No hay muchas instituciones vascas que hayan permanecido vivas y activas a lo largo de más de cuatro siglos. En febrero de 2018 recogíamos en un amplio artículo un bosquejo de la historia de la Hermandad de Nuestra Señora de Aranzazu de Lima, que fue fundada en 1612 por «hijos de la nación vascongada» que habitaban en aquella ciudad.

Hemos hablado en más ocasiones de esta organización de vascos en América (porque con el tiempo los descendientes de aquellos vascos se han extendido por el continente).

Hoy lo hacemos de nuevo porque desde esta hermandad ha nacido una nueva euzko etxea que se une a las que los vascos han ido creando a lo largo del todo el mundo desde finales del siglo XIX, pero que dadas las características especiales de la institución matriz merece, creemos nosotros, unas líneas en nuestro blog.

Logo de la Hermandad y la Euzko Etxea de Aranzazu en Lima
Logo de la Hermandad y la Euzko Etxea de Aranzazu en Lima

Esta euzko etxea tiene su origen en una hermandad que se encuentra entre esos casos extraordinarios que nos conectan de forma directa con nuestra propia historia.

Han conseguido perdurar a pesar de haber sido disuelta “oficialmente” por el gobierno peruano; a pesar de haber perdido sus posesiones; a pesar de guerras, crisis, desastres naturales, la dispersión; y a pesar del propio desgaste del paso de los siglos.

Parece difícil explicar cómo estas familias, este grupo de vascos-descendientes, mantuvieron viva la llama de sus mayores a lo largo de generaciones. Es difícil si no tenemos en cuenta el compromiso, la voluntad de permanencia, que se ha mantenido muy viva, y que nos hace entender cómo a pesar de todas las dificultades, hoy la Hermandad sigue viva y activa. Y lo está no sólo en Lima. Porque sus miembros y sus actividades se han extendido a New York, San Francisco, Los Ángeles, Atlanta, Boston…

Esta hermandad, que en 2012 celebró sus 400 años de fructífera vida, crean ahora una nueva rama. Como el árbol sagrado de los vascos, como el Árbol de Gernika, de ellos nace un nuevo retoño con el que buscan difundir el fruto de sus más de 400 años de vida, en un formato más abierto y adecuado a los tiempos modernos.

La Hermandad es un grupo que pervive en la historia, por lo tanto, es un grupo que busca perpetuarse manteniendo su esencia. Sus miembros son conscientes de que hoy, ahora, hay una extensa labor por realizar con el objetivo de dar a conocer lo que los vascos han sido y son en el mundo, y para ayudar a difundir la mejor imagen de nuestra nación, de nuestro pueblo y de nuestra cultura. Y quieren crear una herramienta que les permita colaborar en esa labor de una forma eficaz.

¿Cómo lo hacen? Pues impulsando el nacimiento de Limako Arantzazu Euzko Etxea. Un centro vasco que tendrá vida en Perú y vida en otros lugares de América y del mundo. Porque, como la Hermandad entendió hace mucho tiempo, asumen que en estos tiempos, los límites geográficos no deben ser un impedimento o un a limitación, sino una oportunidad.

Repetimos la pregunta ¿Cómo lo hacen? Pues de una forma extraordinaria. Como no podía ser de otra manera en una institución con su historia.

En su asamblea fundacional, en la que se aprobó el articulado de sus estatutos, también se aprobó una «declaración fundacional» en el que se recoge el espíritu que debe guiar ese centro vasco y que coinciden con los compromisos que el Lehendakari Aguirre pidió a los vascos en el mundo:

    • En su país, ser de entre todos los ciudadanos, los mejores.
    • Ser los más dignos representantes del Pueblo Vasco
    • Colaborar en la defensa de la Causa del Pueblo Vasco
    • Defender la Libertad, la Democracia y la Justicia Social en el mundo

Ellos explican cómo éste es el mensaje que Aguirre dejo en Perú, y éste es el compromiso que muchos vascos de este país adquirieron desde aquel momento. Un compromiso que renuevan a la hora de crear esta Euzko Etxea, y que definen como los ejes fundamentales de esta nueva organización. Hasta el punto de que  consideran que el día que ésta renuncie a uno de ellos, no tendrá razón de ser.

Es extraordinario ver cómo la Hermandad puede acudir a la historia del país para explicar su propia evolución. Empezando por el carlismo vasco, cuyas muy especiales características proyectan en la figura de Tomás Zumalacarregui, que abrazaron con entusiasmo en el siglo XIX, en el que coincidieron en el tiempo los profundos problemas de su patria de origen, con los que vivían ellos como institución. Recibieron con interés el mensaje de Sabino Arana, que desde el Carlismo evolucionaba hasta la idea de la creación de un estado-nación propio para los vascos, recuperando para la Patria su libertad originaria.  Así se mantuvieron hasta la llegada de Aguirre en su «gira americana» de 1942, en la que sembró en «tierra fértil» el mensaje de un nacionalismo vasco que miraba al futuro y que recogía la necesidad de que los vascos se comprometiesen tanto con la libertad de la Patria Vasca, como con la defensa de los derechos de todos los hombres.

Es su «declaración fundacional», para reflejar ese camino, la transformación vivida por esos vascos a lo largo de un siglo, desde mediados del XIX hasta mediados del XX, recurren a esos tres próceres de la Patria, que marcaron de forma definitiva la historia de nuestra Nación y que, de alguna manera, recogen la evolución vivida por los miembros de la Hermandad.

El nuevo Centro Vasco nace empapado de esa historia y enfocado al futuro. Como una herramienta nueva, brillante, moderna y abierta, pero enraizada en la historia de esta Hermandad que es, después de todo, un resumen de la de nuestra Patria. El nuevo centro va a pedir, nada más registrarse, su incorporación a la red de Euskoetxeak del Gobierno Vasco.

No resulta fácil explicar en toda su profundidad lo que esta declaración contiene, así que la compartimos, para que sea conocida.

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Un texto similar a éste, se ha incluido como «actualización» en el artículo original que escribimos en En febrero de 2018.