Hace ahora un año recogimos un extraordinario artículo publicado en la web Fine Dining Lovers. Una web dedicada, como es evidente por el nombre, al mundo de la gastronomía y que tiene una enorme proyección global, con un gran número de lectores en USA, Canadá e India. Era un artículo firmado por Kaja Sajovic, sobre la gastronomía vasca y sobre los  cocineros vascos que, decíamos, debería ser guardado como uno de los artículos donde mejor se explica lo qué hacen y por qué lo hacen. Su gastronomía, su cocina, la vasca, es la cocina de nuestra patria, es la que nace de nuestra tierra.

Esta semana la misma web ha publicado un artículo, esta vez firmado por el periodista Rafael Tonon, que tiene un lugar en la misma cima de la clasificación. Nos explica como se está planteando que la gastronomía vasca sea un elemento clave en la creación de imagen de nuestra nación.  Nos habla de cómo algunas personas e instituciones están intentando que nuestro país se convierta en «The Culinary Nation».

No hay que echar más que una somera mirada a los artículos que hemos ido recogiendo bajo la etiqueta «gastronomía vasca» para comprender que una de nuestras fortalezas internacionales como imagen de país es nuestra gastronomía.

Está claro que los vascos somos buenos en unas cuantas cosas, que van desde la  Máquina-Herramienta, hasta las tablas de Surf. Hemos sido buenos, incluso, en transformarnos y salir, renacidos, del pozo de una profunda crisis en la que muchos ya nos daban por «muertos». Nos memos reinventado, nos hemos reconstruido, y nos hemos situado en el grupo de las euro-regiones más avanzadas.

Pero como toda comunidad debemos elegir los elementos que nos identifican. Los elementos que nos hacen destacar y ser referentes.

Como recuerda el artículo, durante un tiempo hemos sido conocidos en el mundo por el terrorismo, la violencia y los coches-bomba. Una imagen que desde algunos centros de poder se ha alimentado con verdadero mimo e interés.

Algo cambió a partir de la segunda mitad de los años noventa del pasado siglo. La imagen que unos y otros habían dado a nuestro país, empezó a cambiar. Cuando ibas a explicar lo que era el País Vasco en cualquier lugar del mundo, ya no te encontrabas sólo con preguntas sobre el terrorismo. Las preguntas empezaron a transmitir el interés por el Guggenheim Bilbao, por la transformación urbana del Bilbao Metropolitano, por las bodegas de Rioja alavesa, por esa pequeña ciudad europea que rebosaba estrellas Michelin y que se llama San Sebastián… En definitiva el foco de interés había cambiado y era un logro en exclusiva de los propios vascos. Estábamos construyendo una «imagen de país» que ya hacía juego con la que tenia el País Vasco continental, o la Pamplona de Hemingway. Una imagen propia y positiva.

Pero, como cualquier comunidad, debemos buscar un elemento que nos haga resaltar, un elemento que tomemos como propio, como definidor de lo que somos y que al hablar de él, proyecte en todos nuestra imagen.  Tiene que ser una imagen potente, atractiva, y evocadora. Una imagen que transmita los valores más positivos posibles.

De esto habla este artículo que recogemos. Del esfuerzo de un grupo de visionarios por conseguir que la imagen de la mejor gastronomía, tanto popular como de «élite», se relacione con los vascos. Nos habla de los valientes que quieren que los vascos seamos los portadores de la marca «The Culinary Nation».

Desde hace años miles y miles de visitantes vienen a nuestro país con el objetivo principal de conocer nuestra gastronomía. Una «peregrinación»  cada vez mayor que sólo ha podido parar la Covid-19. Si somos capaces de conservar nuestra esencia, todo aquello que nos ha convertido en atractivos. Si no caemos en la tentación de convertirnos en una «parque temático» donde los que nos visiten no encuentren nada de nuestra esencia. Si no defraudamos, ese peregrinaje se va a mantener en el tiempo.

Seguro que alguien piensa que cómo vamos a quitarle esa «referencia» a Francia. Pues bien, eso ya puede estar pasando. Y no es algo que ya hemos vivido. Hemos sido capaces de quitarle una marca a New York. La marca Guggenheim. Hace 30 años si decías Guggenheim en cualquier lugar del mundo, se pensaba en la «ciudad de los rascacielos», ahora, se piensa en Bilbao.

Tenemos los mimbres: una cultura y una cocina popular extraordinaria; una alta gastronomía que está en la élite mundial; productos de gran calidad; productores locales que miman el género; unos centros de formación gastronómica que se están convirtiendo en referentes globales… y la capacidad de hacerlo. Lo hemos demostrado con el Basque Culinary Center o con el Basque Culinary World Prize.

Debemos ser valientes y decididos. Lo debemos ser porque si no, alguien se nos adelantará. Y si pasa eso ya nos podemos despedir de convertirnos en The Culinary Nation. Eso sí. Desde el Adur hasta el Ebro y desde Pozalagua hasta la Mesa de los Tres Reyes.

Podemos intentarlo, incluso podemos no conseguirlo a pesar de que nos esforcemos. Lo que no podemos (no debemos) es no intentarlo. No sobran las oportunidades.

Fine Dining Lovers – 30/11/2020 – USA

The Basque Country: the Building of a Culinary Nation

In 2007, Eusko Ikaskuntza, a centre for the study of Basque culture, published the result of a census aiming to understand the cultural values that best represented the Basque Country. During 2005 and 2006, researchers asked inhabitants of the autonomous community in northern Spain which characteristics best defined local identity. The language (Euskera), of course, stood out in first place in the responses collected. But what surprised the researchers was the fact that gastronomy was one of the most cited aspects in the 22 discussion groups they organised.

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