La presencia de hermandades y cofradías a lo largo de toda América organizadas por la comunidad vasca a lo largo del siglo XVII y XVIII siempre nos ha parecido un asunto extremadamente interesante. Y este interés se basa en que representan la voluntad, y la capacidad, de los vascos de organizarse en los lugares donde se instalaban al llegar a América y su habilidad para crear redes que, basadas en esas organizaciones, y en otras formas de agrupación, servían de apoyo a la comunidad vasca a lo largo de Europa y América.

Hoy, 18 de octubre, se conmemoran los 376 años de la entronización de la imagen de la Virgen de Aránzazu en Lima. Una imagen que los vascos que conformaron la Hermandad de Nuestra Señora de Aránzazu de Lima encargaron para que ocupara el lugar principal en la capilla que adquirieron en la Iglesia de San Francisco de esta ciudad a los Franciscanos.

Esta hermandad, fundada a inicios del siglo XVII, puede ser considerada el primer centro vasco de América, tal y como lo reivindicó Francisco Igartua, «Paco» Igartua, en el Primer Congreso Mundial de Colectividades Vascas en el Exterior, que se realizó en Euskadi en 1995.  Al mismo acudió el fundador y director de la revista Oiga, e hijo de vasco, «Paco» Igartua, invitado por el Lehendakari Ardanza, y en él realizó una importante labor de secretario y redactor de las conclusiones del mismo.

Se da la circunstancia de que hace unos días la revista Laboratorio de Arte, de la Universidad de Sevilla publicaba un trabajo de Josu M. Zulaika Hernández en el que se despejan algunas de las incógnitas que rodeaban al proceso de encargo y creación de esta figura, y que quedaban aun abiertas.

Una imagen de la Virgen de Aránzazu para a la capilla de la nación vascongada

Tal y como explica el propio autor de la investigación en la introducción a la misma:

La Hermandad de Aránzazu de Lima encargó en 1644 en España la talla de una imagen de la Virgen que se veneraba en el santuario de Aránzazu de Oñate. La publicación por Ayllón de la Relación de la grandiosa fiesta que se hizo… a la colocación de la milagrosa imagen de N. Señora de Aransazu (1647), aportó algunos detalles sobre las vicisitudes de esta historia. Pero ni Ayllón ni los autores posteriores pudieron ofrecer datos acerca de la identidad del artífice de la imagen. El descubrimiento del contrato firmado en Sevilla entre algunos miembros de la hermandad y el escultor antequerano Juan Bautista del Castillo nos permitirá suplir algunos de los vacíos que Ayllón no pudo reflejar en su Relación.

Descripción: - Memoria de la forma en que se ha de hacer la imagen de Nuestra Señora de Aranzazu para la capilla de la nación vascongada de la ciudad de los Reyes del Perú, siendo testigo Miguel Vélez de Ulivarri (Sevilla, 1644.03.10). - Carta de poder y cesión de D. Diego de Gúrpide, vecino de Vergara (1626.05.10). Copyright: © Eusko Jaurlaritza-Gobierno Vasco · Euskadiko Artxibo Historikoa / Archivo Histórico de Euskadi; © Archivo de la Casa de Zavala
Descripción: – Memoria de la forma en que se ha de hacer la imagen de Nuestra Señora de Aranzazu para la capilla de la nación vascongada de la ciudad de los Reyes del Perú, siendo testigo Miguel Vélez de Ulivarri (Sevilla, 1644.03.10).
– Carta de poder y cesión de D. Diego de Gúrpide, vecino de Vergara (1626.05.10).
Copyright: © Eusko Jaurlaritza-Gobierno Vasco · Euskadiko Artxibo Historikoa / Archivo Histórico de Euskadi; © Archivo de la Casa de Zavala

Sin duda tiene un gran interés saber que fue el escultor andaluz Juan Bautista del Castillo el encargado de realizar esta figura según las instrucciones que se indicaban en el documento «Memoria de la forma en que se ha de hacer la imagen de Nuestra Señora de Aranzazu para la capilla de la nación vascongada de la ciudad de los Reyes del Perú, siendo testigo Miguel Vélez de Ulivarri». Este es un documento que se encuentra disponible para su consulta en el Archivo Histórico de Euskadi (AHE/EAH).

También es importante porque nos ayuda a saber quiénes fueron los vascos que participaron en este proyecto de preparación de la capilla de Aránzazu, centro y corazón de la Hermandad para cuestiones religiosas y civiles, que se inició en 1619, cuando se compró por 10.000 pesos la misma a los Franciscanos de Lima, y que se culminó el 18 de octubre de 1646 con la entronización de la imagen llegada de la Península.

Pero a nosotros nos parece especialmente interesante porque nos demuestra cómo esos núcleos de vascos organizados fuera de su patria, fuera de la «nación vascongada», trabajaban de forma colaborativa, se apoyaban con el objetivo de ofrecerse ayuda mutua.

Cuando el autor del estudio, de tanto interés, nos lo hizo llegar, pensamos que este día era el día perfecto para compartirlo con nuestros lectores.

Reivindicando la memoria y la herencia de los vascos de Lima

También es un buen día para recordar que esa capilla, comprada por la Hermandad de Nuestra Señora de Aránzazu de Lima, ya no se encuentra bajo la responsabilidad de la comunidad vasca de Lima, y la imagen de la Virgen de Aránzazu que contiene, del siglo XIX porque la anterior fue destruida por un incendio, ha perdido sus conexiones con sus raíces, y ahora es una «Virgen de la Manzana», convertida en algo totalmente ajeno a lo que esta imagen debe representar, por sus orígenes, para los creyentes o para los interesados en la historia de Lima que se acerquen a la iglesia de San Francisco de esa ciudad.

De la misma forma es triste, y ofensivo, es ver cómo la bóveda de los vascos,  adquirida por los vascos de Lima en el  siglo XVII , junto a la capilla, para enterrar a los vascos fallecidos en aquella ciudad, se ha convertido en parte de una atracción turística destinada a generar beneficios (al igual que toda la actividad que gira en estos momentos en torno a aquella figura de la Virgen de Aranzazu).

Parece del todo inaceptable la situación de la bóveda. Este enterramiento fue clausurado en 1808. cuando las autoridades emitieron la orden de sellar los enterramientos de las iglesias el Perú. Una orden que incluía la eliminación de toda indicación de que allí había enterramientos. La Hermandad la obedeció sellándola y retirando una lápida de bronce a la puerta de la cripta, instalada en 1693, en la que aparecía la siguiente inscripción: «Aquí yacen los muy nobles y muy leales hijos y descendientes de la Provincia de Cantabria». De forma que ya no pudieron visitar a los suyos enterrados allí.

Ahora, dos siglos después, los herederos de aquella Hermandad, tienen que ver cómo esos enterramientos, a los que no podían descender dese hace dos siglos para honrar a los suyos, pueden ser visitados por los turistas a cambió de pagar una entrada.

La verdad es que nos cuesta entender a los actuales responsables de la Iglesia de San Francisco de Lima y su falta de sensibilidad, de respeto a la historia, y de cumplimento de los acuerdos pactados y los contratos firmados y cobrados. Ellos deberían respetar el acuerdo alcanzado hace 4 siglos por sus hermanos franciscanos y reconocer la propiedad, aunque sea moral, de la Hermandad sobre la capilla de los vascos, la de Aránzazu, y sobre la bóveda fueron enterrados por casi dos siglos los vascos de Lima.

Una situación que tiene que doler y ofender profundamente a los actuales miembros de la Hermandad y a los miembros de Limako Arantzazu Euzko Etxea, el centro vasco nacido del impulso de la Hermandad.

Les dejamos a nuestros lectores el artículo que recoge la investigación de Josu M. Zulaika Hernández que, como decimos, aporta luz a algunos importantes detalles de encargo, realización y llegada de aquella figura de la Virgen de Aránzazu a la Ciudad de los Reyes en pleno siglo XVII.


Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad de Aránzazu de Lima. Josu M. Zulaika Hernández
Juan Bautista del Castillo, artífice de la imagen de la Virgen para la capilla de la Hermandad de Aránzazu de Lima. Josu M. Zulaika Hernández (PDF)

 

Centenario Francisco «Paco» Igartua


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