Resulta a veces curioso leer los artículos que sobre nuestros pueblos y ciudades, sobre nuestras tradiciones y cultura, se hacen por parte algunos periodistas que vienen a visitarnos. Es de imaginar que en esos casos, las imagenes pre-concebidas, las valoraciones previas y la dificuldad de entender en dos o tres días lo que hay detras de lo que parece evidente, hace que pasen cosas como las que ocurren en este artículo.

Esta claro que el autor del reportaje es un decidido antituaurino, lo demuestra desde el minuto cero. Pero, como es evidente, confunde las cosas. Si confunde a San Fermin con San Saturnino, al afirmar que el primero  es el patrón de Pamplona (cuando en realidad lo es San Saturnino), cómo no va a confundir el encierra (sic) con una corrida de toros.

En el encierro (que es así como se escribe) los toros no tienen una muerte infame, ya que el objetivo de los corredores, de los mozos, no es matar al toro, sino que es correr junto a los mismos, sin ser pinchados por sus astas o pisoteados por sus pezuñas. Podemos estar más o menos de acuerdo sonbre si es una estupidez correr delante de un morlaco de 500 kg. a las 8 de la mañana; podemos estar más o menos de acuerdo sobre la idoniedad, o no, de que muchos de esos corredores puedan participar en el encierro; podemos estar más o menos de acuerdo con muchas de las cosas que ocurren, o no, en el encierro; pero no podemos confundir encierro con corrida de toros.

Para mejorar las cosas, determina que los pinchos son una versión local de las tapas españolas. Aunque, eso sí, al menos los define como versión imaginativa. Eso es algo así como decir que las salchichas alemanas son una versión imaginativa de los chorizos de Salamanca. Ya saben nuestros lectores habituales de la especial irritación que nos produce esa obsesión por llamar tapas a los pintxos.

El reportaje visita también Olite y luego marcha con destino a los Pirineos. Entonces nos habla de la existencia de bosques de hayas y robles, prados soleados y viñedos. Aunque nos imaginamos que no serán de los viñedos que producen los vinos navarros de Irouleguy. Porque su visita a Navarra se para en Zugarramurdi ya que más allá está la frontera francesa. Curioso. Él, que nos habla de Carlos III el Noble, en la parte de su reportaje que se refiere de la Catedral de Pamplona y a Olite. se olvida de que Navarra no se acaba en los Pirineos, y deja a sus lectores sin conocer lugares tan navarros como Donobane Garazi (Saint Jeand Pied de Port). Un lugar de comentario imprescindible para los que hablan del paso del Camino de Santiago por tierras navarras.

Por no hablar no habla ni de Orreaga (Roncesvalles). Algo que tambien, habríamos jurado, debiera ser de obligada referencia en un reportaje escrito para alemanes, ya que allí el ejercito de Carlomagno emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, fue vencido por los montañeses vascones en venganza por el saqueo e incendio que éste sometió a Iruña, al regreso de su incursión hasta Zaragoza.

Todo este error de concepto es natural en un reportaje que se olvida, incluso, de decir que el cafe Iruña se llama así porque ese es el nombre en euskera de la ciudad que está visitando. Es decir, se olvida de referenciar el nombre de la ciudad en  el idioma natural de su pobladores.

En definitiva, otra oportunidad perdida. Otro reportaje que deja a sus lectores vacios de contenido, ya que parece que es más importante para el que escribe, transmitir sus propias valoraciones personales sobre la fiesta de los toros, o comentar, con poca gracia por cierto, algunos detalles de poco interés sobre lo que es Navarra. Una pena.

Hamburguer Abendblatt -13/8/2011 – Alemania

Pinchos, Pilger und die Pyrenäen

Donibane Garazi, paso clave del Camino de Santiago y parte de la Navarra que de la que no se habla en el reportaje

Aus, vorbei. Antonio Sagarra, Barkeeper im Café Iruña an der Plaza del Castillo im Zentrum von Pamplona, ist froh, dass das Fest zu Ehren San Fermins, des Schutzpatrons der Hauptstadt von Navarra, wieder einmal vorüber ist. Nicht, weil die vielen Tausend Touristen, die sich noch Mitte Juli durch die Gassen der nordspanischen Stadt drängten, wieder abgereist sind und die Tage im Iruña, der berühmtesten Bar Pamplonas, wieder ruhiger geworden sind – nein, seine Freude gilt vor allem der Tatsache, dass die “Encierra” in diesem Jahr so glimpflich verlaufen ist, jene berüchtigte Stierhatz, bei der zu Beginn der Fiesta die jungen Kampfstiere, angefeuert von einer johlenden Menschenmeute, durch die engen Gassen Pamplonas getrieben werden. “Zum Glück gab es keine Schwerverletzten wie in den Jahren zuvor”, sagt Antonio, “nur blaue Flecken und Schürfwunden. Aber daran sind diese Idioten doch selber schuld.”

(sigue)
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