Alberto Moroy es un viejo, y querido, conocido de este blog. Escribe en el diario uruguayo El País unos fantásticos artículos sobre la historia, y las historias, de Uruguay y Argentina. Como no podía ser de otra forma los vascos tienen una presencia destacada en estas historias, y para entenderlo basta repasar los listines telefónicos de ambos países. Nosotros hemos ido recogiendo unas cuantas de ellas, siempre entusiasmados por su interés.

Este fin de semana ha publicado un extraordinario artículo sobre el hundimiento el 9 de junio de 1842 en Cabo Polonio, en la costa norte de Uruguay, del velero “Leopoldina Rosa”. Un naufragio en el que murieron 231 pasajeros de los 303 que viajaban en la goleta. La mayoría vascos y la mayoría mujeres y niños. Una terrible historia que es terrible porque dentro de ella guarda historias desoladoras.

Alberto Moroy usa la «excusa» de esta tragedia para darnos a conocer las terribles condiciones en las que los vascos de aquella primera mitad del siglo XIX  viajaban a América y en las también terribles condiciones en las que vivían al llegar al Nuevo continente. Llegaban huyendo, no nos olvidemos, de las consecuencias demoledoras que la abolición foral tuvo en los territorios vascos continentales y peninsulares. Porque, tampoco tenemos que olvidarnos, en aquellos barcos viajaban vascos de los siete territorios. Hermanos, más hermanados aun, por la tragedia que vivía su país, y llevados a la miseria por el liberalismo jacobino.

Al leerlo, y ésa es la razón del título que hemos elegido, no hemos podido dejar de pensar en los enormes parecidos entre la tragedia que vivieron aquellos compatriotas nuestros y la que están viviendo hoy otros seres humanos que huyendo de la miseria, la opresión y de la guerra, mueren ahogados por cientos a las puertas de Europa, o viven marginados y maltratados en lo que ellos pensaban que iba a ser su tierra de promisión.

Hace exactamente cinco años, el 19 de septiembre de 2015, escribíamos un artículo que se publicaba en la sección «Historias de los vascos» de Deia hablando de este asunto. Fue la consecuencia de una entrada de este blog en la que recordábamos, en plena época de llegada de refugiados a Europa, que nosotros vivimos lo mismo que ellos estaban, y aun están, viviendo. Hoy en día es un artículo de actualidad, porque no ha cambiado nada, a no ser que haya sido a peor.

«Arribaban a Montevideo o Buenos Aires; escogía el consignatario los que quería, y los demás, hombres, mujeres y niños, puestos en una barraca a usanza de la que se estila en los bazares mahometanos, pasaban a la servidumbre temporal del primero que satisfacía el importe de su viaje…»

Entonces hubo personas que nos escribieron para decirnos que estábamos equivocados, que a diferencia de estos «desarrapados» a los que comparábamos con los vascos emigrantes, los «nuestros» fueron a América, con «elegancia y dignidad». Que íbamos con trabajo, con contrato, que fuimos bien acogidos desde el primer momento y lo hicimos sin quitarle el pan a nadie. Y claro, que como eran vascos, todos fueron buena gente.

No fue así, ni parecido. Les exploraron, les persiguieron, les denigraron, les acosaron e incluso les asesinaron por ser emigrantes.

La imagen que tienen de los vascos en aquellas tierras casi 200 años después de la tragedia del velero “Leopoldina Rosa” es muy diferente. Lo es porque los vascos llegaron, se quedaron y demostraron lo que en realidad eran. A lo que hay que sumar que llegaban a unas tierras donde ya había un sustrato de vascos que habían demostrado su valía y su capacidad durante la etapa colonial.

Pero no nos podemos engañar. Nuestros compatriotas han salido a lo largo de siglos de nuestra patria con «una mano delante y otra detrás», en busca de una oportunidad. Obligados a aceptar en muchos casos los peores trabajos, en las peores situaciones. Muchos de ellos ni fueron bien acogidos, ni tenían una «buena fama» esperándoles por el hecho de ser vascos.

Su prestigio lo construyeron con su esfuerzo. La idea, tan común en muchas partes de Sudamérica, de utilizar la expresión «palabra de vasco» para indicar que algo es seguro, no viajó con ellos. Ellos la hicieron realidad a través de los años.

Pero para conseguir eso, tuvieron que tener una oportunidad. Y ahora es a nosotros a los que nos toca dar oportunidades a otros. Eso lo tendríamos que hacer por simple humanidad. Pero si eso no es así, que no se nos olvide que, como nación, tenemos una deuda con el mundo que deberíamos pagar. Y las deudas, los vascos las pagan.

Gracias a Alberto Moroy por contarnos estas historias de vascos en América, y gracias por darnos la oportunidad de recordar que los «nuestros» que fueron allí, no fueron muy diferentes a los «otros» que ahora vienen aquí.

Compartimos el artículo que ha publicado este fin de semana diario uruguayo El País; un artículo sobre temas parecidos publicado en EuskoNews y firmado por Alberto Irigoyen Artetxe, y los artículos el blog que hemos referenciado.

El País -19/9/2020 – Uruguay

La sudestada que ahogó 200 vascos; mujeres y niños principalmente

Pocos imaginan el terrible poder de una sudestada particularmente en las inmediaciones de Valizas y el Cabo Polonio. Los inmigrantes tampoco imaginaban que los iban a traficar como esclavos por la letra chica de un contrato. Y menos suponían, que quienes lograban llegar a la costa, caían en manos de malhechores que se apoderaban de todo.

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Euskonews –   – Euskadi

Una historia de inmigrantes, travesías y naufragios

Como obligados medio de transporte hasta bien entrado el siglo XX, la imagen de los veleros, que impusieron su indiscutida supremacía desde el descubrimiento hasta mediados del siglo diecinueve, y los vapores a partir de allí, se encuentran íntimamente vinculadas a la emigración europea a América. En virtud de ello, es común hallar, tanto en los estudios migratorios como en las crónicas o prensa de la época, frecuentes alusiones a las virtudes y sinsabores de una no siempre placentera travesía atlántica.

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“Sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente” (Artículo y vídeo)

Un artículo sobre la “historia negra” de la emigración vasca a América