Resulta difícil hacer entender que el auténtico Efecto Bilbao va mucho más allá y es mucho más complejo que la inauguración de un museo, por muy espectacular que sea el edificio y por muy diseñado por Ghery que éste esté. Es preocupante comprobar cómo los responsables de ciudades de todo el mundo no han sido capaces de entender el sentido profundo de lo que ha pasado, y está pasando, en Bilbao y en el conjunto del País Vasco. Es un poco deprimente ver como periodistas de medios de comunicación de primer nivel, y especialistas de urbanismo, arquitectura, o desarrollo social, de todo el mundo, no son capaces de analizar, con criterio, las razones que se encuentran tran la consecución, por parte de la sociedad vasca, de lo que casi se podría calificar como una refundación económica y social, al ser capaces de sobreponerse a una profunda crisis (no solo económica) que amenazó sus existencia como sociedad desarrollada y socialmente cohesionada.

El Museo Guggenheim Bilbao ha sido, sin duda, una de las mejores operaciones de marketing de ciudad que se han realizado en los últimos decenios en todo el mundo. Gracias a su construcción, Bilbao que era una ciudad bien conocida en los círculos económicos, industriales, portuarios, y financieros de todo el mundo, pero una desconocida a nivel popular, ha pasado a ser un referente internacional de primer orden; un paradigma de la ciudad que se transforma, se reinventa, y es capaz de salir de la crisis y la decadencia, para convertirse en una ciudad first class. Pero parece que cuesta mucho entender que si ese museo se hubiese construido en la ciudad que existía en 1980 (tal y como era, y tal y como estaba) Bilbao, parafraseando a Marx (Groucho), habría salido de la nada para alcanzar las más altas cotas de la miseria.

Hemos tomado prestado el título que encabeza estas líneas, de la entrada que el arquitecto Witol Drybczynski ha incluido en su blog, y que ha sido el detonante de este texto que están leyendo. Con todos nuestros respetos, no existe una Anomalía Bilbao, al menos en su sentido literal. Lo que existe es la anomalía de ver la guinda del pastel, pero no ver el trabajo del pastelero. O dicho sin metáforas, lo que es una anomalía es pensar que el Guggenheim Bilbao es la parte fundamental de un plan de transformación de Bilbao que se prolonga por más de 30 años, o que el plan de transformación de  la economía vasca que ha permitido que la sociedad vascas pasa de tener el 75% de la Renta Media Europea a tener el 150%, en poco más de 20 años. Eso sí que es una anomalía.

Es una anomalía pensar que un pequeño proyecto (desde el punto de vista de la inversión total que ha significado la transformación de Bilbao o el País Vasco) puede ser la clave de todo. Es cierto que ha sido muy llamativo y muy atractivo para vender el proceso en todo el mundo. Pero, repetimos, sin todo lo demás, ese museo habría sido un fracaso, estaría soportado en la nada.

El "Efecto Bilbao" va mucho más allá del Museo Guggenheim Bilbao

Durante un tiempo la Diputación Foral de Bizkaia, se encargo de llevar por las ciudades del mundo que se lo pidieron, una exposición sobre ese cambio. Bilbao, la transformación de una ciudad, que es como se llamaba esa exposición, se expuso en el Art Institute de Chicago, en la Biblioteca Central de Boston, en Vitoria (Brasil), en Melbourne, en Lisboa, en Shangai, o en Carnegie Science Center de Pittsburgh,Genova, o en el MIPIM de Cannes. En cada una de estas ocasiones se explicaba con detalle cuál era era la realidad de ese Milagro Bilbao que tanto interés suscitaba y , el entonces Diputado General de Bizkaia, repetía hasta la saciedad que lo que estaba pasando en Bilbao no era sólo la construcción de un museo y que cada lugar que quisiera seguir los pasos de Bilbao, debería preparar un plan de acción ambicioso a la vez que realizable y, si, además, quería conseguir una proyección internacional para ese cambio, debería buscar su propio “museo guggenheim” que ni tenia que se un museo, ni tenía que ser un edificio.

Es triste leer lo que escribe Witol Drybczynski  en su blog. Es triste ver que proyectos culturales, con interés por si mismos, ver peligrar su futuro por embarcarse en la construcción de edificios de diseño, en el convencimiento de que el diseño moderno y la firma de un arquitecto de renombre,  son suficiente para atraer visitantes. Es muy triste ver cómo ciudades depositan todas sus esperanzas en un proyecto clónico al del Guggenheim Bilbao. Pero es mas triste aun que las consecuencias de esa equivocada visión de cómo son las cosas y de cómo funcionan, se  relacionen con el caso Bilbao. Como si se trataran de las inevitables consecuencias de una mala influencia. El problema no esta en Bilbao, ni en su Efecto. El problema está en quedarse sólo en lo obvio, sin entender lo que realmente es y lo que realmente significa Bilbao y su transformación.

Si para hacerse rico explotando petróleo bastase con un trozo de terreno y un taladro, todos tendríamos pozos de petróleo y éste no tendría valor alguno. Para encontrar oro negro, hace falta, junto con un cierto porcentaje de suerte,  un buen estudio geológico que determine el lugar adecuado, y la voluntad y los recursos suficientes para llegar hasta el yacimiento y explotarle. Eso es lo que se hizo en Bilbao por parte de las autoridades vascas. Lo demás, es no querer ver las cosas.

Witol Drybczynski – 25/8/2011 – USA

The Bilbao Anomaly

After the phenomenal success of the Bilbao Guggenheim, the conventional wisdom had it that signature buildings were the way for museums to build attendance. Never mind the collection, the so-called Bilbao Effect would ensure that the public would come. In an age obsessed with marketing, a pithy phrase is all, and nobody bothered to check if eye-catching museum architecture really had this effect. It doesn’t, as the Experience Music Project in Seattle and the Denver Museum of Art showed. It doesn’t even work if you are in Manhattan on busy West 53rd Street, next door to the Museum of Modern Art.

(Sigue) (Traducción automática)

 

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