El diario mexicano Zócalo publica hoy un artículo de opinión de periodista y escritor mexicano Guillermo Fárber, en el que éste comenta con sorpresa la existencia de un cura antifranquista. Su artículo empieza así «Yo tenía entendido que todos los sacerdotes habían sido partidarios de Franco y del bando nacional sublevado contra los republicanos».

Es normal que piense eso, como es normal que llame a los sublevados «bando nacional», cuando hay que llamarles «rebeldes», «insurrectos» o, simplemente, «delincuentes».

Decimos que todo esto es normal, porque el régimen impuesto por el bando rebelde tuvo 40 años para «blanquear» sus asesinatos y crear un relato en el que se nos intenta convencer de que su actuación vino forzada por los acontecimientos, y que en realidad su régimen asesino fue benévolo. Una visión alimentada por los medios de la derecha de todo el mundo, ya que, después de todo,  Franco y su régimen eran anti-comunistas.

Esa visión distorsionada choca, además, con la  realidad de los vascos leales a la Democracia y la República. El nacionalismo vasco, confesional en tiempos de la II República y la insurrección franquista, se enfrentó a los rebeldes. Lo hizo con todas sus fuerzas. Lo que supuso un alto coste en vidas, en haciendas y en libertad. Y llevó a cientos de miles de vascos al exilio.

Misa de campaña de gudaris (miembros del Ejército de Euzkadi) durante la lucha contra los insurrectos franquistas
Misa de campaña de gudaris (miembros del Ejército de Euzkadi) durante la lucha contra los insurrectos franquistas

Un importante número de religiosas y religiosos, en Euzkadi y en España, se mantuvieron con sus fieles en el bando correcto. En el frente, los religiosos vascos que participaron como capellanes, o en la retaguardia colaborando con la población y con los desplazados, demostraron que lo que los insurrectos denominaban «Cruzada» no tenía nada de eso.

Su apuesta por su fieles, y por Euzkadi, la Justicia y la Democracia, les costó, en numerosos casos, la muerte, y en otros muchos la cárcel, la persecución y el exilio. Cientos de religiosas y religiosos tuvieron que irse fuera de su patria, bien acompañando a los exiliados vascos, bien camino de las misiones. No es de extrañar que allá donde fueron se implicaron en la defensa de los más débiles. Como tampoco es de extrañar que entre los «padres» de la Teología de la Liberación (y entre sus mártires) haya abundancia de religiosos vascos. Merece la pena leer el capítulo dedicado a Aita Patxi, el religioso pasionista, o los de la guerra civil y los primeros años de la dictadura, en el libro del Padre Elorza que recogimos con motivo de la conmemoración del nacimiento del obispo pasionista Martín Elorza .

Esta situación de una iglesia fiel a su Pueblo, la narra muy bien el embajador de Estados Unidos en España desde el año 1933 a 1939, Claude G. Bowers, en su libro «Misión en España», como recoge el periodista, y director del Plural, Enric Sopena.

Fueron mártires y perseguidos por no plegarse al fascismo y a la insurrección, por apostar por su pueblo y por acompañarle en tan duros momentos.

La Iglesia oficial, la que llevaba «bajo palio» al dictador y asesino Francisco Franco, no los recuerda. Mas bien, los oculta y silencia. Por eso casi nadie fuera de nuestra patria, de Euzkadi, sabe lo que en realidad ocurrió.

Un recuerdo a todos ellos, en un día tan especial como el 24 de diciembre.

Compartimos el artículo de Zócalo, y un magnífico artículo de Miquel del Toro, que ofrece un relato de lo ocurrido.

Zócalo – 24/12/2019 – México

¿Un sacerdote antifranquista?

o tenía entendido que todos los sacerdotes habían sido partidarios de Franco y del bando nacional sublevado contra los republicanos. Pero leo en Wikipedia que Marino Ayerra Redín (Navarra 1903, Argentina 1988) muere atropellado (presuntamente a propósito) a los 85 años por un miembro de las fuerzas armadas argentinas.

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El Estado –

La represión franquista de los curas vascos: los otros “mártires” de la Guerra Civil

La Iglesia católica no sólo apoyó a Franco antes, durante y después de la Guerra Civil, sino que colaboró activamente en la represión posterior sobre cualquier persona que fuese considerada “afín a los rojos”. Además, en muchos casos fueron los propios sacerdotes los que se unieron de forma entusiasta a las columnas de los sublevados, y participaron activamente en las matanzas.

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