Teníamos en la «recámara» este articulo sobre el «efecto Bilbao»,  firmado por  Ike Ijeh, y recogido en la web de Building, una revista británica dedicada al mundo de la construcción que inició su publicación en 1843. No nos decidíamos a dedicarle un espacio en el blog, porque ya hemos escrito mucho sobre ello.

Pero, la verdad, teníamos la sensación de que teníamos que recogerlo. Sobre todo porque vemos que las ideas vacías, simples y vacías, tienen una inmensa capacidad de asentarse y convertirse en las referencias de los que escriben sin profundizar demasiado.

Es cansino que a estas alturas sigan apareciendo afirmaciones como la siguiente, con la que se inicia el artículo:

It’s called the Bilbao effect: an impecunious city engages a stellar architect to build an arts venue at fabulous expense in the expectation that urban regeneration will follow as night follows day…
(Se llama efecto de Bilbao: una ciudad pobre contrata a un arquitecto estelar para construir un lugar de arte a un costo fabuloso con la expectativa de que la regeneración urbana seguirá como la noche sigue el día… )

Bilbao no ha sido nunca una ciudad «pobre». Es cierto que, como muchas ciudades de todo el mundo se ha visto afectada por los cambios de la economía, pero el concepto de pobre es algo que no puede ir unido a una ciudad como Bilbao.

Pero es que ademas, definir el costo del Guggenheim como un «costo fabuloso» parece impropio de un experto en urbanismo. Si situamos la inversión en el museo en el contexto de las inversiones realizadas para impulsar la  transformación urbana de Bilbao, se entiende lo absurdo de la afirmación. Frente a los mas de 7.000 millones de euros que se han invertido, el Museo Guggenheim Bilbao representan 166 millones (ahí se incluyen el costo de construcción del edificio y su primera colección permanente).

Como referencia, las haciendas de la Comunidad Autónoma del País Vasco han recaudado en 2018 15.000 millones de euros (con una población de 2,3 millones de personas).

En definitiva, hay que ser más serio cuando se escribe. Y si es verdad que ha habido ciudades que se han lanzado a construir una costosa infraestructura cultural con la idea de impulsar un «milagro» no es culpa de lo ocurrido en Bilbao. Es culpa de no preguntar a las instituciones vascas sobre cómo fue y que objetivos tenía su proyecto, y también, no lo neguemos, de tener como referencia artículos  que se escriben sin el conocimiento adecuado, basándose en preconceptos, y sin sentido común.

Como comparación, y a modo de referencia de un experto que sí ha entendido lo que ha «ocurrido» en esta ciudad vasca, recomendamos los artículos del urbanista Richard Layman publicados en el  blog Rebuilding Place in the Urban Space. Ahí sí que se explica

Building – 5/12/2018 – Gran Bretaña

Cities love to build arts venues to trigger urban regeneration – but it doesn’t always work out

It’s called the Bilbao effect: an impecunious city engages a stellar architect to build an arts venue at fabulous expense in the expectation that urban regeneration will follow as night follows day. Alas, it doesn’t always turn out this way. Ike Ijeh gets his shotgun out

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