Vince J. Juaristi el un vasco-descendiente nacido en Elko (Nevada), que tiene una empresa en Alexandria (Virginia), y que ha escrito sobre la diáspora vasca en USA, se va a convertir en un referente en nuestro blog.

El diario Elko Daily acaba de publicar otro artículo suyo, el tercero, dedicado a los vascos y su relación con los USA. Todos ellos con motivo de que los vascos son la cultura invitada en el Smithsonian Folklife Festival 2016 que se celebra cada final de junio- principio de julio en el National Mall de Washington.

En esta tercera entrega se refiere a un asunto especialmente querido para nosotros, el de la resistencia vasca al totalitarismo durante los años 30 y 40 del pasado siglo. En concreto escribe sobre uno de los elementos claves de la Red Cométe que, durante la ocupación alemana de Europa en la II Guerra mundial, ayudaba a escapar a personas perseguidas por los nazis. Una red de la que hemos hablado en varias ocasiones.

Ese elemento clave es un hombre: Florentino Goikoetxea. Un baserritarra y mugalari, que vivía en Hegoalde, huido del franquismo y refugiado en Iparralde, y que durante la ocupación alemana fue uno de encargados de pasar a los perseguidos de un lado a otro de la muga. Escapando, claro esta, de las fuerzas de ocupación alemanas y de las fuerzas franquistas que, tras la Guerra Civil, gobernaban el territorio vasco peninsular.

Aquel hombre sencillo, fue una de las piezas claves de uno de los frentes de la lucha anti-fascista en la que los vascos nacionalistas y republicanos estuvieron en primera línea . Una vez más, recomendamos la lectura del artículo de  Juan Carlos Jiménez de Aberasturi Corta, titulado “Los vascos en la II Guerra Mundial: De la derrota a la esperanza“, en el que se describe esa lucha. Un trabajo en el que se cita al protagonista de esta historia que nos ofrece Elko Daily.

Un hombre que cuando es condecorado por los británicos por su valentía y coraje con la Cruz de San Jorge responde cuando se le pregunta “¿Qué es lo que realmente hace?“: “Estoy en el negocio de importación y exportación“.

Como comentamos en una entrada anterior  que habla del esfuerzo de los vascos de la diáspora norteamericana en la lucha contra el fascismo, nosotros hemos ido recogiendo a lo largo de estos años historias de vascos que participaron de una forma o de otra en aquella guerra global. Hemos hablado de los vascos peninsulares que se unieron en la lucha contra el fascismo y a los que se les ha rendido un homenaje. Hemos citado actuaciones heroicas de civiles que lejos del frente de batalla realizaron labores fundamentales para el devenir de la guerra o para salvar víctimas inocentes, como estos vascos que participaron en la Red Cométe en el País Vasco. Nos hemos referido a los vascos que con el euskera, realizaron labores de “encriptación” de mensajes en el Pacífico. E incluso hemos hablado de la labor de socorro a la población judía en Europa durante la guerra y en los años directamente posteriores.

Un esfuerzo que, por desgracia, no ha sido adecuadamente reconocido. Ni a nivel individual, ni a nivel colectivo.

Por eso es tiene tanta importancia esfuerzos como el de Vince J. Juaristi recopilando y reivindicando esa parte de nuestra historia.

Como nota final: Nos ha gustado mucho ver como Vince J. Juaristi  y nosotros coincidimos en la imagen usada para definir el papel de los vascos en la Red Cométe. En abril de 2015 escribíamos en este artículo sobre el papel de los vascos en la lucha contra el totalitarismo:

Lo mismo que el trabajo de los “mugalaris” vascos que se convirtieron el la “cola del cometa” ayudando a pasar a los pilotos derribados o a los judíos perseguidos que ponía a salvo la Red Cométe.

 

Elko Daily – 5/372016 – USA

Intertwined: The Tail of the Comet

Florentino Goicoechea (Basque: Florentino Goikoextea) lived in a 24-mile stretch of land between Hernani, Gipuzkoa, Spain, and Ciboure, France. He grew up in a small farm house without electricity or plumbing, hunted antelope and big-horned sheep in the hills south of San Sebastían, and fished the Bidassoa River that traced the Spanish-French border. He knew the Pyrenees that ran like a zipper from the Bay of Biscay to the Mediterranean with more than 50 alternating teeth peaking above 10,000 feet. He knew the sounds of night and day and the animals that growled, chirped, snarled, or hissed in the dense foliage and jagged rock along the high mountain passes. He had no formal schooling, only the knowledge afforded by these 24-miles, but it was this familiarity most of all that came to serve America and the Allies during World War II.

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