Gizmodo Australia publica un magnífico artículo de Kelsey Campbell Dollaghan en el que se nos cuenta la evolución de la “época de los puentes transbordadores“. Desde sus inicios, a finales del siglo XIX, en la desembocadura de la Ria de Bilbao, hasta su final a principios del siglo XX.

El artículo nos narra la vida efímera del interés por unas estructuras arquitectónicas de una belleza enorme que vinieron a cubrir una necesidad nacida con la Revolución industrial y la demanda de mayor movilidad de personas y mercancías. Su final fue marcado por la propia evolución de esa movilidad, que hizo que, a partir del primer tercio del siglo XX, el parque automovilístico exigiera sistemas de transporte que  no limitasen el tráfico.

Es magnífica la referencia que hace al arquitecto Le Corbusier que, en los años 50 del pasado siglo, definía a los puentes transbordadores como las estructuras mas elegante del siglo XX.

Una gran lectura y una gran recopilación de fotografías de los puentes que en el cambio de siglo, entre el XIX y el XX, se convirtieron en auténticos elementos de orgullo de las ciudades que los poseyeron. Empezando por Portugalete, que dispuso del primero del mundo, y que ahora es Patrimonio de la Humanidad  tal y como lo reconoce la UNESCO. Sin olvidar que ese orgullo se mantiene en pleno siglo XXI, entre las ciudades que han sabido, o podido, mantenerlos en pie.

Gizmodo- 7/2/2015 – Australia

The Radical Hanging Bridges That Time Forgot

Puente Bizkaia. El primero de los "Puentes-transbordadores del Mundo"
Puente Bizkaia. El primero de los “Puentes-transbordadores del Mundo”

It’s easy to think of technology as a constant forward march, a smooth catenary arch towards the present. But some technologies don’t make it. Sometimes, grand visions of the future only last for a few years — or maybe a few decades. Today, it’s hard to imagine how exciting the 1890s were: The first electrical grids sputtered to life. The first gas-powered car races roared around cities. The first skyscrapers began to climb. As all this progress was blooming across the world, a strange new type of bridge began to spring up across industrial cities in Europe. It looked spider-like, with spindly steel legs that sometimes stretched higher into the sky than the tallest buildings of the day. Webs of cables held up a platform that hung over the water, moving back and forth from shore to shore, shuttling workers across busy waterways and dodging the tall-masted ships that could pass below its long legs.

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