George L. Steer brilló con luz propia como periodista, pero, sobre todo, como un ser humano comprometido con la justicia y defensor de las causas perdidas que son, muchas veces, las que están más cerca del corazón de los hombres justos. Desde Abisinia, machacada por las tropas del fascista italiano Mussolini, a Euskadi, machacada por las tropas del fascista español Franco, sus escritos en The Times y en The New York Times levantaron ampollas entre los líderes totalitarios y sus aliados, que veían como sus actos salvajes y terribles quedaban en evidencia gracias a ese joven británico nacido en Sudafrica.
Los hombres somos lo que hacemos y pervivimos por lo que dejamos tras de nosotros. Steer fue un hombre bueno y su memoria perdurará por sus crónicas periodísticas que debieran ser de obligado estudio en las facultades de periodismo.

Cuando hace muchos años leí su libro, “El árbol de Guernica. Un ensayo sobre la guerra moderna”, me sentí orgulloso de muchas cosas: de ser vasco; de pertenecer a una familia en la que mi aitite fue voluntario en el batallón Arana Goiri a luchar contra el fascismo; me enorgullecí de una generación de vascos que lo dieron todo por la Patria y la libertad y que por esa decisión murieron o pasaron una vida de cárcel, persecución, estigmatización y exilio; me enorgullecí en especial de que nuestro primer Lehendakari fuera Jose Antonio de Agirre y Lekube un hombre integro, imbuido de la fuerza de la razón, de la energía del compromiso e impregnado del increíble poder moral que le daba ser un cristiano alineado con la revolucionaria doctrina social de la Iglesia.

Me sentí orgulloso por muchas cosas y leyendo ese libro, entendí con toda claridad que sólo siendo los mejores se puede triunfar incluso en la derrota. Aquellos hombres, que estaba conociendo a través del relato de Steer, me hicieron comprender que la Libertad a nadie se la regalan y que únicamente se consigue a través de “sangre,sudor y lagrimas”. Pero que de nada sirve conseguiría si no es desde la superioridad moral que da el actuar desde la justicia y el respeto al ser humano.

Franco ganó aquella guerra, como no podía ser de otra forma. El apoyo de las potencias fascistas y el indolencia de las “democracias” europeas nos condenaron a perder. El final de la Segunda Guerra Mundial no nos trajo la libertad prometida y los Aliados, para los que los vascos tanto habíamos hecho en los duros años de la contienda, se olvidaron de nosotros. Fueron tiempos duros. Más duros porque, durante la guerra, habíamos perdido a un amigo: Steer moría en un accidente.

Aquella generación heroica de abertzales nos dejo un camino marcado: compromiso con la democracia, y defensa de los derechos humanos. Por desgracia, algunos se dejaron seducir por el camino fácil de la venganza y la violencia, y aun estamos pagando las consecuencias de aquel error.

Hoy los vascos tenemos la posibilidad de cambiar las cosas y conseguir ser los dueños de nuestro propio futuro. Para ello basta con que sigamos  la línea de trabajo y los principios morales que nos dejaron Aguirre, Leizaola, Irujo, Landaburu y tantos y tantos vascos y vascas anónimos que mantuvieron encendida la llama de la libertad en los años más negros.

Ayer, en Bilbao, por fin, se le ha dedicado una calle a George L. Steer. Una calle pequeña, humilde. Pero seguro que muy de su gusto, porque es una calle donde vive gente obrera; situada junto a la estación de Atxuri, de donde salen los trenes a Gernika, Bermeo o Donostia; y mirando a un parque desde donde se ven las montañas que rodean Bilbao. No es una noticia que aparece en periódicos internacionales, sino sólo en los locales de Bilbao. pero queremos sumarnos en el  homenaje a ese periodista y no se nos ocurre mejor forma que reproducir su crónica más emotiva. Nacida de la terrible visión de la ciudad sagrada de los vascos reducida a cenizas. Fue la crónica que, de forma más evidente, dejo en evidencia la maldad intrínseca del fascismo, ya que no sólo sirvió para describir su brutal crueldad, sino que sirvió para desmontar sus mentiras.

La primera crónica se refiere al propio bombardeo. La segunda a las mentiras de Franco e incluye, también, un comunicado de la Cámara de los Lores sobre la destrucción de Gernika. Incluimos también dos crónicas de periódicos locales sobre el acto de ayer.

 

Imagen de Gernika tras el bombardeo (no incluida en la información de The Times)

 

 

 

 

 

 

 

The Times – 1937/4/28 – Gran Bretaña

The Tragedy Of Guernica

Guernica, the nmost ancient town of the Basques and the centre of their cultural tradition, was completely destroyedyesterday afternoon by insurgent air raiders. The bombardment of this open town far behind the lines occupied pre- cisely three hours and a quarter, during which a powerful fleet of aeroplanes consisting of three German types,(+)

The Times – 1937/4/30 – Gran Bretaña

Guernica And After

The military situation is admitted to be very serious, but perfect order is being maintained in the town and its environs. The village of Galdacano, which lies within the city fortifications, was bombed at 4.30 p.m. to-day for half an hour by 22 bombers and six chasers.(+)

 

Actualización (1/5/2011)

Gracias a una informacion sobre el aniversario del bombardeo de Gernika que salió en la web de la cubana Televisión de Camagüey, tenemos también la portada del New York Times y el artículo de Steer relatando el bombardeo de Gernika.

 

Deia – 2010/10/9 – Euskadi

Steer street

Bilbao homenajea al corresponsal británico George Steer, el cronista del bombardeo de Gernika, y le dedica una calle en Atxuri w “Mi padre representa la memoria de los tiempos duros”, proclama su hijo (+)

El Correo Español – 2010/10/9 – Bilbao

Bilbao honra al altavoz de Gernika

Dedica una calle a George Steer, el periodista que informó al mundo del infame bombardeo de la villa foral en abril de 1937 (+)

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