Nuestras búsquedas por el mundo, para saber qué se habla de los vascos, nos ofrecen resultados espectaculares, y resultados de sucesos extremadamente importantes que pasan casi desapercibidos. Aquí vamos a referirnos a uno de estos últimos.

Hemos hablado mucho (y lo seguiremos haciendo siempre que tengamos ocasión) de la dura historia de los niños vascos de la guerra. Lo hemos hecho, además, centrándonos en los que viajaron a Gran Bretaña. Ha sido así no porque no nos interesen el resto de las historias de los niños que fueros enviados como refugiados a otros lugares como la URSS, Francia, Bélgica,…. sino porque los medios de comunicación y la Sociedad civil de Inglaterra y Gales, han mantenido vivo, de una forma muy especial, el recuerdo de aquellos 4.000 niños y niñas que llegaron desde Euskadi en 1937.

Porque fue aquella Sociedad civil la que fue protagonista de ese extraordinario acto de solidaridad. Como escribíamos hace unos meses con motivo de un homenaje que se realizó en Bristol:

 

El artículo se basa en la memoria, y la memoria tiende a recordad de una forma especial lo bueno y a olvidar los problemas. La llegada de aquellos niños que huían de la barbarie no fue fácil. El Gobierno británico y una parte de la opinión pública no veía muy bien que hijos de “rojos” se refugiaran en Gran Bretaña. Sin darse cuenta que su “enemigo” no eran los republicanos, sino los fascistas insurgentes que acabarían llevando al mundo al desastre.

Por suerte, la Sociedad británica tenía muchas personas  solidarias, y de buen corazón, que hicieron todo lo posible porque aquellos niños pudieran alejarse de los desastres de la guerra y vivir en las mejores condiciones posibles. Una muestra clara de que ni los gobiernos ni los periódicos reflejan en muchas ocasiones lo que, de verdad, es la Sociedad.

Los Vascos estarán siempre en deuda con aquellas personas  y organizaciones. Los años hacen que las personas con una memoria directa de aquellos actos que están entre nosotros  vayan siendo cada vez menos.  Pero esa historia no debe desaparecer, se debe hacer todo lo posible no sólo para que se conserve en las baldas de la bibliotecas encerrada dentro de los libros de historia. Esa historia de guerra, y de solidaridad. Esa auténtica historia de Buenos y Malos, permanezca viva en los lugares donde pasó.

Hay personas en Gran Bretaña empeñadas desde hace mucho tiempo en mantener viva la memoria de aquellos acontecimientos. Son los miembros de la Asociacion Basque Children of ’37 Association UK.

Uno de ellos ha sido Tom Webb. El fue el auditor de Honor de la Asociación a la que ayudo a dirigir por muchos  años.

Acaba de fallecer y en el obituario que publica Basque Children, uno de sus hijos, Michael Webb, cuenta cómo su padre con 11 años se fue desde Southampton hasta North Stoneham a ver el gran campamento que en un primer momento acogió a aquellos niños y niñas que venían del otro lado del Golfo de Bizkaia huyendo de la guerra.

Por desgracia, aquella guerra que en 1937 parecía tan lejana para los ingleses, alcanzó a toda Europa y a todo el mundo. Porque era la misma guerra, la guerra de la Democracia contra el Totalitarismo. Lo triste es que después de años de conflicto y de tantos sacrificios, el Totalitarismo no fue definitivamente desarraigado de Europa.

Aquel conflicto le alcanzó de forma muy directa a Tom Webb, que perdió a su padre, tres años después de aquel viaje en bicicleta, en un bombardeo de la aviación nazi sobre Southampton.

Sin duda una gran persona.  

Rest in peace –  Goian bego

Basque Children – 20/4/2015 – Gran Bretaña

Tom Webb Obituario

Tom’s connection with the niños de la guerra started as an 11 year old cycling to see the camp at North Stoneham. He became the Association’s Honorary auditor and helped guide and steer us through the years. He enabled us to achieve charitable status. He is survived by his wife Eileen, two sons Michael and Martin, four grandchildren and five great grandchildren.

(Sigue) (Traducción automática)

 

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