Luca Iaccarino es un periodista que ha escrito un articulo sobre gastronomía vasca en el diario italiano La Repubblica. Y ha cometido el error más peligroso en el que puede caer un profesional de la información, escribir sobre lo que no conoce.

No nos referimos a los asuntos gastronómicos, en los que viene a decir lo que ya sabemos. Es decir, que la gastronomía vasca es una gran gastronomía. Nos alegra que a él también le haya gustado y haya disfrutado de ella. Esperamos que vuelva y recorra la parte de la Costa Vasca que le falta, la que va de San Sebastián a Baiona, y que profundice en el conocimiento de la gastronomía de nuestra nación, visitando su interior.

¿Entonces, se ha intoxicado, o no? Se preguntará el lector. Pues sí, pero no de nada que haya comido, sino de algo que ha leído. Sólo una intoxicación grave de «patriatitis» puede explicar que inicie su artículo sobre gastronomía hablando de los vascos y comparándonos con «los Borgia», seres malvados capaces, a veces, de ayudar a crear algo hermoso. Lo sabemos, porque el origen de la intoxicación se manifiesta al recomendar leer «Patria» de Fernando Aramburu para «obtener alguna orientación» que ayude a entender lo ocurrido en el País Vasco.

Basarse en ese libro para entender la «cuestión vasca» es similar a intentar entender la masculinidad italiana tomando como base el chiste que dice que «los coches italianos tienen un gran diseño, pero todos pierden aceite». Es decir, una supina estupidez.

«Patria» no refleja la realidad de nuestro País en los últimos 50 años, ni refleja la realidad de ETA, ni la del nacionalismo vasco (que no es lo mismo que ETA, ni mucho menos), ni la del nacionalismo español. Este libro refleja los traumas, los pre-conceptos, los demonios interiores, y la voluntad de simplificar las cosas que tiene una persona nacida en nuestro país, pero que lleva más de 30 años viviendo en Alemania.

Como decíamos en un artículo anterior en el que tratábamos este asunto, no es más que una novelita que en la que presenta un mundo de «buenos» y «malos», todos ellos dibujados con brocha gorda. Intentamos no hablar mucho de él, para no insistir en nuestro juicio sobre su obra y sus opiniones. Pero hay veces, como ésta, que no nos queda más remedio,

No dudamos de que el Sr. Iaccarino es capaz de distinguir un buen plato de comida de uno que no lo es. Pero la verdad es que como analista social de los vascos, no ha salido del parvulario.

Si un italiano, o cualquier persona que no vive en nuestro país, quiere entender la terrible desgracia en la que hemos vivido en nuestros país desde hace más de 40 años, lo primero que tiene que entender es que esta situación no es sino consecuencia de los terribles 40 años anteriores de dictadura franquista, de la guerra que sufrimos con anterioridad, de la dictadura de Primo de Rivera, y de tres Guerras Carlistas. Por empezar a marcar el «campo de juego»

No sea usted simple Sr. Iaccarino. Para lo que entienda. Italia es un país complejo, construido de una forma dura, que ha sufrido dictaduras y ocupaciones extranjeras. ¿De verdad cree que alguien que no sabe nada de Italia podría acercarse a su comprensión leyendo una novelita que hiciese que todos los italianos fuesen mafiosos o víctimas de la mafia? ¿O de otra que diese a entender que todos los italianos eran, y aun lo son, fieles seguidores de Benito Mussolini?. Seamos serios.

Con respecto a su recorrido gastronómico, nos alegramos de que lo haya disfrutado. Y sobre todo, le invitamos a que nos visite más y nos conozca mejor antes de escribir en La Repubblica un comentario tan poco certero, y tan poco amable, como el que ha hecho.

La Repubblica – 9/10/2019 – Italia

Pintxos e sidro: movida golosa nei Paesi Baschi

Non c’è luogo in cui l’alta cucina e quella popolare s’intreccino e dialoghino come nei Paesi Baschi. I cento chilometri costieri più buoni del mondo – quelli tra San Sebastian e Bilbao – alternano ristoranti tristellati e bar di pintxos (bocconi in stile tapas), locali d’avanguardia e succulenti asador ( le bracerie). I grandi chef fanno serata nelle sidrerie, gli osti insegnano loro a cuocere le bistecche sui carboni, senza separazione di casta tra top e pop.

(Sigue) (Traducción automática)