Victor Hugo (el literato, el intelectual y el político) fue un hombre extraordinario que vivió en una época extraordinaria. Firmemente consecuente con sus creencias, esto no impidió que estas evolucionaran con el tiempo pasando de posturas conservadoras, a otras que ahora se encontrarían entre la democracia-cristiana y la socialdemocracia europeas. En todo caso, fue siempre un defensor de los oprimidos, y feroz enemigo de la pena de muerte. Siempre se mostró contrario a la explotación de los más débiles, por lo que fue un recio luchador en defensa la clases sociales mas desfavorecidas (es decir la gran mayoría de la sociedad europea de la época), de los trabajadores y en  especial de los niños.

El fue el creador de la idea de unos Estados Unidos de Europa, y con su discurso en el Congreso Internacional de la Paz, que se realizó en París en 1849, sentó una idea de una Europa unida y en paz. Hizo falta un siglo y el sufrir un incontable numero de conflictos bélicos (incluidas dos Guerras mundiales) para que Europa empezara a dar los primeros pasos en el camino de aquella idea lanzada por Victor Hugo.

Elena Aramendia ha compartido en un post de su Facebook una serie de reflexiones que Victor Hugo escribió sobre los vascos dentro de alguna de sus obras. El escritor conocía bien a los vascos ya que en su infancia (1811) vivió un mes en Baiona, y en julio y agosto de 1843, visitó Gipuzkoa.

Lo que más nos ha sorprendido de estas reflexiones es su perspicacia a la hora de describir las razones del alineamiento de una sociedad tradicional, pero profundamente democrática, con el absolutismo de los partidarios carlistas. Esa incoherencia que parece que mantuvieron los vascos entre lo que eran y lo que defiendían los aliados elegidos, la explica de una forma simple y clara. Para ello se refiere al desprecio que los Liberales demostraron por todo que no encajara en su forma de ver el desarrollo de la sociedad y su visión del estado-nación uniforme y coincidente con los límites exactos de las tierras sobre las que reinaba la monarquía a las que buscaban sustituir. Por contra, el Carlismo les aseguraba que todo iba a quedar como estaba, incluyendo sus Fueros, que garantizaban sus libertades.

Su descripción de la incapacidad que mostraron los movimientos políticos transformadores del siglo XIX de aprovechar y aprender de los bueno que existía con anterioridad a la creación de las ideas revolucionarias “jacobinistas” en las que se basaban, es de una precisión extraordinaria. Los movimientos liberales y socialistas que se desarrollan en ese siglo, no aceptaron (no quisieron aceptar) que nada bueno existiese antes que ellos nacieran en las mesas de filósofos, intelectuales y profesores universitarios. Una élite que quería crear un mundo nuevo desde el papel y que desconocía o despreciaba unas estructuras de poder existentes que habían nacido de las decisiones del pueblo, como es el caso de las vascas.

Las citas de Víctor Hugo al país se dan en estas tres obras: La legende des siecles, L’homme qui sit, y sobre todo Alpes et Pyrenees.

” me encuentro en el país donde pronuncian B en vez de V; ante lo que se extasiaba el borrachín de Scaliger: Felices populi -exclamaba- quibus vivere est bibere”

“casi no son españoles en san Sebastián, son vascos. Aqui estamos en Gipuzkoa, es el antiguo país de los fueros, son las viejas provincias libres vascongadas. Hablan un poco de castellano, pero hablan sobre todo vascuence”

Refiriéndose a la división de los vascos en españoles y franceses

“añado que aquí un vinculo secreto y profundo, y que nada ha podido romper, une incluso a despecho de los tratados, esas fronteras “diplomáticas”, incluso a despecho de los Pirineos, esas fronteras naturales, a todos los miembros de la misteriosa familia vasca – la vieja palabra no es una palabra -: se nace vasco, se habla vasco, se vive vasco y se muere vasco, La lengua vasca es una patria, casi he dicho una religión”

“Aquí vivían bajo una carta puebla, mientras que Francia se encontraba bajo la monarquía absoluta muy cristiana Y España, bajo monarquía absoluta católica. Aquí desde tiempos inmemoriales, el pueblo elige al alcalde y el alcalde gobierna al pueblo, el alcalde es juez y pertenece al pueblo”

¿Por que ,según Hugo los vascos abrazaron mayoritariamente el carlismo?

” A primera vista, se hubiera dicho, que una nación semejante estaba admirablemente preparada para recibir las novedades francesas. Esto es un error, las viejas libertades temen a la libertad nueva. A principios de este siglo, las cortes, que hacían a cada paso, y muchas veces a propósito, traducciones de la constituyente, decretaron la unidad española, la unidad vasca se rebelo. La unidad vasca, arrinconada en sus montañas, emprendió la guerra del norte contra el mediodía. El día en que el trono rompió con las cortes, la realeza asustada y acosada, se refugio en Gipuzkoa. El país de los derechos, la nación de los fueros grito :Viva el Rey Neto”

Refiriéndose a la contradicción entre la democracia de los vascos y su apoyo a los absolutistas

” Y bajo esta aparente contradicción había una lógica profunda y un verdadero instinto. Las revoluciones – insistamos en esto – no tratan con menos rudeza a las antiguas libertades que a los antiguos poderes. Las revoluciones lo dejan todo como nuevo y vuelven a rehacerlo todo a gran escala, pues trabajan para el porvenir y desde ahora toman la medida de la futura Europa. Por ello estas inmensas generalizaciones que son, por decirlo de alguna manera, los marcos de las naciones del porvenir, y que tan escasamente tienen en cuenta las viejas costumbres, las viejas leyes, los viejos usos, las viejas franquicias, las viejas fronteras, los viejos idiomas, los viejos hábitos, las viejas usurpaciones, los viejos lazos que todas las cosas crean, los viejos sistemas, los viejos hechos”

” Quien ha estado en el País euskaro, desea volver a él, es una tierra bendita”

Nuestro agradecimiento a Elena Aramendia por habernos permitido utilizar esta recopilación de textos

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