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Llevamos unos días en este año que acabamos de estrenar: 2017. En estas fechas muchos de nosotros dedicamos unos momentos a pensar lo que ha sido el año que se acaba y a planear qué objetivos, planes y esperanzas tenemos para el que estamos estrenando.

También es un momento en el que el vacío que han dejado las personas queridas que ya no están entre nosotros se hace más evidente y, por lo tanto es un buen momento para recordarlas.

La frase “Existimos mientras alguien nos recuerda” es profundamente cierta. Nuestros amigos y familiares, nuestros seres queridos, están entre nosotros mientras que viven en nuestra memoria y nuestros recuerdos. Por eso es bueno recordarles y hablar mucho de ellos. Mantener vivos sus recuerdos. Y eso no debe ser algo que nos produzca tristeza.

Los niños de la escuela de Agurain. Un ejemplo de la generación que se convertiría en nuestros padres o nuestros abuelos.
Los niños de la escuela de Agurain. Un ejemplo de la generación que se convertiría en nuestros padres o nuestros abuelos.

Hace muchos años, en el funeral de una persona muy querida, oí por primera vez el poema de San Agustin de Hipona. Me impresionó. Porque, sea uno creyente o no lo sea, es profundamente inspirador y ayuda a entender cuál importante es recordar a aquellos que más queremos.

La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado.
Yo soy yo, vosotros sois vosotros.
Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo.
Dadme el nombre que siempre me habéis dado.
Hablad de mí como siempre lo habéis hecho.
No uséis un tono diferente.
No toméis un aire solemne y triste.
Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos.
Rezad, sonreíd,  pensad en mí.
Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido,
sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra.
La vida es lo que siempre ha sido.
El hilo no se ha cortado.
¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente?
¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista?
Os espero; no estoy lejos, sólo al otro lado del camino.
¿Veis? Todo está bien.

Nuestra recomendación para este año es que nos pongamos como objetivo no dejar   que se pierda la memoria de aquellos a los que amamos y ya se han ido. Nosotros hemos convertido esa idea en uno de nuestros compromisos para 2017 y para todos los años. Después de todo, somos lo que somos gracias a ellos.

Nos hemos decidido a compartir esta reflexión con todos nuestros lectores, tras oír el primer disco de un grupo de rock en el que participan personas muy queridas para nosotros (Tresonrock). Uno de sus temas, una balada, tiene como título el que hemos usado para esta entrada de nuestro blog. Es la canción que nos ha llevado a tener ganas de escribir esta entrada que, lo sabemos, no se ajusta en exceso a la temática que solemos abordar.

Aunque, también es verdad, que parte de la labor que hacemos es la de recordar la historia de vascos. Recordándolos, recordando sus historias y a ellas y ellos, queremos ayudar a mantener vivas su memoria y la memoria de nuestra nación.

Por nuestros familiares y amigos. Por todos. Por lo de “aquí” y por los de “allí”. Por su memoria, por su recuerdo, y porque sigan vivos entre nosotros:

Yo levanto mi copa por los que no están

Compartimos el tema (y os animamos a escuchar el resto del disco).

 

 

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