Hace escasos meses se abrió en Paris el “Farango Pintoclub“. Este bar, al “estilo vasco”, ha contado con el asesoramiento gastronómico del cocinero vasco Fernando Canales, y se está convirtiendo en un éxito.

Tanto como para que AFP dedique un reportaje a los pintxos y a su cada vez mayor proyección mundial. Lo hace analizando el “efecto pintxo” y entrevistando a Fernando Canales.

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Una imagen del Farango Pintoclub de París

 

La entrevista está llena de frases geniales y muy ilustrativas como “Detrás de la gastronomía vasca hay una cultura de excelencia“, o “el hombre vasco es refinado, exquisito y esto se ha ido transmitiendo como una cosa normal”. Todas ellas muy adecuadas para vender la mejor imagen de lo que es la esta parte de la Cultura vasca.

Eso só, nos entra la duda de que los lectores que no sean vascos, entiendan la frase:

“En el País Vasco se desarrolló una gran cultura gastronómica hace cien años, porque hubo una riqueza industrial muy grande y no había otras formas de gastar el dinero fuera del sexo y la comida -no había iPads ni iPhones-, entonces la gente se dedicó a cocinar”

Pero para los vascos, y las vascas, el chiste que está encerrado en la frase, y que creemos que ni el periodista ha captado, está muy claro.

En todo caso, bromas sutiles aparte, lo que está claro es que el basque style de socializar en cuadrilla a travél de poteo, debiera estar incluido entre las recomendaciones para “vivir mejor” en todo el mundo.

Por cierto, que pesadez con eso de englobar a los pintos dentro de la “comida/gastronomía rápida, como ya hizo el Chicago Tribune hace poco. No se como puede ser compatible ese concepto con la cultura de la excelencia que se encuentra detrás de la gastronomía vasca.
Los pintxos se comen “rpido” porque son pequeños, pero están muy lejos del concepto rápido que se suele atribuir a la comida y a su preparación.

AFP – 11/3/2014 – Francia

La gastronomía rápida de los ‘pintxos’ vascos, un éxito global

El chipirón se riza al contacto con la plancha caliente y queda listo para que el chef español Fernando Canales pose delicadamente una esfera de tinta de calamar, última etapa antes de ir al paladar del comensal. Gracias a los bares de ‘pintxos’, las emociones sensoriales y el buen ambiente que generan estas sofisticadas tapas del País Vasco se exportan muy bien en un mundo saturado de relaciones sociales virtuales.

(Sigue) (Traducción automática)

 

 

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