La figura del gallego Alexandre de Fisterra tiene elementos suficientes como para convertirse en un libro de éxito o en una película de Hollywood. Fue un poeta, inventor y editor, republicano antifascista, exiliado, perseguido, precursor de los secuestros de aviones, y miembro de la Real Academia Gallega de la Lengua. Un hombre de esos que sólo pueden existir en momentos históricos tan extraordinarios y complejos como los que vivió.

Nos hemos encontrado un articulo en el magazine on line del Smithsonian (que ya ha publicado algunos interesantes artículos sobre temas vascos) un artículo sobre la Historia del Futbolín o Fútbol de mesa. En él se relata el nacimiento y difusión mundial de este popular juego, y es donde nos encontramos con este extraordinario personaje. Según el mismo relata, estando en un hospital de Cataluña en la Guerra Civil desarrollo la idea del futbolín, diseño el primer prototipo y le pidió a un buen amigo suyo, el carpintero vasco Francisco Javier Altuna, que lo construyera. Llego incluso a patentar su creación en Barcelona . Pero el final de la Guerra, es decir la victoria de los insurgentes, hizo que tuviera que huir a Francia y en ese recorrido perdió el documento de la patente.

Como bien dice el artículo del Smithsonian, es difícil que este gallego extraordinario y su amigo vasco construyeran el primer futbolín del mundo, ya que una patente británica de principios de los años 20 que podría ser considerada el primer modelo de este juego. ¿Pero alguien se puede imagina qué no pueden conseguir un vasco y un gallego juntos?

En todo caso es una historia curiosa e interesante ¿no creen?

Smithsonian – 4/1/2013 – USA

The Murky History of Foosball

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A group of young Parisians playing foosball at a cafe in 1958. (Rue des Archives / The Granger Collection, New York)

In the best tradition of skulduggery, claim and counterclaim, foosball (or table football), that simple game of bouncing little wooden soccer players back and forth on springy metal bars across something that looks like a mini pool table, has the roots of its conception mired in confusion. Some say that in a sort of spontaneous combustion of ideas, the game erupted in various parts of Europe simultaneously sometime during the 1880s or ’90s as a parlor game. Others say that it was the brainchild of Lucien Rosengart, a dabbler in the inventive and engineering arts who had various patents, including ones for railway parts, bicycle parts, the seat belt and a rocket that allowed artillery shells to be exploded while airborne. Rosengart claimed to have come up with the game toward the end of the 1930s to keep his grandchildren entertained during the winter. Eventually his children’s pastime appeared in cafés throughout France, where the miniature players wore red, white and blue to remind everyone that this was the result of the inventiveness of the superior French mind.

(Sigue) (Traducción automática)

 

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