Los pueblos que no escriben su historia, porque se la escriben otros (normalmente vencedores de una confrontación), sufren, junto con la perdida de sus libertades, algunos castigos extra. Entre ellos, el que los hijos de su tierra que se hacen famosos, dejan de ser sus hijos, para convertirse en hijos de los que les han sojuzgado. De eso sabemos mucho los vascos, que vemos como nuestros protagonistas en la Historia se convierten en españoles o franceses en los libros. Vascos que se definen a sí mismos como vascos, de una forma directa y positiva, siguen apareciendo en los libros de historia como parte de una comunidad con la que ellos no se identificaban.

Hablando de esto, siempre nos viene a la cabeza, como paradigma de esta usurpación, el caso de José de Anchieta, el misionero más importante de Brasil y fundador de Sao Paulo. Su curriculum es inacabable: enfermero, científico, lingüista, escritor, fundador de ciudades, … un hombre renacentista. En todas sus biografías leeremos que se trata de un beato; hijo de un gipuzkoano de Urrestilla, que fue exiliado a la recién conquistada Tenerife por apoyar a los Comuneros en la guerra de Comunidades; que era familiar de San Ignacio de Loiola (otro gipuzkoano); que se hizo jesuita; que fue misionero en Brasil; y que era un español que nació en La Laguna (Tenerife- Islas Canarias) . Todo lo cuál es cierto, pero nacer en Tenerife en 1534 (menos de 40 años después de la conquista de las Islas) no lo convierte en  canario, como nacer en Cuba en 1550 (40 años después de su conquista) no convertiría a nadie en cubano. Todos los que escriben sobre la vida de este personaje extraordinario, se olvidan de que, siendo superior de los jesuitas en Brasil, después de haber nacido en La Laguna; después de haber estudiado en Portugal; después de haberse pasado toda su vida sirviendo al Rey de Portugal en la colonización de Brasil; él, en una carta que envía la Compañía de Jesús, se define a si mismo como…bizkaino (uno de las formas de llamar a los vascongados en la época). Lo triste es que ni los propios vascos lo reconocen como propio, por causa de que desconocen su historia,  ya que otros se han encargado (y se encargan) de escribirla a su conveniencia.

Bien, pues algo parecido pasa con Maurice Ravel. Su nacimiento en Ziburu (Ciboure en francés), o se desconoce, o se le da el valor de una anécdota  sin importancia, que no tiene ningún valor en la carrera de  este genial compositor francés. Pocos informan que era euskaldun (vascoparlante) . Es más, se dice que su madre era vasca, pero descendiente de una vieja familia española, como si ser vasco tuviera que ir siempre subrogado a algo superior: ser francés o español. Como mucho, se pueden plantear la influencia que pudo tener en su carrera,  la música popular vasca que su madre le cantaba en la infancia y se recuerda que hasta los 25 años no volvió a visitar su país natal.

Poco se habla de su proyecto inacabado, una gran obra titulada Zazpiak Bat (siete en una) dedicada a los vascos, que abandonó con el inicio de la Primera Guerra Mundial. Aunque el trabajo realizado dejó su huella en otras obras cumbres del compositor, como su Trio para piano, violin y violonchelo, en el que encontramos grandes influencias de la música tradicional vasca.

Y aquí llegamos al centro del asunto. El escudo y el lema de Zazpiak Bat se crea a finales del siglo XIX para reivindicar la unión de todos los territorios vascos. Se crea en el País Vasco continental (lo que se conoce como País Vasco francés) en 1897, cuando Ravel tiene 22 años, y refleja un movimiento social y político de amplia base, que buscaba la recuperación de los derechos y libertades vascas, perdidos con la Revolución francesa en la parte norte de nuestro País y con las Guerras carlistas  en la parte sur.

Desde nuestro punto de vista, escoger este título concreto para una obra, indica claramente que el compositor no buscaba hacer un simple homenaje a su tierra chica. El título de cualquier obra de arte busca representar el espíritu que contiene la misma, y usar el término, y la idea, Zazpiak Bat, va mucho más allá de un reconocimiento a un rincón de Francia.

Esta idea de una unificación de toda Euskalherria en una unidad política que estaría gráficamente representada por  Zazpiak Bat (que, por cierto, es el escudo que encabeza nuestra web) no es algo extraordinario en Iparralde. Ya el labortano Dominique Joseph Garat, que fue en dos ocasiones ministro de justicia con la Revolución francesa y embajador de Napoleón, lo propone  en 1803 (es decir apenas 20 años después de la abolición de las libertades vascas al norte de los Pirineos). (Para conocer un poco todos los movimientos políticos que se realizaron, y se realizan por la unidad de todos los vascos merece la pena echar una mirada aquí)

Todo esto viene a colación, porque al escribir una entrada sobre el grupo de música tradicional vasca Kalakan, hemos encontrado en la página web de su casa de discos una novedad videográfica consistente en un documental que se titula, Maurice Ravel: Zazpiak bat. Un trabajo que se perfila como muy interesante para conocer una de esas facetas de la Historia de los vascos que quedan escondidas por los libros de historia que quieren hacer de nuestro pueblo un actor pasivo de su propia historia y de la historia del Mundo.

Se lo dejamos referenciado por si es de su interés

ZTK Diskak – 5/2011 – Euskadi

Maurice Ravel : Zazpiak bat


Peu de gens savent que Ravel était basque par sa mère, qu’il était Euskaldun (bascophone) et qu’il est mort sans pouvoir commencer son grand projet musical en hommage à son pays, oeuvre qui aurait porté un titre en basque : “Zazpiak Bat” (“les Sept font Un”, symbole d’un Pays-Basque uni).

(sigue)

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Como bonus, les dejamos una versión del Bolero de Ravel, a dos  pianos y txalaparta,  Las hermanas Katia & Marielle Labèque al los pianos u dos de los miembros de Kalakan a la txalaparta. Que lo disfruten.

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