Raphael Minder es un  periodista del New York Times que vive en Madrid y escribe de forma habitual sobre sobre asuntos relacionados con el Reino de España. En esta ocasión su artículo ha alejado al diario norteamericano de su tradicional posición de independencia y criterio propio en relación con los temas vascos, que tanto alabamos desde aquí.

Lo ha hecho, además, con un asunto especialmente sensible, el de los símbolos. Cualquiera que conozca la importancia que los ciudadanos de los USA dan a los símbolos que identifican su nación, no podrá menos que extrañarse de la ligereza con que este periodista ha escrito sobre el principal símbolo que identifica a los vascos: la Ikurriña.

Empezando por informar de forma incorrecta a sus lectores, al afirmar que estos Sanfermines eran los primeros en los que una Ikurriña ondeaba, de forma oficial, en el balcón de Ayuntamiento de Pamplona. Eso no es verdad, lo hizo en 1980 tras una decisión del pleno del Ayuntamiento de Pamplona.

La ikurriña ondeando en el Ayuntamiento de Pamplona en los Sanfermines de 1980
La ikurriña ondeando en el Ayuntamiento de Pamplona en los Sanfermines de 1980

Un error al que se suma el de su descripción como “juerguistas” de los portadores de ikurriñas en las calles de Iruña durante estos Sanfermines. Porque, al contrario de que lo parece insinuar en su artículo, lo relevante no es que la Ikurriña se portada por esos “juerguistas”, sino que lo es que esos “juerguistas” en vez de dedicarse a su “juerga” hayan decidido incorporar la reivindicación de un derecho de expresión tan básico como el de portar la bandera de lo que consideran su patria. Un acto que, y eso (curiosamente) no lo cuenta el autor del artículos, en ediciones anteriores les había contado problemas e incluso unos buenos golpes a cargo de las “fuerzas del orden”.

Su intento de comparación de la Ikurriña con la bandera de la Confederación, es profundamente desafortunado. No existe ningún elemento que cree nexos entre ambos símbolos, aparte del hecho de ser dos banderas. En este caso la intolerancia no esta en el lado de la Ikurriña, sino en el de los que durante más de un siglo han hecho todo lo posible porque no sea visible en Navarra. Que, por cierto, son los mismos que crearon leyes para prohibirlas. Leyes muy similares a las creadas en el siglo XVIII por el Gobierno de Gran Bretaña en contra de los símbolos y actos de los patriotas que crearon los Estados Unidos de América del Norte.

En definitiva, un artículo muy poco afortunado que, sin hacernos perder nuestra admiración por el New York Times, nos hace sentir una preocupación sobre la forma de tratar los temas vascos que podemos encontrar en el autor del artículo.

Parece no entender que la Ikurriña se ha convertido en el símbolo de los vascos en todo El País de los Vascos y en la Diáspora. Lo mismo que no parece entender que en estos Sanfermines, por fin, los símbolos con los que se identifican todos los navarros estaban presentes en la balconada del Ayuntamiento de Pamplona.

No se ha quitado ninguno, sino que se han puesto todos, un acto democrático e integrador que se diferencia radicalmente con la actitud de los responsables institucionales anteriores, que condenaron a la invisibilidad (o a la persecución) a aquellos que se sentían identificados con la Ikurriña.

The New York Times – 10/7/2015 – USA

Another Flag Spurs Controversy, This Time in Spain

The running of the bulls this week in Pamplona, Spain , has produced its usual share of drama, including the goring of two Americans and one Briton on Tuesday.  But the controversy surrounding one of Spain’s most famous annual events has for once not focused exclusively on the dangers of dodging bulls hurtling down streets, but rather on the Basque flag that has been flying for the first time from Pamplona’s City Hall.

(Sigue) (Traducción automática)

 

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