Mirentxu Amezaga

Marie (Mirentxu) Amezaga Clark. Nací en Paris, Francia, el 7 de mayo de 1938, hija mayor de Mercedes Iribarren y Vicente de Amezaga, exiliados vascos, originales de Las Arenas, Getxo y de Algorta, Getxo, respectivamente.

Después de que mis padres embarcaran para América, escapándose de las garras de los alemanes, a la edad de 2 años y medio fui a vivir con mis tíos y abuelo a Las Arenas, donde viví mi niñez.  Me reuní con mis padres en Montevideo, Uruguay, donde viví mi adolescencia. Fuimos a residir a Caracas, Venezuela, donde pase mi juventud. En esta ciudad conocí a mi futuro esposo Robert P. Clark. Nos casamos y vinimos a vivir a Washington, Estados Unidos. En este país hemos tenido tres hijos; Anne Miren, Kathleen y Robert Vincent; hice mi carrera universitaria graduándome de la Universidad George Mason con honores en el programa de BIS. Con un puñado de vascos residentes en el área metropolitana de Washington creamos el Centro Vasco de Washington “Euskalerria” el 4 de abril de 1982, que lamentablemente dejo de existir siete años después. Tuve la oportunidad de escribir el libro “Nere Aita”, 1992 bajo el programa del Gobierno vasco “América era Euskaldunak”.

Mi esposo y yo llevamos casados 56 años y somos abuelos de cuatro nietos.

El artículo que dedicamos a Uruguay dentro de esta serie que estamos publicando sobre el bicentenario de las independencias americanas , está escrito por Mirentxu Amézaga.  Una vasca que ha nacido en la Patria, pero que desde su infancia, ha vivido el exilio. Vasca, uruguaya, venezolana y norteamericana,  conoce muy bien la historia de los vascos de la diáspora americana, y la historia de las repúblicas de aquel continente.

Con relación a Uruguay, a lo largo de estos años hemos escrito en numerosas ocasiones historias ocurridas o relacionadas con la República oriental del Uruguay, en las que los vascos tenían un papel protagonista.

Hemos recogido la historia de las embarcaciones usadas por los prácticos del Puerto de Montevideo, algunas de las cuales llevan un nombre muy vasco: Ederra. Recordamos cómo la semilla del Árbol de Gernika arraigó en toda esta República y cómo un retoño fue plantado en Montevideo en 1919. Nos hemos sobrecogido con la historia del naufragio del velero “Leopoldina Rosa” el 9 de junio de 1842 en Cabo Polonio. En el que murieron 231 pasajeros de los 303 que viajaban en la goleta. La mayoría vascos y la mayoría mujeres y niños.

Y hemos descubierto historia de personas con raíces vascas que vivieron, prosperaron o sufrieron en aquel país:

Irma Ayçaguer Ciganda la vasca de Uruguay que plantaba arroz, proyectaba películas y creó una escuela rural.

Pascual Harriague, el vasco de Lapurdi que hace 200 años fue el impulsor y padre de la vinicultura uruguaya.

– Los problemas de adaptación de algunos vascos a la vida en ese “mundo de frontera” que era Uruguay en los inicios del siglo XIX.

– O les hemos visto cómo se divertían bailando en los “felices años 20”

En definitiva, hemos recogido historia sobre asuntos concretos. Pero poco sabemos de la historia de este país que se independizó tres veces: del Reino de España, de Brasil y de Argentina; ni de sus lideres entre los que destaca el federalista general José Gervasio Artigas que luchó contra el sometimiento al Reino de España, y que se enfrentó al centralismo de Buenos Aires una vez iniciado el proceso de independencia; ni de todos los vaivenes que tuvo esta joven república desde que el 1811 se dieron los primeros movimientos independentistas, hasta que se constituyera la República Oriental de Uruguay.

Es mucho lo que desconocemos de esta “tierra de gauchos”. Pero gracias a este artículo, ameno pero amplio, que Mirentxu Amézaga nos ha preparado para la serie bicentenario de las independencias americanas, tenemos una visión más clara de todo aquel proceso. Un proceso que, como podremos comprobar, está plagado de apellidos vascos.


HISTORIA DE LA INDEPENDENCIA DE LA REPUBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY

Marie (Mirentxu) Amezaga Clark

Mapa de Uruguay

La República Oriental del Uruguay, llamada así por su situación respecto al estuario del Rio de La Plata es un país exteriormente rodeando su costa con ondeantes playas y su interior cubierto de extensas y verdes praderas. Un país que nació para ser libre y lucho por ello muchas guerras en contra fuerzas militares superiores hasta conseguir su libertad.  En estas luchas por la independencia inmigrantes vascos y descendientes de vascos jugaron un papel importante a pesar de su limitado número.

Situado en la costa del suroeste de Sudamérica, es el segundo país más pequeño del continente y ha sido eclipsado política y económicamente por los países adyacentes de Brasil y Argentina. En el mapa se puede ver a Uruguay rodeado por sus dos grandes vecinos, pareciendo Uruguay diminuto, pero no lo es, escribe el historiador y novelista uruguayo Eduardo Galeano …” pero no realmente, nosotros tenemos cinco veces mas tierra que Holanda y cinco veces menos habitantes. Nosotros tenemos más tierra cultivable que Japón, y cuarenta veces menos población”. Y esta combinación de espacio libre y pequeña densidad de habitantes ha concedido a Uruguay muchas oportunidades para su desarrollo económico.

Hay indicios de población en la Banda Oriental desde varios miles de años atrás como lo testimonian los hallazgos de la Cultura Catalanense en el departamento de Artigas, datados de aproximadamente 10.000 años A. C., lo que la convierte en el yacimiento arqueológico humano más antiguo del país. También destacan los Cerritos de indios al este del territorio, con una antigüedad de 5000 años; también es revelador el yacimiento del Vizcaino, cerca de Sauce, rico en megafauna con marcas de herramientas líticas, lo cual indica la presencia humana hace varios miles de años en el lugar.

Antes de la llegada de los europeos, el territorio llamado ahora Uruguay tenía entre 5.000 y 10.000 habitantes. Los principales grupos que habitaban el país eran los seminomadicos indios; Charrúas, Chanaes y Guaraníes.

Los Charrúas en constante movimiento buscaban los recursos para mantenerse en diferentes áreas entre el cono sur de lo que es hoy Uruguay y adyacentes áreas Entre Ríos, en Argentina y Rio Grande do Sul, en Brasil. Ellos vivían de la pesca y de la caza. En verano se desplazaban a la orilla del rio para pescar y conseguir frutas y raíces e invernaban en tierra adentro cazando ciervos, ñandúes, usando sus únicas armas; el arco y la flecha de punta de madera, o de piedra, entre otras, y boleadoras; piedras conectadas a cuerdas que lanzaban para atrapar a sus presas. Vivían en bandas de ocho a doce familias viviendo en pueblos de cinco o seis tiendas construidas en piel. Eran verdaderos artistas para tallar y pulir las armas y utensilios de material lítico. Ellos combatieron por largos años a los españoles, logrando la muerte del primer europeo explorador que llego a Uruguay, el navegante Juan Diaz de Solís en 1516, que junto a otros exploradores fueron asesinados y comidos por los Charrúas o Guaraníes.

Los indios Chanas fueron un pueblo indígena vinculado a la etnia Charrúa que habitaba en la confluencia del rio Negro con el rio Uruguay. Hablaban el idioma Chana de la familia Charrúa. El aspecto físico y su cultura eran similar a la de los Charrúas.

Los indios Guaraníes habitaban en los bosques subtropicales al este de Paraguay, y tenían algunos asentamientos al norte del Uruguay.

Las misiones de Jesuitas y Franciscanos no se establecieron en Uruguay hasta aproximadamente 1620. Para ese entonces la población indígena estaba desapareciendo debido a las enfermedades traídas por los europeos.

Para el siglo XIX muy pocos grupos de indios sobrevivieron. La última gran escala de masacre de los indios ocurrió en la matanza de Salsipuedes al ataque que el 11 de abril de 1831 se realizó en contra indígenas charrúas en Uruguay, por parte de las tropas gubernamentales uruguayas al mando de Bernabé Rivera, sobrino del presidente Fructuoso Rivera. La drástica demográfica reducción de los charrúas no ocurrió hasta la primera administración del primer presidente del Uruguay, Fructuoso Rivera. El hecho es referido como punto culminante del exterminio del pueblo charrúa, cuya población venía siendo exterminada desde hacía siglos. Lograron la desaparición física del pueblo charrúa pero no su legado cultural. Basado en el informe de Rivera, el saldo fue de 40 indígenas muertos y 300 prisioneros. Entre las tropas hubo 9 heridos y un muerto.

Las autoridades uruguayas de la época consideraban que los remanentes de algunas tribus de charrúas, que se desplazaban libremente por los campos sobre todo en los territorios del norte, casi como en la época precolonial, constituían un “obstáculo” insalvable para la estructuración de una sociedad que debía organizarse.

Lo que se conocía como la Banda Oriental del Uruguay, era una región de tránsito entre una zona de vecinos hostiles por mucho de su historia colonial. Los portugueses por el norte en Brasil, los españoles por el oeste y Argentina por el sur.

El ganado de las regiones vecinas vagaba libremente en el territorio uruguayo, multiplicándose a través de los años hasta que el numero aumento a millones. Este proceso se dice originó en 1603, cuando el gobernador de Paraguay, Hernando Arias de Saavedra envió desde Asunción un numero de ganado y caballos rio abajo y los animales fueron desembarcados en la orilla del rio uruguayo.

La razón era la naturaleza del medio ambiente. Las llanuras planas cubiertas con hierbas altas de las verdes praderas eran hogar de rebaños de ganado salvaje y de los feroces nomadicos cazadores indios, los Charrúas. La región era visitada por los europeos cabalgando para incursiones breves en el ganado. Pero no había riqueza mineral para atraer a los colonizadores, y el paisaje no daba suficiente incentivo a los colonizadores para establecerse y cultivar la tierra.

Gaucho uruguayo 1880
Gaucho uruguayo 1880

Los gauchos los cazaban por sus pieles. La denominación “gaucho” recién se comienza a usar en las últimas décadas del siglo XVIII denominando un cierto tipo rural independiente y rebelde de origen criollo que no obedecía ni aceptaba las rutinas sociales y de trabajo impuestos por las autoridades. Hábil jinete y, por su vínculo con la proliferación de los vacunos, icono que representa la tradición nacional y costumbres rurales. En torno a su figura se formó la denominada literatura gauchesca, cuyo principal eje temático fue la denuncia de la injusticia social, que tuvo como puntos culminantes los libros; “El gaucho Martin Fierro” (1872) y “La Vuelta de Martin Fierro” (1879).

Los portugueses dieron el primer paso, mandando en 1680 colonizadores de Brasil para establecer Colonia Sacramento al norte del estuario del Plata inmediatamente opuesto de Buenos Aires. Era una medida de relativa poca importancia para Buenos Aires en este momento, pasan varias décadas antes de que los españoles reaccionaran. Pero en 1726 el gobernador de Buenos Aires estableció un asentamiento en Montevideo, también al norte del estuario, cercano al océano. La guarnición aquí estaba bien emplazada para interceptar a los barcos portugueses con ruta a Colonia Sacramento. La fundación de Montevideo señala una presencia española más agresiva en la región.

Montevideo fue fundada oficialmente el 24 de diciembre de 1726 por el capitán Bruno Mauricio de Zabala, llamado “Brazo Fuerte”, comisionado por las autoridades establecidas en Buenos Aires, para servir como fortaleza militar, pasando rápidamente a ser su puerto un centro comercial para poder competir con Buenos Aires. La nueva fundación recibió inicialmente el nombre de Fuerte San José y luego de San Felipe y Santiago, aunque el lugar era conocido de antiguo por los españoles como Montevideu, nombre tal vez derivado del termino “monte videum” usado por quien avizorara por primera vez el cerro existente en sus costas, Miguel de Triana.

El armador vizcaíno Francisco Alzaibar, empresario y armador nativo de Arteta, Bizkaia, quien despacho a bordo del navío “Nuestra Señora del Encina” el primer grupo de colonos de las Islas Canarias que vino a establecerse en Montevideo donde arribaron el 19 de noviembre de 1726. Se radicó en la ciudad e hizo una fortuna considerable en campos y ganados, y cooperó eficazmente al fomento de Montevideo en su etapa inicial, debiéndose principalmente a sus donativos la construcción de la primera Iglesia Matriz en 1740, y consagrada en 1804. Hoy es la Catedral metropolitana Inmaculada Concepción y San Felipe y Santiago de Montevideo. Situada frente al Cabildo y donde están enterrados personas importantes, entre ellos Larrañaga y Lavalleja, inhumadas dentro de los muros de este templo catedralicio.

Mapa y vista de Montevideo hacia la década de 1760
Mapa y vista de Montevideo hacia la década de 1760

 

En 1776 la Banda Oriental se convierte en parte del virreinato del Rio de La Plata, teniendo como capital a Buenos Aires, sin embargo, Montevideo todavía podía mandar cargamentos directamente a España en vez de enviarlos primero a Buenos Aires.

Para 1800 había aproximadamente 10.000 habitantes en Montevideo y otros 20.000 en el resto de Uruguay. Cerca de un tercio del total eran esclavos africanos, trabajando en las estancias y saladeros. La clase media pequeña en número sigue creciendo e incluye comerciantes, artesanos, y oficiales del ejercito de antecedentes mestizos y europeos. La mayoría de la élite residía en vascos, catalanes y españoles de las Islas Canarias, y de otras partes de España.

Montevideo, con sus militares españoles y sus contingentes navales, era una fortaleza monárquica cuando en 1810 brotó en Buenos Aires un movimiento de independencia. Dentro de la Banda Oriental la lucha en contra a España fue dirigida por José Gervasio Artigas, (1764-1850) estadista, militar, jefe de los Orientales, y protector de los pueblos libres, comandante de los Blandengues, inicialmente eran milicias de criollos de caballería.

Hasta ahora los gauchos vivían del pastoreo de ganado en las Pampas de Uruguay, así como en Argentina y Paraguay, pero cuando Argentina y Paraguay afirman su independencia de España, es el gaucho quien toma las riendas en Uruguay.

General José Gervasio Artigas
General José Gervasio Artigas

En febrero de 1811, cuando Francisco Javier Elio, soldado español, gobernador de Montevideo y el ultimo viceroy del Rio de La Plata (1807-1809) preparó la ofensiva contra Buenos Aires, el interior de la Banda Oriental, dirigido por el capitán de los Blandengues, José Gervasio Artigas se levantó en oposición a Elio, y ofreció sus servicios a Buenos Aires. Artigas entonces de cuarenta y seis años, era hijo de una familia que se había establecido en Montevideo en 1726. Influenciado por el federalismo, Artigas estaba insatisfecho con la administración del ex gobierno colonial de Buenos Aires, particularmente con la discriminación en contra a Montevideo en cuanto a los asuntos comerciales.

El 28 de febrero de 1811 a las orillas del arroyo Asencio los criollos de la Banda Oriental, decidieron emprender las primeras acciones revolucionarias contra las autoridades realistas españolas de Montevideo, adhiriendo a la Junta de Buenos Aires, con los que se conoce como el “Grito de Asencio” que fue el triunfo de los orientales en armas dirigidos por Venancio Benavidez y Pedro Viera frente a los españoles.

Este hecho militar implica la desobediencia al poder españolista impuesto desde Montevideo, permitió la toma de la villa de Mercedes y Santo Domingo de Soriano por los rebeldes que apoyaban el pronunciamiento de la Junta de Buenos Aires, configurando la “admirable alarma” el comienzo de la revolución oriental en la campaña que empezaba a conmover a las masas y mostrar ya su signo más evidente: su carácter predominantemente rural. Así comienza un proceso de división en el territorio oriental entre la ciudad españolista y la campaña revolucionaria.

En enero de 1811 Elio llegó a Montevideo desde España con el titulo de Virrey, y desde ese momento se inician los preparativos para declarar la guerra a Buenos Aires, lo que hará el 12 de febrero. Para ello toma una serie de medidas fiscales que le permitan hacerse de recursos: regularización de títulos de propiedad de tierras para el pago de contribución, solicitud de donativos patrióticos, impuestos a las importaciones de cuero, tabaco, control del contrabando permitiendo el comercio solo a buques autorizados y a través de intermediarios nacionales.

Estas medidas perjudicaban a hacendados, comerciantes, barraqueros y navieros en su actividad mercantil que venía decayendo por la situación de la crisis y el control español del comercio, ya que impedía el comercio con los ingleses. A estas medidas fiscales se suman los empréstitos forzosos al clero, empleados y propietarios, artesanos, hacendados, comerciantes, y el uso de la fuerza para coaccionar a los pueblos a reconocer la autoridad de Montevideo. Como consecuencia, algunos jefes militares al servicio del gobierno español, pero con asidero en campañas oriental, se pasan al bando revolucionario, como es el caso de José Artigas el 15 de febrero de 1811, quien abandonó la guarnición realista de Colonia de Sacramento y se puso bajo las ordenes del gobierno de Buenos Aires, que le ordenó retornar a la Banda Oriental con auxilios para los levantamientos en la campaña.

A principios de 1813, después de que Artigas volvió a la Banda Oriental, emergiendo como campeón del federalismo en contra al centralismo unitario de Buenos Aires, el nuevo gobierno en Buenos Aires convocó una asamblea constituyente y bajo las instrucciones de Artigas, propuso una serie de directivas políticas, más tarde conocidas como “Instrucciones del Año Trece”. Estas directivas incluían la declaración de la independencia de las colonias y la formación de una confederación de provincias del anterior Virreinato del Rio de La Plata (disuelto en 1810 cuando fue declarada la independencia). Esta formula inspirada por la Constitución de los Estados Unidos, hubiera garantizado política y económicamente autonomía para cada área, particularmente la Banda Oriental con respecto a Buenos Aires. Sin embargo, la asamblea rehusó asentar los delegados de la Banda Oriental y de Buenos Aires continuando un sistema basado en centralismo unitario.

El día 24 de febrero llegó la esperada noticia, la declaración de guerra por parte de Buenos Aires. Ya para el 26 de febrero los patriotas, ocultos en un bosque sobre el arroyo Asencio en el actual Departamento de Soriano, llegaban a unos trescientos.

Tres días después, el 27 de febrero el contingente de revolucionarios comandado por Pedro José Viera decidió emprender las primeras acciones. Al día siguiente tomó la cercana población de Mercedes y Santo Domingo Soriano. El incipiente movimiento recibió un fuerte impulso con la incorporación de Artigas, que prontamente se convirtió en el líder de la revolución en la Banda Oriental.

Muchos gauchos enarbolaron las ideas de José Gervasio Artigas, totalmente revolucionarias en la región, que mezclaban los contenidos de la ilustración francesa y la independencia de Estados Unidos sobre el legado político y cultural de los españoles. Los gauchos, junto a los indígenas y otros campesinos, ayudaron a cuajar el primer gobierno federal en la inmensa región del Rio de La Plata, conformando la Unión de los Pueblos libres dentro de las Provincias Unidas del Rio de La Plata, mas apropiadamente un conjunto de provincias confederadas al margen del centralismo de Buenos Aires.

El gobernador Elio designó al capitán de fragata José Posadas, jefe de las fuerzas regulares que guardaban la Plaza fuerte realista. Posadas instaló su cuartel general en San Isidro Labrador de Las Piedras, en las cercanías de Montevideo, para librar allí un enfrentamiento decisivo contra los revolucionarios.

Entre tanto José Artigas se ubicó en la villa de Nuestra Señora de Guadalupe, capilla, hoy día convertida en Catedral. En esta villa se creó la primera bandera nacional (1828) y es por eso por lo que la Virgen es acompañada por una bandera uruguaya.

Los artiguistas tenían un ejercito de 1.000 hombres mientras los realistas constituían 1.230 personas, de las cuales cerca de doscientos desertaron y pasaron al bando revolucionario rioplatense en medio del fragor de la lucha. Los soldados españoles era profesionales, disponían de artillería y de los fusiles más modernos de la época. Estaban preparados para realizar maniobras militares complejas y sacar el máximo partido al armamento que poseían. La milicia artiguista estaba formada, en su mayoría, por hombres de campo desertores de las filas realistas.

A pesar de que la altura favorecía a los españoles, fue Artigas el que dio el primer paso: hacia las once de la mañana del 18 de mayo, envió parte de la infantería bajo el mando de Antonio Pérez. En respuesta Posadas ordeno abrir fuego contra el grupo, que se batió en retirada. La infantería española abandonó su ventajosa posición para perseguir a los revolucionarios. El primo de José Artigas, Manuel Artigas, al mando de unos 600 jinetes armados con boleadoras y picanas, ataco la retaguardia de Posadas por la izquierda, y así atrapo al ejército español entre dos fuerzas: la caballería y la infantería, que ceso la retirada y volvió a la lucha.

La batalla se alargó durante varias horas, hasta las 5 de la tarde, cuando las tropas españolas empezaron a abandonar sus puestos, el capitán José Posadas izó una bandera blanca y entregó su espada a Artigas, importante hecho simbólico para la revolución. Así el ejército de Artigas logró su más importante victoria en contra a los españoles en la Batalla de Las Piedras el 18 de mayo de 1811.

Óleo de Juan Manuel Blanes sobre la Batalla de las Piedras
Óleo de Juan Manuel Blanes sobre la Batalla de las Piedras

Fue un triunfo importante para Artigas y como consecuencia de este triunfo, el ejército patriota logró avanzar y sitiar la ciudad de Montevideo que se encontraba en poder de los españoles.

Sin embargo, la victoria de Las Piedras será contrarrestada por la invasión portuguesa de la Banda Oriental, promovida por las fuerzas de Elio.

Éxodo Oriental

El Éxodo del Pueblo Oriental es un acontecimiento histórico sin igual, el cual marca el nacimiento de sentir oriental del pueblo uruguayo. Luego del levantamiento del Sitio de Montevideo, habitantes de la Banda Oriental siguieron a Artigas en una emigración colectiva hasta el Salto Chico del rio Uruguay.

En octubre de 1811, el ejercito artiguista triunfante en la Batalla de Las Piedras, que habían debido levantar poco antes el Primer Sitio de Montevideo ocupado por las fuerzas del Virrey Francisco Javier Elio; había constituido campamento en las márgenes del Rio San José, cerca de la ciudad de San José de Mayo.

El campamento albergaba junto a los milicianos de Artigas, una gran cantidad de civiles, incluyendo mujeres y niños, muchos de ellos familiares de los soldados, que se habían unido al ejercito al levantarse el Sitio a consecuencia de las negociaciones de armisticio entre Elio y la junta de Buenos Aires. Se alojaban principalmente en carretas y carros. Menudeaban los fogones, en que se preparaban las comidas en grandes ollas o asando carne asada.

La firma del Armisticio, al retirársele el apoyo de la junta de Buenos Aires, colocaba al campamento oriental en una situación insostenible, a merced de las fuerzas españolas de Montevideo.

La columna partió de los montes del Rio San José hacia el noroeste, y luego continuó la trayectoria para lela al Rio Uruguay hacia el norte, produciéndose constantes incorporaciones de familias paisanas, con laso que finalmente formo para de ella la casi totalidad de las poblaciones criollas de la Banda Oriental. Les tomó varios días atravesar el Rio Negro en el Paso del Yepeyu, reiniciándose la marcha el día 13 de noviembre hacia Paysandú, por donde pasaron el de ese mes.

Describiendo literalmente el desplazamiento de la columna, escribió  el máximo representante de la poesía uruguaya, Juan Zorrilla de San Martín: “La marcha es penosa y lenta. Unos van a caballo, otros a pies, los otros en vehículos mas o menos groseros: carros destechados o cubiertos de fueron rastras tiradas por caballos, acémilas cargadas…la carretera primitiva se mueve oscilante, dando tumbos y crujiendo; parece que, con sus ojos de madera y sus ruedas macizas, se lamenta dolorida, largamente, de la dura tracción de los bueyes. La patria peregrinante.”

"Revista das Tropas Destinadas a Montevidéu na Praia Grande" - Embarque de la Infanteria portuguesa,en Ponta da Areia, Praia Grande, Rio de Janeiro, el 7 de Junio de 1816.
“Revista das Tropas Destinadas a Montevidéu na Praia Grande” – Embarque de la Infanteria portuguesa,en Ponta da Areia, Praia Grande, Rio de Janeiro, el 7 de Junio de 1816.

En agosto de 1816 un poderoso ejercito del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve invadió la Provincia Oriental por mar y tierra, en conocimiento de que el gobierno de las Provincias Unidas del Rio de la Plata tenía prácticamente la totalidad de sus recursos dedicados a afrontar las acometidas realistas procedentes del Alto Perú e incluso, del recuperado Chile.

El 4 de enero de 1817 el vizconde de la Laguna, Carlos Federico Lecor, un destacado militar y administrador colonial portugués tomo la ciudad de Maldonado, tomando contacto con la escuadra portuguesa del Conde de Vianna, acordando las operaciones para la toma de Montevideo y estableciendo su cuartel general de operaciones en Pan de Azúcar. Producidas las derrotas de las fuerzas artiguistas en el Este y la subsiguiente victoria de los luso-brasileños sobre los orientales en el Norte de la Banda Oriental, José Artigas resolvió retirar sus tropas de Montevideo. El camino se había abierto para Lecor, que intimaría la rendición de la plaza.

Lecor ocupó en 1817 la ciudad de Montevideo, que en esos momentos formaba parte de las Provincias Unidas del Rio de La Plata y logró que sus habitantes aceptasen la protección de la corte portuguesa.

El Gobernador Miguel Barreiro y el Regidor Joaquín Suarez, que ejercían el Gobierno de Montevideo abandonan la ciudad, marchando con sus fuerzas y numerosas familias leales al artiguismo, hacia el rio Santa Lucia. La precipitación de la retirara impidió cumplir con las disposiciones de Artigas sobre la destrucción de las murallas y fortificaciones de Montevideo.

El 20 de enero Lecor hizo su entrada en la ciudad y el Procurador General hace la entrega de las llaves de la ciudad que suplicándole sumisamente le pidió tuviera la bondad de hacerle el gusto, de que en cualquier caso o evento que se vea en la necesidad de evacuarla, no las entregue a ninguna otra autoridad ni potencia, que no sea el mismo Cabildo de quien las recibe, como autoridad representativa de Montevideo y de toda la Provincia Oriental, cuyos derechos ha reasumido por las circunstancias.

Lecor contesto que lo haría presente a Su Majestad Fidelísima Juan VI de Portugal, tomo posesión efectiva de la plaza y mando izar la bandera de Portugal en todos los edificios públicos, en medio de salvas y repiques de campanas, mientras a su paso rivalizaban las señoras de las familias de “gente principal” en el aplauso y el arrojar ramillete de flores. Poco después abría el puerto al comercio libre, que pronto vio disputarse lugar en los muelles y en la rada, a los navíos mercantes de la Gran Bretaña que esperaban impacientes en el Rio de La Plata, la codiciada plaza. Este tratado de libre comercio, neutralizo el control que pretendía imponer Buenos Aires sobre el comercio de las Provincias de la Liga Federal, abriendo los ríos interiores al comercio británico aliado histórico ce los lusitanos y brasileños.

Si bien la provincia había sido ocupada militarmente y las llaves de su capital entregadas al ocupante por representantes locales, la situación formal de la misma no se encontraba regularizada. El gobierno del rey Juan VI de Portugal, ordenó que se consultara a los habitantes de la provincia sobre que destino deseaban para su patria: “si se unen de vez cordial y francamente al reino del Brasil; si prefieren incorporarse a alguna de las otras Provincias; o finalmente se constituye en Estado independiente”.

El gobernador Lecor recibió instrucciones del Ministro de Negocios Extranjeros de Portugal, Silvestre Pinheiro Ferreira, de convocar a un Congreso de lugareños para decidir su destino. Lecor manipuló la situación de manera tal que los congresistas le fueran adictos y obtener así un pronunciamiento favorable a la incorporación a Portugal. Él se había rodeado de un grupo de orientales el llamado Club del Barón, nombre con que se denominó a una elite cercana al gobernador Carlos Federico Lecor, el entonces barón de la Laguna, que pronto olvidaron los ideales artiguistas para convertirse en fieles servidores de la corona portuguesa.

El Congreso Cisplatino fue una asamblea de habitantes de la entonces Provincia Cisplatina celebrada en el 15 y 31 de julio de 1821, que convalido la ocupación de esta por el Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve y la declaró parte de este.

Sello con la imagen de Damaso Antonio Larrañaga
Sello con la imagen de Damaso Antonio Larrañaga

En la mañana del 15 de julio en el edificio del Cabildo quedó formalmente instalado el congreso con 16 miembros. Lo presidía Juan José Duran, siendo su vicepresidente el sacerdote Damaso Antonio Larrañaga, arquitecto, estanciero, naturalista y botánico uruguayo, uno de los principales responsables de la fundación de la Biblioteca Nacional y contribuyente de la creación de la Universidad de la República.

De las tres formulas puestas a su consideración el Congreso consideró en primer término la independencia, para desecharla por impracticable o inconveniente en la situación en que se hallaba entonces la Provincia; de allí que por descarte se inclinara a su incorporación a Portugal, mas bien por un motivo circunstancial que por razones permanente de índole histórico-políticas.

Las palabras de Larrañaga dan la tónica cabal de este sentimiento:

El dulce nombre de la Patria debe enternecernos; pero el patriota no es aquel que invoca su nombre sino el que aspira a librarla de los males que la amenazan. Hemos visto invocado este sagrado nombre por diferentes facciones que han destruido y aniquilado al país; después de diez años de revolución estamos muy distantes del punto céntrico de que hemos salido. A nosotros no toca ahora conservar los restos de ese aniquilamiento casi general; si lo consiguiésemos, seremos unos verdaderos patriotas”.

Ideas análogas profesaba también Fructuoso Rivera, quien no entendía viable circunstancialmente la “independencia absoluta”, sino una “independencia relativa”. Jerónimo Pio Bianqui expreso que:

hacer de esta Provincia un Estado es una cosa que parece imposible en lo político por falta de medios para sostener su independencia y gobernarse en orden y sosiego; por consiguiente, debía formar parte de otro Estado. Descartados Buenos Aires, el Entre Ríos y España por diversas razones, no queda otro recurso que la incorporación a la monarquía portuguesa bajo una constitución liberal, lo que libraría a la Provincia de la anarquía”.

El 18 de julio el Congreso votó por unanimidad la incorporación a Portugal. El 28 de julio el Congreso confirió a los diputados Rivera y Jerónimo Pio Bianqui la distinción de llevar las actas de incorporación al máximo jerarca de la ocupación, Lecor. El 30 de julio ambos mensajeros se presentaron al Congreso expresando que habían entregado el pliego.

Finalmente, a propuesta de Larrañaga, el 31 de julio se aprobaron las bases del “pacto de incorporación” al reino unido de Portugal, Brasil y Algarve, bajo trece términos.

Los limites que se fijaron fueron: por el Este, el Océano Atlántico; por el Sur, el Rio de La Plata; por el Oeste, el Rio Uruguay; y por el Norte el rio Cuareim hasta la Cuchilla de Santa Ana.

La Cruzada Libertadora es la denominación histórica que se le suele dar al movimiento liderado por Juan Antonio Lavalleja, militar político uruguayo que se inició con el desembarco de los Treinta y Tres Orientales el 19 de abril de 1825.

Desde 1824 un grupo de destacados orientales conspiraba dentro de Buenos Aires con el propósito de organizar un movimiento capaz de devolver a la Banda Oriental su estatus de Provincia de las Provincias Unidas del Rio de La Plata.

La primera reunión para iniciar un movimiento armado se realizo en 1820, cuyos participantes fueron Manuel e Ignacio Oribe, Pedro Trapani y varios más. Contando estos conspiradores con la tolerancia del gobierno bonaerense, que decidió no interferir en sus actividades peses a las reiteradas protestas brasileñas, además del gran respaldo de parte del sector de saladeristas porteños entre ellos Juan Manuel Rosas, que tenia aristas de caudillo y cuya figura crecería claramente en peso político.

A primeros de 1823 Lavalleja encomendó a Gregorio Sanabria, quien en 1825 seria un de los Treinta y Tres, para que desde Buenos Aires pasara a Colonia, San José y Soriano, donde contacto con varios patriotas, preparando la gesta libertadora.

Durante todo el año 1824 los patriotas trabajaron intensamente, impulsados fundamentalmente por Lavalleja, Oribe y Trapani, contactando a muchos orientales exiliados en 1825 a Buenos Aires, llegando también a comunicarse con algunos lideres continentales, Bolívar entre ellos.

El apoyo por parte del sector saladerista fue decisivo, pues permitió que el movimiento tuviera amplia financiación, siendo un monto total de 150 mil pesos (gran cantidad para la época). Este compromiso por parte del sector saladerista se debía principalmente a la necesidad, de este incipiente mercado, de contar con la gran riqueza pecuaria de la Banda Oriental, que tradicionalmente era un de sus fuentes básicas de materia prima. Desde la invasión luso-brasileña las vacas orientales eran vendidas masivamente hacia el sur de Brasil, donde funcionaba una prospera industria saladeril. Esta situación no era favorable para los intereses de los empresarios porteños, y actuaron en consecuencia apoyando a la Cruzada Libertadora.

Los conspiradores decidieron pasar a la acción a partir del 21 de enero de 1825, cuando el general Antonio José Sucre derrotaba a las ultimas fuerzas realistas en la Batalla de Ayacucho y culminó el proceso de la independencia anticolonial. En ese panorama, los orientales, dolidos debido a que su tierra era la única que permanecía bajo el yugo imperial brasileño, decidieron actuar.

El desembarco

La Playa de la Agraciada es un arenal estrecho y bajo sobre el Rio Uruguay, de 13 kilómetros de largo, ubicada en el Departamento de Soriano, y aquí desembarco el 19 de abril de 1825, la expedición militar de los llamados Treinta y Tres Orientales, al mando de Juan Antonio Lavalleja y Manuel Oribe, con el objeto de expulsar al ejército imperial brasileño que ocupaba la Provincia Oriental, llamada en ese momento por los brasileños Provincia Cisplatina.

El Juramento de los Treinta y Tres Orientales, Juan Manuel Blanes. Museo Juan Manuel Blanes.
El Juramento de los Treinta y Tres Orientales, Juan Manuel Blanes. Museo Juan Manuel Blanes.

Los celebres Treinta y Tres orientales, fueron el estado mayor de un movimiento largamente preparado que se movilizó en una Banda Oriental altamente volátil y levantisca. De modo que todos ellos fueron, de alguna forma, lideres. Pero hay tres figuras que es necesario destacar: Lavalleja, Pedro Trapani y Oribe. Sobre ellos se podría decir que, Lavalleja, por un lado, fue el máximo gestor del movimiento, Oribe por el otro eran un combatiente desde tiempos artiguistas que buscaba la libertad de su pueblo oriental por vías militares encargado de proveer al movimiento de armas y por último Pedro Trapani que el administrador del movimiento y el representante de dicho movimiento en Buenos Aires. Otro de sus más influyentes partícipes fue el sargento mayor Pablo Zufriategui, el de mayor rango militar luego del general Lavalleja, quien sería designado Jefe de Estado Mayor del futuro ejército.

El 1 de abril de 1825 Lavalleja y sus hombres embarcaron en San Isidro, localidad bonaerense ubicada sobre la costa del Rio de La Plata, pocos kilómetros al noroeste de la ciudad de Buenos Aires, y avanzaron cuidadosamente por las islas del delta del Paraná y aguardaron semanas el arribo de los restantes conjurados, evitando la vigilancia de la flota brasileña. Por la noche, cruzaron el Rio Uruguay en dos lanchas y desembarcaron en la playa de la Agraciada la madrugada del día 19 de abril. En el momento de pisar la tierra oriental en el medio de expresiones y besos, eran 33 hombres según el recuerdo de todos los sobrevivientes. En la playa los esperaban los baqueanos (guías por senderos inhóspitos) Basilio Araujo y Echeveste, y unas horas mas tarde -de eterna ansiedad- los hermanos Ruiz, vecinos terratenientes del lugar, llegaron con la caballada y otros hombres se sumaron a la revolución que recién empezaba. Allí desplegaron la bandera de tres franjas horizontales azul, blanca y roja, colores tradicionales usados desde los tiempos de Artigas, en la que se leía en la franja blanca, la consigna de “Libertad o Muerte”. Según uno de los Cruzados, Juan Spikerman recordaba la siguiente consigna del líder Lavalleja luego de desembarcar:

“Amigos, estamos en nuestra Patria. Dios ayudara nuestros esfuerzos, y si hemos de morir, moriremos como buenos en nuestra propia tierra. ¡Libertad o Muerte!”.

La asamblea de la Florida

Lavalleja convocó a los pueblos para que decidiera la formación de un gobierno provisional, el que, bajo la presidencia del Capitán Manuel Calleros, comenzó a actuar el 14 de junio en la Florida.

Este gobierno provisional convocó a una Sala de Representantes de los cabildos de todos los pueblos de la provincia, la que inició sus funciones el 20 de agosto bajo la presidencia de Juan Francisco Larrobla. El 25 de agosto de 1825 esta representación declaró unánimemente la independencia de la Provincia Oriental con respecto a Brasil, así como la unión a las Provincias Unidas del Rio de La Plata.  Y se declararon otras leyes más;

Asamblea presidida por Lavalleja, conocida como «de la Florida», en la que figuran los treinta y tres orientales. 25 de agosto de 1825. Óleo, conservado en el Palacio del Senado de Montevideo, obra de Pedro Blanes Viale.
Asamblea presidida por Lavalleja, conocida como «de la Florida», en la que figuran los treinta y tres orientales. 25 de agosto de 1825. Óleo, conservado en el Palacio del Senado de Montevideo, obra de Pedro Blanes Viale.

La Ley de Independencia (…) írritos, nulos, disueltos y de ningún valor para siempre, todos los actos de incorporación, reconocimientos, aclamaciones y juramentos arrancados a los Pueblos de la Provincia Oriental, por la violencia de la fuerza unida la perfidia de los intrusos poderes de Portugal y el Brasil (…) libre e independiente del Rey de Portugal, del Emperador del Brasil y de cualquiera otro del universo y con amplio y plenos poder para darse las formas que en uno y ejercicio de su Soberanía, estime convenientes.

La Ley de Unión; queda la Provincia Oriental del Rio de La Plata unida a las demás de este nombre en el territorio de Sud América, por ser libre y espontanea voluntad de los Pueblos que la componen, manifestada con testimonios irrefragables y esfuerzos heroicos des el primer periodo de la regeneración política de dichas Provincias. Dado en la Sala de Sesiones de la Representación Provincial, en la villa de San Fernando de la Florida, a los veinticinco días del mes de agosto de mil ochocientos veinticinco.

La Ley de Pabellón Establecía, como enseña de la Provincia, un pabellón: compuesto de tres franjas horizontales, celeste, blanco y punzo, por ahora, hasta tanto que, incorporados los diputados de esta Provincia a la soberanía nacional, se enarbola el reconocido por el de las unidades del Rio de La Plata a que pertenece.

La Ley de Vientres declaraba que los hijos de esclavos nacerían libres.

Además de aprobar estas leyes, la Sala de Representantes designo a Lavalleja, Capitán general y gobernador de la provincia y eligió dos diputados para incorporarse al Congreso Constituyente de las Provincias Unidas que sesionaba en Buenos Aires.

Mientras ocurrían estos hechos, el 4 de septiembre de 1825, Rivera obtuvo una aplastante victoria militar en la Batalla del Rincón en el Rincón de las Gallinas (actualmente departamento de Rio negro) sobre una partida brasileña; y el 12 de octubre de ese mismo año, Lavalleja, en una carga de caballería que lo haría legendario en la Batalla de Sarandí, en la cual venció al núcleo brasileño.

Batalla de Sarandi contra los brasileños
Batalla de Sarandi contra los brasileños

A estas dos victorias se le debe de sumar varias más, la de la Toma de la Fortaleza de Santa Teresa obtenida el 31 de diciembre de 1825 y la de la Batalla del Cerro, el 9 de febrero de 1826, llamada también batalla del Pantanoso. Las fuerzas sitiadas de Lecor intentaron una salida a manos del comandante Pita, tratando de romper el sitio, pero Oribe, con tropas exclusivamente compuestas por orientales, los derroto completamente.

El 25 de octubre de 1825, 13 días después de la batalla de Sarandí, el Congreso General de las Provincias Unidas determinó que se reconocía a la Provincia Oriental.

“…de hecho reincorporada a la República de las Provincias Unidas del Rio de La Plata a que por derecho ha pertenecido y quiere pertenecer. En consecuencia, el gobierno que encarga del Poder Ejecutivo Nacional proveerá a su defensa y seguridad.”

Constitución de Uruguay de 1830

El 18 de julio de 1830 se juró la primera Constitución nacional de la actual República Oriental del Uruguay. Esta estableció un Estado Unitario, republicano y confesional; la religión oficial era la católica. La ciudadanía estaba restringida a los propietarios y alfabetos; se excluía a los asalariados y a los analfabetos.

El trabajo de la Comisión fue presentado a la Asamblea el 5 de junio de 1829 y aprobado por la misma el 10 de setiembre del mismo año. El 18 de julio de 1830, el pueblo oriental juró solemnemente su Primera Constitución. Como consecuencia de la entrada en vigencia de esta, se disolvió la Asamblea y pasó a funcionar el parlamento bicameral existente hasta el día de hoy.

Esta Constitución se basó en las constituciones de Francia y Estados Unidos. Esta fecha es considerada una de las mas importantes en la historia del país, por lo que la principal avenida de Montevideo y de la mayoría de las ciudades y pueblos llevan el nombre 18 de julio.

Integrada por 28 miembros, la Comisión de Asuntos Constitucionales fue presidida por Jaime Zudáñez e integrada, además por José Ellauri (secretario), Luis B. Cavia, Cristóbal Echevarriarza y Solano García. Otros miembros de la Asamblea que tuvieron destacada participación en la elaboración de la Constitución fueron Miguel Barreiro, Juan Benito Blanco, Pedro Berro, Luis Eduardo Pérez, Alejandro Chucarro, Lázaro Gadea, Ramon Massini, Juan María Pérez y Lorenzo Justiniano Pérez. El trabajo de la Comisión fue presentada a la Asamblea al 6 de mayo de 1829 y aprobado por la misma el 10 de setiembre del mismo año.

La constitución restringió el voto y proclamó la religión Católica como religión oficial y dividió el territorio en nueve jurisdicciones administrativas conocidas como departamentos. Desde 1885 hasta el presente el territorio de Uruguay está repartido en 19 departamentos. En cada uno de ellos un intendente ostenta el poder ejecutivo, el cual es elegido por sufragio universal directo para un mandato de 5 años; mientras que el poder legislativo queda a cargo de los ediles de la Junta Departamental.

Uruguay lucho bravíamente contra los españoles, brasileños y portugueses y D. Francisco Acuña de Figueroa, el autor del Himno Nacional Uruguayo, expreso muy bien en su lirica;

Orientales la patria o la tumba! ¡Libertad o con gloria morir! …Libertad, libertad Orientales, este grito a la Patria salvó que a sus bravos en fieras batallas, de entusiasmo sublime inflamo.”

Participación vasca en la formación de la nueva República Oriental del Uruguay

La presencia vasca durante el proceso de la independencia esta estampada en la firma de la primera Constitución de Uruguay en la que varios de los constituyentes eran vascos o descendientes de vascos. El fundador de la capital de Uruguay fue un vizcaíno Bruno Mauricio de Zabala, y el primer gobernador, el alavés José Joaquín de Viana, y más nombres el gobernador del Rio de La Plata, vizcaíno José de Andonaegui, Juan de Achucarro, que sumaran a la historia de Uruguay, además de vascos que colaboraron en diferentes ramas en mejorar la vida de Uruguay.

Plaza en Montevideo dedicada a su fundador, el bizkaino Bruno Mauricio de Zabala
La plaza Zabala, dedicada al fundador de la ciudad de Montevideo, el vizcaíno Bruno Mauricio de Zabala. Es de las pocas plazas montevideanas que mantiene sus verjas y portones de hierro. Se emplaza donde antiguamente se encontraba el Fuerte de la ciudad amurallada. La estatua ecuestre de Zabala obra del escultor español Lorenzo Coullant con la colaboración del arquitecto vasco Pedro Muguruza Otaño fue inaugurado el 27 de diciembre de 1931 en la plaza del mismo nombre.

Bruno Mauricio Zabala, natural de Durango, Bizkaia, fundador de Montevideo, capital del Uruguay.

Damaso Antonio Larrañaga, sacerdote de padre vasco, de Azkoitia, Gipuzkoa. Tuvo una relevante actuación en el nacimiento de Uruguay.

José Joaquín de Viana, original de la Villa Alavesa de Lagran, coronel y primer gobernador de Montevideo en dos ocasiones.

José de Andonaegui, original de Marquina, Bizkaia, gobernador del Rio de La Plata.

Pablo José Zufriategui, de padres vascos, su padre original de Eibar, Gipuzkoa, y su madre, Catalina Mas de Ayala. Coronel. Integrante de la Cruzada Libertadora de los 33 Orientales. Capitán del Puerto de Montevideo y de la Asamblea Constituyente y Legislativa. Diputado. participo en las guerras de independencia.

Francisco Alzaibar de Arteta, Bizkaia, coopero al fomento de la ciudad y en la construcción de la Catedral metropolitana.

José Longinos de Ellauri, padre nacido en Zeanuri, Bizkaia.

Juan Achucarro, natural de Galdácano, Bizkaia en 1711 y muere en Montevideo 1768.

Cristóbal Echevarriarza, de padre vasco.

José Antonio Zubillaga, de padre vasco.

Juan Francisco Giro, madre vasca, Antonia María Zufriategui y Mas de Ayala, cabildante, integrante de la Asamblea General Constituyente y Legislativa.  Presidente de la República Oriental del Uruguay (4th, 1 de marzo 1852-25 de setiembre de 1853).

José Longinos Ellauri, de padre vasco.

Echeveste, de padres vascos.

Estos constituyentes e inmigrantes vascos de la naciente Uruguay impregnaron con su espíritu y cultura étnica el futuro de Uruguay en diferentes aspectos, como creando instituciones vascas y también ayudando al crecimiento del país naciente.

En los tiempos de la colonización de América surgieron instituciones vascas en Perú (Cofradía de Aránzazu), en México (Colegio de las Vizcaínas), y fue a finales del siglo XIX coincidiendo con la emigración masiva a América, cuando la mayoría llegaba a las costas rioplatenses de Argentina y Uruguay se comenzaba a gestar los centros vascos como los conocemos hoy en día. No se sabe a ciencia cierta cuál fue el primero, pero se cree que fue el de Montevideo, el “Laurak Bat”, fundado en diciembre de 1876, hoy desaparecido. Montevideo hoy en día tiene dos Centros Vascos; el “Euskaro Español” fundado el 29 de junio de 1911, y “Euskalerria” fundado el 3 de marzo de 1912.

Los centros vascos han sido punto de encuentro de los vascos en América. Y a partir de 1943, tras la celebración de la Gran Semana Vasca de Montevideo, llevado con todo éxito por Vicente de Amezaga (GB), el Centro Vasco desarrollará una importante labor en el ámbito cultural, como la creación del Departamento de Estudios Vascos en la Universidad de La República y la primera Catedra en euskera.

Uruguay se confirma como el tercer país del mundo en número de centros vascos, tras Argentina y Estados Unidos.

Un estudio hecho en 1996 obtuvo que de 4.304 emigrantes vascos instalados en Uruguay del siglo XX de 28% eran de Bizkaia, 25% de Gipuzkoa, 22,1% del País Vasco francés, el 17,3% de Navarra, y el 6,8% de Alava.

Con el segundo presidente de la República, Manuel Ceferino Oribe, (1792-1857), se inicia la presencia de apellidos vascos en la primera Magistratura del país.

Tal vez por su historia ligada con vascos o descendientes de vascos tradicionalmente en Uruguay se conoce al vasco mejor que en otros países latinoamericanos, y la “palabra de vasco” en este país se toma como palabra de honor, que asegura lealtad y compromiso. Es el conocimiento y respeto que los uruguayos siempre han dado al vasco.