Nos habíamos prometido no escribir sobre este asunto, pero vemos que la maquinaria de propagada en defensa de las actuaciones que se están produciendo en el Reino de España no paran. Así que hemos querido recoger un ejemplo, un modelo, de cómo están transmitiendo la imagen del “Caso Alsasua” a lo largo del mundo.

Alberto García Marrder es un reconocido periodista hondureño. En una entrevista que le hicieron en 2013, él mismo realiza un amplio repaso a su carrera profesional en la que ha cubierto numerosos e importantes momentos históricos en muchos lugares del mundo. Se ha dedicado, también, formar periodistas.

Hablamos de él porque acaba de publicar un articulo de opinión en el diario hondureño El País, que debería guardar para usarlo de ejemplo ante sus alumnos de lo que no debe hacer un periodista que quiera desarrollar con dignidad su profesión.

Este señor, porque en este texto no puede ser calificado de periodista, aunque sí de “amigo de sus amigos” (no por nada trabajo, desde tiempo de la dictadura de Franco, en la Agencia EFE), ha sido capaz de acumular en esas líneas todas las mentiras, medias verdades, y omisiones que hacen que este caso sea una vergüenza jurídica y mediática.

No vamos a hacer un análisis exhaustivo del texto. pero en el podemos encontrar afirmaciones sin fundamento impropias de un profesional de su experiencia.

Da por real una versión, la de los agredidos, e insinúa que los acusados mienten al decir que no participaron en la agresión. No debe saber que incluso en el Reino de España, un país que es condenado una y otra vez por el El Tribunal de Justicia de la Unión Europea por incumplir la ley, los acusados son inocentes hasta que se dicte sentencia. Y como decimos, aún así hay que esperar a que, en muchos casos, sean los tribunales comunitarios los que determinen cuál es la verdad judicial.

Mezcla, sin sentido ni rigor, a ETA, al nacionalismo vasco y a la violencia. Presentando a  todos los “patriotas vascos” como parte de un movimiento que tiene como principal herramienta de actuación, y única razón, la crueldad y la agresión. No queremos ni imaginar qué hubiera escrito este señor sobre los patriotas americanos si hubiera trabajado en EFE durante la el tiempo de la lucha por la independencia.

Pero eso, a pesar de su gravedad, no es lo más grave. Lo más grave es la ponzoña que lanza sobre las instituciones navarras. Acusa a las autoridades locales y forales de apoyar a los acusados, lo mismo que acusa a la izquierda española de hacer lo mismo.

No podemos imaginarnos que escriba desde un nivel de desconocimiento tan profundo como para no conocer la realidad. Más bien nos da la impresión de que esta distorsión de la realidad es consciente y voluntaria.

La manifestación, que reunió a más 50.000 personas (Navarra tiene 640.000 habitantes), no pedía la libertad de los acusados. Lo que pedía era que se les juzgase con criterios de justicia y proporcionalidad. Sin entrar en temas de “detalle”, como que la magistrada sea la esposa de un alto mando de la Guardia Civil, es evidente que las acusaciones en este proceso están fuera de toda lógica. Algo que defienden magistrados, representantes institucionales, partidos políticos, organizaciones sociales, e incluso Amnistía Internacional.

Acusarles de terrorismo, que por una pelea con resultado de tobillo roto, se pidan más de 60 años de cárcel, que se les tenga más de 500 dias de prisión preventiva, que se les juzgue en un tribunal especial… todo es un despropósito indigno del sistema judicial de un país democrático. Lo que se pedía en esa manifestación no era impunidad, era que se les juzgase, y en su caso se les condenase, por lo que hicieron y no por terrorismo.

Alberto García Marrder cumple bien con sus compromisos y apoya a sus amigos con entusiasmo. Lo cual le honra como amigo. Pero el hacerlo desinformando a los lectores, manipulando la realidad para que coincida con sus intereses, le aleja de los principios éticos que deben guiar a un periodista.

Pero que no se preocupe, a otros muchos periodistas a lo largo del mundo les pasa lo mismo cuando hablan de asuntos relacionados con los “vascos malos”, que no se pliegan al determinismo histórico que les indica que sólo pueden ser apéndices de nos estados. Ya se sabe: mal de muchos…..

El País – 19/4/2018 – Honduras

Alsasua: cuando la intolerancia es violenta

Ejemplos de intolerancia que termina en violencia y una complicidad de su entorno, la tenemos a diario en varias partes del mundo. Pero hay un caso que me ha indig­nado y entre más leo sobre eso, más es mi estupor.

(Sigue) (Traducción automática)

 

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