inauguraba, queda constancia de la moción aprobada en el Ayuntamiento golpista recién constituido a petición del concejal carlista, Sagaseta de Ilurdoz, donde se suprimen “las cuatro escuelas municipales, lo que supondrá una considerable economía para el municipio”.

Volvieron las buenas costumbres y la moral católica, y para ello las organizaciones femeninas católicas tudelanas se manifestaron contra las vestimentas con mucho escote, las faldas cortas, el sexo por placer y los besos sólo en casa,…sobraban la libertad y la cultura.

Con este capítulo de Tudela, acabo esta serie sobre los 700 riberos asesinados, y para acabar desde aquí un abrazo muy grande a todas aquellas familias riberas que sufrieron, que sufrimos, en su seno el zarpazo de la represión y el fascismo. No hubo bandos, no hubo frentes de guerra, asesinaron y mataron, torturaron, violaron, vejaron, robaron, saquearon, bajo la bendición de la jerarquía de la Iglesia Católica y acabaron con las ansias de Libertad, Trabajo, Tierra y Cultura de muchos riberos y riberas.

Los asesinados riberos murieron por tener ideales e ideas, los que les asesinaron eran mercenarios al servicio de los intereses de los poderosos, de los caciques. Hace muy poco leí una frase que decía, “Nunca habrá un borrador para corregir el pasado, pero siempre habrá un lápiz para escribir el futuro”. Armaros de lápices, llenar vuestras cartucheras de bolígrafos, llenad de dinamita vuestros ordenadores, y escribir, escribir, escribir, escribir de paz, justicia y libertad para el futuro, para que ninguna generación más, ni aquí ni allá, conozca, viva y sufra el terror y la violencia. Gloria y Honor a las víctimas riberas del fascismo, hasta siempre.

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