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Vascos y Hierro están unidos desde tiempos inmemoriales. Hasta la revolución industrial, la producción de hierro estaba diseminada a lo largo de todo el territorio vasco, a través de una inmensa red de ferrerías. El mineral de hierro que se extraía de las montañas del país, se transformaba en metal, para que luego esas ferrerías lo transformaban en instrumentos de labranza, clavos (un caserío necesitaba miles de clavos y éstos se fabricaban uno a uno, a mano, en las ferrerías), elementos para el hogar, piezas para buques, o armas.

Las ferrerías vascas produjeron piezas de este metal que alcanzaron fama en toda Europa, lo que hizo que incluso aparecieran referencias en las obras de William Shakespeare. Durante siglos los vascos fueron famosos en el continente, y fuera de él, por tres cosas: hierro, ballenas y barcos.

Una industria de suma importancia alrededor de la cual se creó todo un corpus legal que tenía como objetivo ayudar al desarrollo de esa industria y protegerla.

Los ferrones vascos, poseedores de conocimientos y experiencia, llegaron incluso a abrir ferrerías en otros lugares de la Península Ibérica, básicamente en su zona norte. Haciendo que conocimientos técnicos, costumbres vascas, e incluso vocablos del euskera fueran adoptados en lugares con culturas muy diferentes.

 

Un detalle del Ingenio Hidráulico que mueve el martillo pilón de la ferrería de El Pobal
Un detalle del Ingenio Hidráulico que mueve el martillo pilón de la ferrería de El Pobal

A partir del siglo XVIII esta forma de producción, esta industria, entra en declive en el País Vasco. Muchas de esas fábricas que son las ferrerías van cerrando hasta desaparecer a lo largo del XIX como productoras de hierro. Dejando paso a la industria siderúrgica nacida de la revolución industrial. Una transformación de las estructuras económicas del país que afectó a otros sectores como el de la construcción naval.

Algunas pocas ferrerías que sobrevivieron dedicándose a la fabricación de herramientas, aperos o objetos para el hogar, desaparecieron en la primera mitad de siglo XX. Eso ha sido una gran suerte, ya que su supervivencia ha permitido que en algunos casos se haya podido conservar toda la estructura con la que durante siglos los ferrones trabajaban el hierro.

Uno de esos casos es la Ferrería de El Pobal, en Muskiz (Bizkaia) que cerró en 1965 tras casi 500 años de actividad ininterrumpida. Ahora es un museo propiedad de la Diputación Foral de Bizkaia. Un museo “vivo” en su sentido más literal. Porque de forma habitual se ofrecen demostraciones de cómo se trabajaba en hierro en ellas.

Nosotros nos hemos acercado hasta esta ferrería un sábado para conocer este proceso y poder compartirlo con todos nuestros lectores. Queremos dar las gracias a la dirección del centro por las facilidades que nos han dado y al ferrón Luis  Maria Turuelo por la calidad de sus explicaciones durante las visitas guiadas, detalladas y amenas, y por la paciencia que tuvo con nosotros en el tiempo que dedicó a enseñarnos los detalles de la ferrería para poder hacer este vídeo.

Nuestra recomendación: visítenla. A ser posible en un día con demostración. No se arrepentirán.

Todos los datos para contactar, aquí.

Compartimos el vídeo (que está realizado en 4K) y algunas fotografías que realizamos durante la visita.

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