Hoy, coincidiendo con el 80 aniversario del Bombardeo de Gernika, se realiza un homenaje al periodista que más ayudó a que la verdad de lo ocurrido fuera conocida en todo el mundo. Nosotros, además de describir nuestro artículo anual sobre este acontecimiento,  queremos unirnos al mismo con este relato de quién fue y qué hizo para que debamos considerarlo como un “Amigo de los Vascos”, pero sobre todo como un gran periodista y un “amigo de la Verdad”.
Sin olvidarnos de Noel Monks, el corresponsal del Daily Express que fue, también, testigo del bombardeo de Gernika y del que escribimos un artículo de esos que no hay que perderse.


Cuando George Lowther Steer llegó a Bilbao a cubrir el frente vasco de la Guerra Civil apenas tenía 28 años, pero a pesar de su juventud ya era un avezado corresponsal de guerra que había cubierto la invasión italiana de Etiopía en 1935.

George Steer en el aeródromo de East London el 2 de noviembre de 1938
George Steer en el aeródromo de East London el 2 de noviembre de 1938

Steer se encontró allí con otro joven, Jose Antonio de Aguirre, apenas 5 años mayor que él y que acababa de jurar el cargo de primer Lehendakari de los vascos bajo el Árbol de Gernika, mientras que sonaban en la distancia los combates entre los gudaris del recién creado Ejercito Vasco y las tropas de los insurrectos franquistas.

Los que hayan leído su libro The Tree of Gernika: A field study of modern war, saben que este británico de Sudáfrica tejió una amistad profunda, empapada de admiración, con Aguirre, y que se sintió muy cercano de aquel puñado de vascos que habían dejado sus ocupaciones para ser una primera linea de contención ante el fascismo que amenazaba con engullirse el mundo.

Lo que no se imaginaban ni Aguirre, ni el resto de los vascos, ni el propio Steer, era el papel fundamental que este joven periodista iba a jugar en la defensa de la Verdad y en la defensa de la Causa del Pueblo Vasco.

Sus crónicas desde Bilbao para The Times de Londres empezaron narrando la llegada de los buques mercantes británicos que, con la protección de la Armada de ese país, rompieron el bloqueo naval de los insurrectos. Acabando por contar la caída de Bilbao y el inicio, camino de Santander,  de un largo exilio del que muchos no volverían nunca.

Pero, sin duda, fue el 26 de abril de 1937 cuando la relación de Steer y los vascos se consolidó definitivamente. Aquel día los insurrectos y sus aliados alemanes e italianos, decidieron destruir Gernika hasta sus cimientos.

La noticia llegó a Bilbao: “Gernika está en llamas”. Steer estaba cenando en el Hotel Torrontegui con un grupo de corresponsales extranjeros: el británico Christopher Holme, de la Reuters; Keith Scott Watson, que escribía para el Star y el Daily Herald;Mathieu Corman del diario francés Ce Sior; y Noel Monks del Daily Express (expulsado de la zona controlada por los insurgentes, al igual que Steer, y que también realiza una importante labor de difusión de lo ocurrido en Gernika).

Todos partieron hacia Gernika para descubrir lo ocurrido. Monks no sabía entonces que los ametrallamientos que había sufrido aquella misma tarde en una carretera de Bizkaia, junto con otros colegas, y que le había tenido agazapado en el cráter producido por la explosión de una bomba durante más de 15 minutos mientras un grupo de Heinkels 51 intentaban acabar con ellos, eran obra de aviones que habían participado en el bombardeo.

Ni Steer, ni Monks, ni el resto de los corresponsales estaban preparados para lo que se encontraron en la noche: toda la Villa Sagrada de los Vascos ardiendo con cientos de víctimas, muchas de ellas destrozadas por las bombas, esparcidas en sus calles.

Mientras el resto de aquellos periodistas volvieron rápidamente a Bilbao para mandar una crónica de urgencia. Steer se quedó más tiempo allí hablando con testigos y recogiendo restos de las bombas incendiarias. Volvió con aquellas pruebas y, sin mandar una crónica de urgencia, esperó a la mañana siguiente para hablar con los refugiados que habían llegado a Bilbao desde Gernika y para regresar a la villa bombardeada para así ver la tragedia a la luz del día.

Cuando, de nuevo, regresó a Bilbao envió, en un tono “neutro y sin sensacionalismos” la que es, sin duda, la más extraordinaria crónica de un corresponsal en toda la Guerra Civil.

Bombardeo de Gernika 1937
Bombardeo de Gernika 1937

Publicada por The Times y The New York Times se ha convertido en un ejemplo de cómo un periodista debe contar una historia.

LA TRAGEDIA DE GUERNICA. CIUDAD DESTRUIDA EN UN ATAQUE AÉREO.
RELATO DE UN TESTIGO

 De nuestro enviado especial. BILBAO, 27 de abril

 Guernica, la ciudad más antigua de los vascos y centro de su tradición cultural, fue destruida por completo ayer por la tarde en un ataque aéreo de la insurgencia. El bombardeo de esta ciudad abierta situada muy por detrás de las líneas duró exactamente tres horas y cuarto, durante las cuales una poderosa flota de aviones que consistía en tres modelos alemanes, bombarderos Junkers y Heinkel, no cesó de arrojar sobre la ciudad unos artefactos que pesaban un máximo de 450 kilos y se calcula que más de 3.000 proyectiles incendiarios de aluminio con un peso de un kilo cada uno. Los cazas, entretanto, descendían sobre el centro de la ciudad para acribillar con sus ametralladoras a la población civil que se había refugiado en el campo.

Pronto, toda la ciudad de Guernica estaba en llamas, excepto la histórica Casa de Juntas, con sus abundantes archivos sobre la raza vasca, que albergó en su día el Parlamento vasco. El famoso roble de Guernica, el viejo tocón seco con 600 años de antigüedad, y los nuevos brotes de este siglo también salieron indemnes. Aquí, los reyes de España solían realizar el juramento de respetar los derechos democráticos (fueros) de Vizcaya, y a cambio recibían una promesa de lealtad como soberanos con el título democrático de señor, que no rey, de Vizcaya. La noble iglesia parroquial de Santa María tampoco sufrió desperfectos, salvo por la hermosa sala capitular, que fue alcanzada por una bomba incendiaria….

Las crónica de George L. Steer en el New York Times del 28 de abril de 1937. Portada y página 4
Las crónica de George L. Steer en el New York Times del 28 de abril de 1937. Portada y página 4

Aquel telegrama cambió la historia de los vascos; la percepción del mundo sobre lo que pasaba en Bilbao; hizo un enorme daño a la imagen de los insurrectos; abrió Gran Bretaña y otros muchos lugares de refugio a los niños vascos; inspiró a Picasso,… En definitiva, aquel telegrama hizo Historia.

James Holburn, el corresponsal de The Times en el bando insurrecto del norte de España, envió al diario la versión de éstos, negando el bombardeo y acusando a los “rojos” de haber dinamitado y quemado la  villa.

The Times le envió a Steer un telegrama con el siguiente texto

EN VISTA TU CRÓNICA DE GUERNICA DESMENTIDA POR OTRAS FUENTES DESEABLES ENVÍES MÁS AFIRMACIONES FUNDADAS.

Que Steer contestó así el 28 de abril (Crónica desde Guernica: George Steer, corresponsal de guerra. de Nicholas Rankin) :

La negativa de Salamanca a reconocer la destrucción de Guernica no ha suscitado aquí ningún asombro, ya que también negaron el bombardeo de Durango, que fue parecido aunque menos terrible, pese a la presencia de testigos oculares británicos.

He hablado con cientos de personas angustiadas que se han quedado sin hogar, y todas dan la misma descripción de los hechos, con toda precisión. He visto los enormes cráteres de bomba de Guernica y los he medido, y, como pasé por la ciudad la víspera, puedo atestiguar que entonces no estaban allí.

En Guernica se recogieron bombas incendiarias germanas de aluminio con la marca de fábrica “Rheindorf, 1936″. Los tipos de aeroplano alemán empleados fueron Junkers 52 (bombardeo pesados), Heinkel 111 (bombarderos semipesados) y Heinkel 51 (cazas). Yo mismo fui ametrallado en un gran hoyo de bomba de Arbacegui y Gerrikaiz por seis cazas que volvían de Guernica. Según las declaraciones de los pilotos alemanes capturados cerca de Ochandiano al comienzo de la ofensiva de los insurgentes, a primeros de abril, todos los aviadores son alemanes y casi toda la tripulación también lo es; los aparatos salieron de Alemania en febrero.

Aquí se sostiene que toda la fuerza aérea insurgente empleada en esta ofensiva contra los vascos es germana, excepto siete cazas Fiat italianos y tres aparatos Savoia 81.

El telegrama original (que Steer copió a Philip Noel Baker, pidiéndole que lo usara en la Cámara de los Comunes y que lo transmitiera a Lloyd George y a Anthony Eden) acaba así:

QUE BOMBARDEARON Y DESTRUYERON GERNIKA SE CONSIDERA JUICIO DE SU CORRESPONSAL Y MÁS CIERTO CONOCIMIENTO SI FUERA POSIBLE DE CADA MISERABLE CIVIL VASCO QUE SE VIO OBLIGADO A SUFRIRLO FINDEMENSAJE = POR FAVOR PUBLICAR TODO ESTE MENSAJE QUE ES UNA SUBESTIMACIÓN DE LA VERDAD STEER+

Aquella crónica desde Gernika, y aquella defensa de la Verdad, no fue cómoda para Steer.

Le sirvió que se le incluyera en la lista de delincuentes perseguidos por la Gestapo y en la lista de las 2.820 personas a detener cuando invadieran Gran Bretaña. Lo mismo que ayudó a su despido de The Times por su “apoyo a los republicanos”.

Pero también le sirvió para escribir un libro extraordinario que todo vasco debiera leer. Un libro que relata una sociedad empeñada en defender su Libertad y la Democracia en un mundo que parecía que iba inevitablemente encaminado a ser controlado por los totalitarismos.

Steer defendió su versión, que es la que coincidía con la realidad de lo ocurrido, en contra de la propaganda de los franquistas y de muchos periodistas europeos a los que les gustaba mucho más el “orden” que prometía Franco, que la Verdad. Una postura que, como se decía, unida a su simpatía por aquellos vascos republicanos y defensores de la Libertad, le acabó costando su despido del diario The Times.

Aquel joven periodista siguió en tierra vasca viviendo la tragedia de aquellos vascos. Narró la caída de Bilbao para sus lectores y acompañó a los vascos que huían del franquismo dirección a Santander.

De allí, cuando esta ciudad fue tomada por los insurrectos, pocos días después de la caída de Bilbao, se fue a París. Ciudad donde escribió el libro que mejor cuenta la gesta de aquellos héroes en su lucha contra el totalitarismo.

The Tree of Gernika: A field study of modern war, que es como se llamó el libro, fue publicado el Londres en 1938, menos de un año después de la caída de Bilbao, por la editorial Hodder & Stoughton.

De aquella primera edición quedan muy pocos ejemplares, ya que en la Segunda Guerra Mundial, durante un bombardeo alemán sobre la capital británica, el almacén donde estaban guardados los ejemplares de aquella primera edición fue alcanzado por una bomba alemana y destruido.

José Antonio Aguirre en el frente batalla guerra civil
José Antonio Aguirre en el frente batalla guerra civil

Verdades y mentiras sobre el Bombardeo de Gernika

José Antonio Aguirre. Presidente del Gobierno de Euzkadi:

“Ante Dios y ante la Historia que a todos nos ha de juzgar, afirmo que durante tres horas y media los aviones alemanes bombardearon con saña desconocida la población civil indefensa de la histórica villa de Gernika reduciéndola a cenizas, persiguiendo con el fuego de ametralladora a mujeres y niños, que han perecido en gran número, huyendo los demás alocados por el terror”.

Francisco Franco. Cabecilla de los insurrectos:

“Aguirre miente. Nosotros hemos respetado Guernica, como respetamos todo lo español”.

Video de propaganda franquista (a partir del minuto 0:45): 

Guernica. No queda de ella más que el nombre
La mega del legítimo fuerismo vasco ha desaparecido
La prensa judía y masónica del mundo y las hipócritas plañideras de Valencia rasgaron sus vestiduras difamando al caudillo cuyo nombre limpio como nuestro cielo pretendieron manchar con la baba de su información calumniosa.
La cámara fotográfica que no sabe mentir dice bien claro que tanta y tamaña destrucción no fue sino obra de incendiarios y dinamiteros.
Ahí tenéis el frontón. El fuego de los incendios consumió sus maderas y dejó intacta la trabazón de sus armaduras de hierro.

George Steer, The Times, 6 de mayo de 1937:

“La declaración publicada por Salamanca según la cual Guernica ha sido destruida por los rojos es absolutamente falsa. Personalmente hablé con más de 20 refugiados de Guernica en los alrededores de la ciudad la noche de la destrucción. Excepción hecha del número de aviones que la bombardearon, todas las declaraciones coinciden en todos sus detalles. […] La evidencia neta que Guernica ha sido destruida por la aviación se demuestra con lo siguiente: en toda la ciudad y en los techos que no habían sido destruidos por el incendio se veían innumerables huecos de bombas que no estaban a mediodía, cuando yo visité Guernica. árboles arrancados de cuajo o con las ramas peladas por la metralla…Un periodista recogió conmigo tres bombas, las tres alemanas, con fecha de 1936. Todo el mundo sabe que en el pueblo un gran numero de mujeres y niños han sido atacados en un refugio contra las bombas y es evidente que éstos no habrían ido a refugiarse en un lugar que los rojos tenían intención de incendiar… Yo estuve en Guernica hasta la 1,30 de la madrugada y en ninguna parte podía sentirse el olor a petróleo… Una gran parte de Guernica no es un montón de cenizas, sino un montón de escombros.”

Contra la mentira, más verdad

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