Hay una tendencia de intentar hacer más grande a los grandes empequeñeciendo el entorno con el que interactuaron, como si hubiese una necesidad de reforzar la imagen de la persona de quien se habla.

Hoy nos hemos encontrado con un claro ejemplo de esa tendencia en el artículo publicado por Corina Canale en el diario argentino de Bahia Blanca,  La Nueva. El artículo se centra en la relación de Ernest Hemingway con la ciudad de Pamplona. Una relación intensa, a la que los Sanfermines, deben su gran proyección internacional, y a la que el escritor norteamericano debe una parte no menor de su fama.

El artículo de Corina Canal puede ser calificado como un artículo standard sobre la presencia del entonces un periodista norteamericano que se estaba lanzando al mundo de la literatura. Pero comete un error, que encaja de plano en esa obsesión de hacer grande a lo que no necesita ser engrandecido: relaciona la evolución de la ciudad a su “descubrimiento” por parte del escritor.

Es más, define a la ciudad a la que llegó Ernest Hemingway como un pueblucho (termino despectivo en cualquier rincón de mundo de habla castellana). Ese error y esa falta de consideración hace que otros fallos, como asegurar que la ciudad estaba amurallada en 1923, la muralla se acabo de derruir en 1921, sean menores.

Nuestros lectores habituales saben de nuestra querencia y respeto por Ernest Hemingway. alguien a quien consideramos un auténtico amigo de los vascos. Aquel viaje le unió, indefectiblemente, con los vascos. En una conexión de simpatía y admiración que mantuvo a lo largo de toda su vida.

Por eso pensamos que, por muy pequeña (unos 35.000 habitantes), tradicional, o incluso provinciana, que le pareciese en 1923, la capital del Reino de Navarra, él nunca aceptaría que fuese definida como un pueblucho.

Lo mismo que nos parece inconcebible insinuar que lruña debe (aunqye sea de alguna manera) a los relatos de nuestro admirado amigo americano, ser una de las ciudades principales de una de la euro-regiones más prósperas de la Unión Europea

La Nueva – 14/6/2015 – Argentina

Hemingway y la Fiesta de San Fermín en Pamplona

El 6 de julio de 1923 el escritor Ernest Hemingway se dejaba llevar, imposible no hacerlo, hacia la plaza del Ayuntamiento de Pamplona, ciudad que se cree que fundó el general romano Pompeyo. Lo empujaba una multitud vestida de rojo y blanco que esperaba el “chupinazo”, el cohete avisador que se dispara desde los balcones del consistorio, para que comience la Fiesta de San Martín. Pamplona lo había intrigado con el encierro de los toros, el desenfrenado descorche de vinos y champán y la alegría pagana de una fiesta religiosa.

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