Cuando el 13 de febrero de 1612 se reunieron en Lima un grupo de vascos decididos a poner en marcha una hermandad que agrupara a todos los “hijos de la nación vascongada” que vivían en aquella plaza, seguro que no eran conscientes de que estaban empezando a escribir una página fundamental de la historia de su Pueblo.

Lima vista desde Acho (siglo XVII) [El Rímac y el proceso urbano de Lima virreinal (S. XVI-XIX) de Isaac D. Sáenz.]
Lima vista desde Acho (siglo XVII) [El Rímac y el proceso urbano de Lima virreinal (S. XVI-XIX) de Isaac D. Sáenz.]
Nosotros ya hemos citado en alguna ocasión esta institución, de una forma muy específica en un artículo que ayuda a entender quiénes son los vascos peninsulares, en función de lo que nos cuenta la historia. Aquellos alaveses, bizkainos, gipuzkoanos, y navarros que decidieron unirse para atender a las necesidades materiales y espirituales de sus compatriotas, lo hicieron como hermanos. Como iguales y miembros de una misma nación, la vascongada.

La Hermandad de Nuestra Señora de Arantzazu de Lima, daba sus primeros pasos en un largo camino, en que vivió todo tipo de vicisitudes, con un espíritu que ha llegado hasta hoy y que se mantiene vivo entre la comunidad vasco-descendiente en aquel país sudamericano.

La ciudad había sido fundada menos de un siglo antes, el 18 de enero de 1535, y la comunidad vasca se había ido asentando. Nació en algunos de ellos la idea de que había llegado el momento de poner en marcha una organización que estructurara a esta comunidad y que defendiera sus intereses. Lo que les impulsa a conformar organizaciones que, siguiendo las costumbres de la época, tomaron la forma de cofradías o hermandades.

Aquellos vascos de Lima se decidieron a formar una hermandad, en una organización que sin abandonar una clara misión religiosa, enfocaba una parte fundamental de sus objetivos en la labor asociativa y de apoyo mutuo entre los miembros. Pero que también se extendía a todos los miembros de la “nación vascongada” que estando en Lima, tuviesen alguna necesidad. Además, hay un aspecto que es esencial para entender su fundación, y su historia: crearon una organización que no dependían ni de la Iglesia ni de las autoridades civiles. Fue creada para gobernarse a sí misma y para depender sólo de la decisión y voluntad de sus miembros.

La Hermandad guardaba unos principios democráticos poco habituales en otros lugares y en otras realidades y que, sin duda, se basaban en las estructuras de decisión propias del país. Una forma de organizarse que lo impregnaba todo en la tradición vasca: El sistema foral; las reuniones de los vecinos de los municipios vascos a las puertas de las iglesias donde se trataban los temas comunes; o el sistema de Auzolan donde todos colaboraban para atender las necesidades comunes. Todas esas tradiciones propias y muy diferentes a las de otros lugares, marcaron su forma de organizarse y gobernarse.

Cerro y ciudad de Potosí
Cerro y ciudad de Potosí

Los vizcainos-vascongados-cántabros (diferentes formas de denominar a los miembros de esta comunidad nacional en aquella época) en América eran, por razones obvias, una clara minoría con unas características sociales y económicas muy específicas. Ellos eran conscientes y eso fue también una de las razones que les impulsó a organizarse. Lo que ocurrió pocos años después en Potosí, la Guerra Vasco-Vicuña de 1622, demostró que esa auto-organización era una necesidad.

Un elemento clave de toda esta estructura asociativa vasca en América es la preponderancia de la advocación de estas cofradías y hermandades a la Virgen de Arantzazu. Hay profundas razones para entender esa permanente referencia. En primer lugar la aparición de la figura de la virgen a mediados del siglo XV en mitad del monte, tuvo una gran repercusión en el país, que se encontraba destrozado por la guerra de bandos y la sequía. Esto fue visto como una señal por parte de un pueblo cansado de los asaltos, las batallas, el pillaje y los robos a cargo de una nobleza local. Desde sus inicios, el Santuario fue un centro de peregrinaciones y de devoción para vascos de todos los territorios peninsulares (no es desdeñable la ubicación centrada de este santuario con respecto a los cuatro territorios). Por otra parte, continuaban con la tradición tan propia del País de organizarse en hermandades y cofradías, bajo la advocación de la Virgen, que se convirtieron en importantes herramientas en la lucha de la mayor parte de la sociedad vasca de la época para parar los desmanes de los  clanes banderizos.

Junto a esto hay un claro hilo conductor que busca crear un elemento que vincule a los miembros de esta nación vascongada a lo largo de América. Un símbolo que los integre y los identifique. Hay una clara voluntad de crear una realidad propia y diferenciada que responda a las muy especiales características de los vascos y de sus formas tradicionales de gobierno.

Como explicó Miguel Irízar Campos C.P (Padre pasionista, una orden de profunda raigambre vasca, y obispo emérito de la Diócesis del Callao y que fue el que organizó la misa), en su homilía en la misa del 400 aniversario de la constitución de esta hermandad:

Es sorprendente la influencia que el Santuario de Arantzazu llegó a tener en el Nuevo Mundo durante los siglos XVII y XVIII. En la mayor parte de las ciudades del vasto Continente se levantaron altares y capillas a las Andra Mari vasca y, bajo su patrocinio y con su nombre, se organizaron numerosas hermandades y cofradías.
Fue en América donde se editaron las primeras obras donde se habla de la Virgen de Arantzazu y la primera relación es de Fray Juan de Ayllón en 1647 en Lima, a las que siguieron las de México y otros países latinoamericanos.
Hay dos hechos que explican la expansión de Arantzazu en el Nuevo Mundo.
El primero es que su Santuario estuvo servido desde 1501 por religiosos de una Orden eminentemente popular y misionera, la de los franciscanos. La presencia de los hijos de San Francisco nacidos en Euskal Herria ha sido muy influyente en América en la obra de la Evangelización en nuestro querido Perú.
El segundo hecho está relacionado con los emigrantes vascos. Estos, al asentarse en las principales ciudades del Nuevo Mundo, se asociaron entre sí en hermandades y cofradías dedicadas precisamente a Nuestra Señora de Arantzazu. Es éste un hecho significativo, pues revela que la devoción a la Andra Mari guipuzcoana no sólo se había propagado a lo ancho y largo de Euskal Herria, sino que también había llegado a ser un signo religioso de tal relieve en la conciencia del vasco, que fue capaz de representar sus aspiraciones más profundas en lo que se refiere a su identidad étnica y solidaridad cristiana al aunarse con sus hermanos de América Latina.

La Hermandad de Nuestra Señora de Arantzazu de Lima fue un referente y una guía para este proceso. Inspiró a los vascos del resto de la América colonial y su modelo, con adaptaciones locales, fue la guía para otras agrupaciones, como las de Santiago de Chile o de México. Pero en todo caso la versión limeña mantuvo unas características propias que la libraron, durante más de dos siglos, de que pudieran triunfar los intentos de control de las autoridades civiles y eclesiásticas.

Capilla de Nuestra Señora de Aranzazu en la Iglesia de San Francisco de Lima (libro Nueva visión de San Francisco de Lima de Antonio San Cristóbal Sebastián)
Capilla de Nuestra Señora de Aranzazu en la Iglesia de San Francisco de Lima (libro Nueva visión de San Francisco de Lima de Antonio San Cristóbal Sebastián)

El punto de encuentro y el eje de esta Hermandad en Lima se encontraba en la Iglesia de San Francisco. En concreto adquirieron una capilla y una bóveda sepulcral, que se convirtieron en el corazón de esta comunidad. En el libro Nueva visión de San Francisco de Lima de Antonio San Cristóbal Sebastián, podemos encontrar un capitulo dedicado a esta capilla con detallada descripción de la misma y de su historia, en la que los terremotos sufridos por la ciudad tuvieron una gran importancia.

La virgen que ocupa el lugar de honor del retablo de la capilla es una copia de la que fue coronada en 1646 y que fue destruida, como todo el retablo, en un terremoto. Resulta llamativo ver como la capilla de Lima vive una “vida paralela” al Santuario de Arantzazu. Este es destruido en varias ocasiones por incendios. Por su parte, la capilla limeña es destruida en varias ocasiones por terremotos. La imagen que se exhibe no se parece a la pequeña talla de la Virgen que se venera en el Santuario gipuzkoano. La primera, que llego a Lima en 1646 sí lo era, pero fue destruida en un incendio den 1899. En 1911 la talla actual ocupo su lugar. En estos momentos necesita ser sometida a una profunda restauración en la que, seguro, que algunos vascos de la ciudad tendrán un papel fundamental.

La bóveda, un elemento fundamental y de un profundo valor simbólico fue clausurada en 1808 debido al ordenamiento que prohibía los enterramientos dentro de las iglesias y las ciudades.  Esta clausura marcó uno de los dos momentos más duros en la historia de esta hermandad de vascos. José de la Puente Brunke (director del Instituro Rivas Agüero) en un magnífico articulo que se recoge en Euskomedia sobre la historia de la Hermandad, relata cómo fue y con que profundo simbolismo se realizó la clausura de esté lugar destinado al enterramiento de los miembros de la hermandad:

Siguiendo tales disposiciones, los mayordomos de la Hermandad retiraron una lápida de bronce que tenía allí más de un siglo –se había instalado en 1693–, en la cual aparecía la siguiente inscripción: “Aquí yacen los muy nobles y muy leales hijos y descendientes de la Provincia de Cantabria”. Lo interesante es que en el mismo documento se señalan una serie de precisas instrucciones para quienes en el futuro quisieran reabrir la bóveda, concluyéndose del siguiente modo: “Esta explicación y noticia se pone aquí para los venideros (…); en caso necesario es fácil quitarla y dar entrada a la bóveda”. Todo indica, en efecto, que la clausura de la bóveda sepulcral de la capilla de la Hermandad se realizó con gran pesar por los miembros de la misma, quienes de algún modo mostraron su deseo de que en el futuro pudiera ser reabierta.

Dicho pesar puede percibirse en la documentación de la Hermandad, al aludirse a los nichos que se reservaron en el Cementerio General: Para reparar en algún modo la falta de la bóveda de Aránzazu en su capilla, se han tomado en el camposanto (…) nichos que están distinguidos con la inscripción de pertenecer a la Ilustre Hermandad de Nuestra Señora de Aránzazu.

Esta bóveda, sellada de tal forma que no se puede violar sin afectar a la estructura de la Iglesia, se ha mantenido cerrada hasta hoy.

El otro gran golpe que sufrió la Hermandad ocurrió en 1865 y fue la decisión de su nacionalización por parte del gobierno del coronel Prado. Los bienes y la documentación de la agrupación limense fueron requisados y trasladados a la administración de la Beneficencia pública de Lima.

El renacimiento de la Hermandad

Esto, que parecía el final de la historia, no fue otra cosa que un “punto y aparte”. Las instituciones vascas tienen una inmensa capacidad de resiliencia, una capacidad extraordinaria de superar las dificultades y sobrevivir a las situaciones más traumáticas.

El espíritu que había impulsado a aquellos vascos a fundar la Hermandad seguía vivo a pesar del golpe que significó la intervención del Gobierno en 1865. Un grupo de miembros deciden mantener la idea de la Hermandad, y su espíritu reuniéndose en el Club Nacional de Lima (fundado en 1855). Fueron ellos los que en 1912, conmemoraron el 300 aniversario.

Cien años después, también un 13 de febrero y también en el  Club Nacional de Lima, nacía la Arantzazuko Eusko Etxea de Lima. Una asociacion cultural que nació con el objetivo inicial de conmemorar los 400 años de la Hermandad.

Un vasto proyecto impulsado, y financiado, por Julio Pablo Bazán, fallecido hace escasos meses, que asumió la ingente labor de recuperación de todo el legado de la Hermandad de Arantzazu en Lima, y también de las creadas en otras poblaciones americanas.

En 2012, eta Eusko Etxea organizó un acto académico en el Instituto Riva-Agüero (IRA) consistente en una conferencias a cargo de José La Puente Brunke, Oscar Álvarez Gila, Elena Sánchez de Madariaga, Elisa Luque Alcaide y Diego Lévano Medina.

Un acto en cuya organización Arantzazu Euzko Etxea de Lima contó con importantes colaboradores:

Euzko Etxea de Santiago de Chile. Centro Vasco Haize Hegoa de Montevideo – Uruguay. Arzobispado de Santa Fe de Argentina, Congregación Pasionista de España. Congregación Carmelita de España. Universidad del País Vasco – España. Universidad de Navarra – España. Universidad de Deusto – España. Universidad Juan Carlos de Madrid – España. Universidad Autónoma de Madrid – España. State University of New York – Estados Unidos de América. Universitiy of Postdam de Polonia. Universidad de San Martin de Porres de Lima – Perú. Universidad Autónoma de Buenos Aires de Argentina. Pontificia Universidad Católica del Perú. Pontificia Universidad Católica de Chile. Universidad Veracruzana de México. Universidad Nacional Mayor de San Francisco Xavier de Chuquisaca de Bolivia. Desde México participó la Familia Barraxa descendientes directos de miembros de la Cofradía de Arantzazu de México. Y el Fondo “Editorial Periodística Oiga” de la Revista Oiga de Lima.

El ciclo de conferencias fue abierto por el P. Antonio María Artola Arbiza, otro padre pasionista (antes citábamos a otro miembro vasco de esta congregación, el obispo Irizar). El padre Artola es vasco, sacerdote, pasionista, experto de prestigio mundial en las Sagradas Escrituras, y uno de esos grandes hombres que tienen la virtud de influir en el mundo sin que este apenas se de cuenta.

Aita Artola con la imagen de la Virgen de Aranzazu que le ha acompañado buena parte de su vida
Aita Artola con la imagen de la Virgen de Aranzazu que le ha acompañado buena parte de su vida

Aita Artola, como cuenta en el vídeo, fue acompañado desde 1969, cuando inició su etapa como profesor en Deusto, por una reproducción de la Andra Mari de Arantzazu. Aquella imagen de la Virgen le acompañó en 2003 a su destino en Lima y allí se la entregó al obispo de Yurimaguas que era otro Padre Pasionista y vasco: José Luis Astigarraga Lizarralde. La entrega se hizo con una condición: que fuera enviada a la selva.

Desde aquel año 2003, hasta  2012 estuvo a cargo de las Madres Carmelitas en el corazón de la Amazonía peruana. En este año, el de 400 aniversario, la estatua viajó, por tierra, más de 1.000 km, desde Yurimagas, situada en plena selva del Alto Amazonas, hasta Lima para presidir los actos de tan especial aniversario. Un viaje de más de 20 horas en el que hay que cruzar la cordillera andina.

En este acto la profesora  Elisa Luque Alcaide ofreció una conferencia sobre Los comerciantes vascos en los Virreinatos de Perú y México, en la que analizó la historia y la evolución de la Hermandad de Lima y su influencia en otras desarrolladas por América.



Incluimos también un resumen en PDF de su intervención que nos ha facilitado la Arantzazu Euzko Etxea de Lima, atendiendo a la demanda realizada por Isabel Barraxa (nieta de Pedro Barraxa Gutierrez y miembro de una de las familias mexicana que pertenecieron a la hermandad de aquel país), y que formará parte del libro que editarán para recordar este 400 aniversario.

Descargar (PDF, Desconocido)

El acto se cerró con la lectura de una carta muy especial. Forma parte del libro “Sentimientos Compartidos” escrita por Josu Legarreta, que fue el Director para la Comunidad Vasca en el Exterior en el Gobierno Vasco. Una carta dirigida a un periodista vasco-peruano, Francisco (Paco) Igartua (del que ya hemos hablado aquí en otras ocasiones) que fue el que en un Congreso Mundial de las Colectividades Vascas de 1999 expuso ante los representantes de todas las organizaciones vascas allí reunidas, la existencia de esta organización de vascos desde el siglo XVII. Lo que la convertía, sin duda, en el más antiguo Centro vasco del Mundo. Lo que fue aceptado por la asamblea.

En estas conmemoraciones organizadas por la Arantzazuko Eusko Etxea de Lima, ha jugado un papel principal el historiador de la UPV/EHU Oscar Álvarez Gila. Además colaborar en la organización de las conferencias de Lima, organizó en Vitoria, también en 2012, el Congreso Internacional Devoción y Paisanaje, en el que se estudiaban estas organizaciones en las colonias americanas. Este profesor de la UPV/EHU encabeza un grupo de investigación dentro de la Universidad vasca centrado en  País Vasco, Europa y América: Vínculos y Relaciones Atlánticas.

Congreso Internacional "Devoción y Paisanaje"
Congreso Internacional “Devoción y Paisanaje”

Además de los actos académicos y religiosos propios de una conmemoración de esta importancia, hubo un acto lleno de profundo simbolismo, que se repite allá donde un grupo de vascos se organizan: la plantación de un retoño del Árbol de Gernika. Este roble, símbolo de las Libertades vascas, y de las Libertades de los vascos, ha ido extendiéndose por el mundo, a través de sus retoños, como cumpliendo el encargo que el bardo Iparraguirre le dio en su “Gernikako Arbola”:

Eman ta zabal zazu munduan frutua (Da y extiende tu fruto por el mundo)

Plantación de un retoño del Árbol de Gernika en Lima
Plantación de un retoño del Árbol de Gernika en Lima

Nosotros hemos ido recogiendo en nuestra existencia como blog muchos de estos actos de difusión del espíritu de los vascos por el mundo.

En este acto, además el significado era doble. El retoño del Árbol sagrado fue enviado desde Santiago de Chile, la sede de una de las hermandades de Aranzazu, por la Eusko Etxea de aquella ciudad. Fue Pedro Oyanguren, presidente de esta entidad de los vascos en Chile, el que hizo posible el pequeño milagro de que las raíces del Árbol de las Libertades Vascas arraigara, también de forma física, en Perú. Para los vascos de Chile aquel año fue muy especial. No sólo colaboraron de una forma directa en conmemorar los 400 años de la institución peruana, sino que también celebraron el centenario de la fundación del Centro vasco de Santiago.

A nosotros, siempre lo decimos, nos impresiona la fuerza y el vigor que la comunidad de vasco-descendientes conserva en todo el mundo. hay algo mágico, profundo, en ese compromiso que se mantiene a través de los años, y de los siglos, por mantener vivas y fuertes las raíces que les unen a su historia y a sus orígenes. Nosotros escribimos hace tiempo un artículo sobre cómo la “voluntad de ser” se ha convertido en el mejor aliado para mantener esa conexión entre los vascos del mundo.

De esta “inmersión” en la comunidad vasca en el Perú, hemos encontrado muchas cosas que se nos quedan en el “tintero” y que tendremos que desarrollar. Nos referimos a asuntos tan extraordinarios como el papel de los Padres Pasionistas en la selva peruana; muchos aspectos de la actividad de la colonia vasca en aquel país, o el apoyo que en los momentos más duros de nuestra historia como nación recibimos del gobierno de aquel país.


Euskonews – 23/3/2012 – Euskadi

Fé entre espinas.  La presencia vasca en América se refleja también en el culto a la Virgen de Arantzazu, que este año cumple cuatro siglos

La diáspora vasca por el ancho mundo se refleja no solo en la laboriosidad y terco sentido de la independencia de quienes fueron conquistadores como Pascual de Andagoya, exploradores como Pedro Enrique Ibarreta y Uhagón, o simple gente sencilla e industriosa que se dedicó al comercio y al trabajo con la memoria prendida en los viejos símbolos de la patria ausente, como es el caso de la fe y el culto a la Virgen de Arantzazu que este año cumple en América cuatro siglos de vigencia.

(Sigue) (Traducción automática)

Iglesia de San Franciso de Lima. Donde se encuentra la Capilla y la Boveda de la Hermandad de Arantzazu de Lima
Iglesia de San Franciso de Lima. Donde se encuentra la Capilla y la Boveda de la Hermandad de Arantzazu de Lima

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