Nigel Richardson es un periodista de The Telegraph que tiene un trabajo que, sin duda, es la envidia de una buena parte de su profesión (incluidos nosotros). Basta ver su listado de artículos en el diario para entender a qué nos referimos.

Pero nosotros nos vamos a fijar en el último de ellos. Dedicado a lo que es, lo reconocemos, uno de nuestros temas más queridos: la estación ballenera vasca de Red BayLeyendo lo mucho que hemos escrito de este lugar y de su fascinante historia, no es difícil entender  por qué.

El artículo de The Telegraph, es magnífico desde su titular. Un titular que nos ha recordado lo que escribíamos cuando este lugar recibía, de manos de la UNESCO; las placas que le reconocían como Patrimonio de la Humanidad

Con todos nuestros respetos para los canadienses, esta Estación Ballenera Vasca situada en lo que ahora son sus costas, es un “regalo sobrevenido“. Ya que fue construido por le esfuerzo y el trabajo de los vascos que allí fueron durante cientos de años. Vascos de todo el País, desde Baiona hasta el límite occidental que en aquel tiempo tuviera El País de los Vascos, son los creadores de esa parte de la historia vasca que se encuentra en tierras de Canadá.

A partir de ahí recoge todos los elementos clave necesarios para que el lector de su diario entienda la importancia de este lugar y la importancia que tuvieron los vascos en esa extraordinaria etapa de los “descubrimientos”.

Nos gusta mucho que se detenga en un elemento que fue la primera pista que ayudó a determinar la importancia de este lugar y que luego ha quedado “relegado” por la magnitud de descubrimientos posteriores.

Nos referimos a los restos de las tejas que cada primavera llevaban los balleneros vascos. Con el doble objetivo de servir de lastre en el viaje de ida, y de servir para reparar los tejados de los edificios que cada año eran dañados por el duro invierno de la zona.

Para los vascos las tejas tienen un sentido simbólico muy importante, unido a su función fundamental en la estructura de la casa, La ETXEA  que fue durante muchos siglos el eje de la vida y de la estructura social de los vascos.

Los niños recién nacidos,  que no había recibido el bautismo, eran enterrados bajo los aleros de los caseríos, para que fueran protegidos por el hogar. Esta ha sido una tradición mantenida hasta el siglo XIX en algunos lugares de El País de los Vascos.

Los tejados, las tejas, marcaban los límites de los municipios. No es difícil encontrar documentos oficiales que usaban frases como “hasta este punto llegan las goteras del municipio“. Hoy en día, cada año, el alcalde de Bermeo lanza una teja frente a la Isla de Izaro para recordar la pertenencia de la misma a su municipio. Mientras la lanza tras gritar para que todo el mundo le escuche:

“Honaino heltzen dira Bermeoko itxuginak” (hasta aquí llegan las goteras de Bermeo)

Que ceremonia más hermosa sería que los vascos de Canadá ( y los vascos de Saint Pierre et Miquelon), en un gesto simbólico y de hermanamiento con los habitantes de Red Bay, lanzasen cada año una teja a las aguas de la bahía tras afirmar:

“Honaino heltzen dira Euskadiko itxuginak” (hasta aquí llegan las goteras de Euskadi)

Dos apuntes finales:

El primero. Nos encantaría tener una fotografía de las banderas de Canadá y de Euskadi ondeando juntas en Red Bay. Tal y como se nos comenta en este artículo y en otros que ya habíamos recogido.

El segundo, una puntualización dirigida a Nigel Richardson. Los marinos vascos que llegaron hasta esas costas eran vascos de ambos lados de los Pirineos. Tanto de Iparrralde (en estos momentos bajo administración de la República francesa) como de Hegoalde (en estos momentos bajo administración del Reino de España)

En todo caso. Un magnífico artículo de lectura imprescindible.

The Telegraph – 1/5/2015 – Gran Bretaña

Red Bay: a corner of Canada that is forever Basque

The clues are there for anyone to see – the piles of red rubble on the beaches, the big bones scattered along one section of shoreline – but nobody in the Canadian fishing village of Red Bay had thought to put them together. “As kids we’d find these little pebbles on the beach, what we thought were pebbles,” Alice Moores, a local woman, told me. “We’d use them like chalk, to draw on the rocks.” Red Bay, on the coast of Labrador, is a classic “outport” of Atlantic Canada: clapboard houses perched on treeless headlands, shape-shifting icebergs out on the ocean – and a population of fewer than 300 since a dying fishing industry drove people to seek work elsewhere. For as long as anyone could remember, children had played with the red pebbles on the stony beaches. But it turned out that no one had remembered back far enough because they weren’t pebbles at all.

(Sigue) (Traducción automática)
anuncio-productos-basque-728x85-2