De vez en cuando lo decimos: los vascos no saben cuidar a sus amigos. No queremos decir que sean, seamos, maleducados o descorteses. Todo lo contrario. El problema que tenemos es que disfrutamos de la inmensa suerte de contar con muchos amigos por todo el mundo, ganados a pulso por alguna, o varías, de las muchas virtudes que poseemos como Pueblo. Decimos que es un problema, porque los tenemos. Ellos ejercen de eso, de Amigos de los Vascos, pero nosotros no somos capaces de arroparles, de reconocer su trabaj  en defensa de lo que somos y lo que queremos seguir siendo. Eso pasa con los Amigos de los Vascos de todo tipo. Con los más poderosos, en el sentido de su capacidad e influencia, y con los que desde posiciones menos mediáticas y menos  influyentes socialmente, transmiten la mejor imagen de nuestro Pueblo en sus círculos de relación.

Eso es lo que pensábamos al leer la noticia publicada en el diario Gloucester Times, el diario de una población de la parte más europea que podemos encontrarnos, posiblemente, en todos los Estados Unidos.

La información nos cuenta cómo la Galeria Flatrocks de Lanesville, situada al norte de la península donde se encuentra Gloucester, inaugura una exposición de tres fotógrafos, en la que Anne Rearick, la protagonista de esta historia, va a llevar a los visitantes en un viaje al Corazón del País Vasco. No Vamos a ser nosotros los que expliquemos la relación de esta fotógrafa con nuestra tierra. Ella lo cuenta en su web mucho mejor de cómo nosotros podamos hacerlo nunca :

Since 1990, when I received a Fulbright Fellowship to photograph rural life in the Basque Country of southwest France, the heart of my work has been informed by this extraordinary region and its habitues.  During the past two decades I have returned at least twice a year, and it has become for me a second home, one whose shifts have resonated with my own evolution as a documenter of place and community and spirit. Many of the old people in St. Jean Pied de Port and its surrounding villages speak not French or Spanish, but Euskara, the Basque language.  This linguistic seclusion has contributed to their reputation for being closed and distrustful.  Yet since the first day of my first visit, when an elderly woman named Madame Hatoig invited me out of the rain and into her house, where she gave me slippers, hot tea, and madeleines, a generosity and openness have been echoed many times over by the shepherds, cafe owners, students, postal workers, and farmers I have come to know and who now let me photograph the interior of their lives.  In their kitchens and barns, over their afternoon glasses or Ricard, through their evening strolls and familial embraces, I have hoped to discover things rooted in the particularities of one walk of life, but which also transcend it and hold value for anyone musing about beauty and trying to hold on, about disappearing and transforming, about finding family, finding grace, and becoming attuned to ancient rhythms of human relations to place, to seasons, to soil and time.

(Desde 1990, en que recibí una beca Fulbright para fotografiar la vida rural en el País Vasco en el suroeste de Francia, en el corazón de mi trabajo ha sido informado por esta extraordinaria región y sus parroquianos. Durante las últimas dos décadas, he vuelto por lo menos dos veces al año, y se ha convertido en un segundo hogar para mí, uno de quién cambios han resonado con mi propia evolución como documentador de lugar y de la comunidad y el espíritu. Muchas de las personas de edad en St. Jean Pied de Port y sus pueblos circundantes no hablan francés o español, pero el euskara, la lengua vasca. Este aislamiento lingüístico ha contribuido a su reputación de ser cerrado y desconfiado. Sin embargo, desde el primer día de mi primera visita, cuando una anciana llamada Madame Hatoig me invitó a salir de la lluvia y en su casa, donde me dieron zapatillas, té caliente y magdalenas, una generosidad y apertura han sido repetidos varias veces por los pastores, propietarios de cafés, estudiantes, trabajadores postales, y los agricultores que han llegado a conocer y que ahora me deja fotografiar el interior de sus vidas. En sus cocinas, graneros, sobre las gafas o Ricard Sus tarde, la noche paseando por su familiar y abraza, he esperado a descubrir cosas arraigadas en las particularidades de una caminata de la vida, sino que también lo trascienden y tienen un valor para la meditación nadie de belleza y tratando de aguantar, sobre desaparición y transformación, sobre la búsqueda de la familia, la búsqueda de la gracia, y convirtiéndose en sintonía con los ritmos ancestrales de las relaciones humanas a otro, a temporadas, al suelo y al tiempo.)

Volviendo a nuestra reflexión del inicio. Somos un Pueblo pequeño y débil en el aspecto de política exterior. Pero somos un Pueblo persistente, que ha sido capaz de superar todos los obstáculos de la historia, acogedor, orgulloso pero solidario…Es decir somos un Pueblo que levanta simpatías. Esas simpatías, esos Amigos de los Vascos, son una de nuestras grandes herramientas para poder transmitir la imagen de lo que somos y queremos en el mundo.¿Seremos capaces de cuidares y agradecerlo?

Les dejamos con la información sobre la exposición y este enlace a las página dedicada a los Vascos en la web de Anne Rearick. Que nos ofrece, con sus fotos en blanco y negro, una imagen realizada en el presente pero de un Pueblo que no parece haber cambiado en el tiempo.

Gloucester Times – 4/4/2013

Lanesville exhibit spotlights photo projects

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“Jean Christian” by Anne Rearick, at Flatrocks gallery in Lanesville. Courtesy photo.

A show spotlighting the art of black and white photography is on exhibit at the Flatrocks Gallery in Lanesville, featuring the work of three local artists.

(Sigue) (Traducción automática)

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