Estos días estamos hablando en varias ocasiones de los vascos del sur de Idaho, en concreto de los que habitan en el condado de Blaine. La razón es que se va a celebrar uno de los grandes festivales de otoño en los USA según National Geographic, el «The Trailing of the Sheep».

De este evento hemos hablado en varias ocasiones y viene a ser el equivalente a la Sanmiguelada, que es el traslado de las ovejas desde los valles de Salazar y Roncal, en los Pirineos navarros, hasta la Bardenas en septiembre.

The Idaho Mountain Express ha publicado un interesante artículo, firmado por Mark Dee, en el que, con este festival como excusa,  se recogen numerosos aspectos interesante de la presencia vasca en aquella parte de los USA y de la situación actual de su pequeña colonia vasca.

Ejemplos de arborglyphs vascos en USA
Ejemplos de arborglyphs vascos en USA

Las historias talladas a las que se refiere el artículo son los arboglifos de los que hemos hablado en varias ocasiones en ese blog. Dibujos y mensajes grabados en la corteza de los álamos por los pastores en los largos periodos de soledad en los que tenían que vivir mientras cuidaban el rebaño que tenían asignado.

 

A partir de ahí el autor va relatando la historia, las historias, de su llegada a los USA a lo largo de un siglo para buscar fortuna, bien buscando oro, bien cuidando rebaños. Algunas de esas historia nos llevan a un periplo que empezando en Euskadi, pasa por la corta de caña en Australia y acaba en el Far West, en el Condado de Blaine. Donde, en los años 50 del pasado siglo, el literato, y gran amigo de los vascos, Ernest Hemingway (del que hemos hablado mucho, por derecho propio en el blog). En sus estancias mantenía largas charlas con Pilar y Paulita Arriaga, dos vascas emigradas a aquella parte del mundo.

Otra cosa que nos ha interesado, y mucho, es el relato de la pérdida de conexión de los descendientes vascos, con sus raíces. Un problema que nace de la pequeña población vasca que existe. Lo que dificulta la creación de estructuras comunitarias que ayuden a mantener las conexiones con la patria de origen.

Son las poblaciones mayores, con comunidades vascas lo suficientemente amplias, las que pueden crear esas estructuras comunitarias que mantienen vivas las tradiciones nacionales. Como siempre recordamos, no se trata de otra cosa que de eso, de mantener la conexión con las raíces, al tiempo que se cumple la petición que en 1942 hacía el Lehendakari Aguirre a todos los vascos de la diáspora «ser, en los países de acogida, los mejores ciudadanos».

Una petición que iba dirigida, sobre todo a los vascos que tuvieron que salir al exilio a partir de 1937. Porque los que ya se había asentado fuera de su patria, estaban en aquellos momento demostrando su capacidad de ser los mejores ciudadanos de todas las formas posibles. En USA, por ejemplo, luchando contra el totalitarismo dentro del ejercito de aquel país.

En todo caso esta información ayuda a conocer, y entender, cómo se esta perdiendo contacto con vasco-descendientes en las zonas donde su presencia es menor. Somos un país pequeño para el que cada vasco en el mundo es fundamental. No podemos darnos el lujo de perder ni uno. Sabemos que es un reto difícil, pero en estos tiempos en que las redes de comunicación nos permiten llegar casi a cualquier rincón del planeta, habrá que buscar mecanismos y herramientas para que estos compatriotas puedan conocer sus orígenes y sentirse identificados con ellos.

Como ya nos ha pasado en otras ocasiones, la compleja normativa de protección de datos de la UE hace casi imposible para los ciudadanos europeos que podamos acceder a diarios de otras partes del mundo. Este es un caso de estos. pero como el artículo nos parecía muy interesante y que merecía tener un espacio en nuestro blog, hemos pedido permiso al diario para que aparte de colocar un enlace a la fuente original, podamos reproducir en su integridad el artículo en PDF. Permiso que hemos recibido. Algo que agradecemos. Además incluiremos una traducción del artículo (por traducción automática de Google).

The Idaho Mountain Express – 9/10/2019 – USA

Basques carve their history

The Oinkari Basque dancers of Boise carry their culture’s banner in the Trailing of the Sheep Parade. The city has the largest Basque community in the United States. Express photo by Roland Lane
The Oinkari Basque dancers of Boise carry their culture’s banner in the Trailing of the Sheep Parade. The city has the largest Basque community in the United States. Express photo by Roland Lane

The first Basques in Blaine County wrote their stories in the trees. Thin blades through old-growth aspen, that worked best. You’d see nothing at first, a paper cut in parchment bark. The words grew with the timber, stretched and split and darkening until, summers later, a sign would appear. A map, a name, a history.

(Sigue) (Traducción automática)


Basques carve their history – Idaho Mountain Express 2019-10-9

Copyright Express Publishing, Inc., Ketchum, Idaho, USA.


Traducción automática

The Idaho Mountain Express – 9/10/2019 – USA

Los vascos tallan su historia

A medida que la influencia disminuye en el condado de Blaine, el legado vasco marca un camino para futuros inmigrantes

Los primeros vascos en el condado de Blaine escribieron sus historias en los árboles.

Láminas delgadas a través del álamo temblón antiguo, que funcionó mejor. Al principio no verías nada, un papel cortado en corteza de pergamino. Las palabras crecieron con la madera, se estiraron, partieron y se oscurecieron hasta que, veranos más tarde, aparecería una señal. Un mapa, un nombre, una historia.

Décadas, las tallas se deformarían y se moverían hacia el cielo.Habían cicatrizado, el mensaje manchado, perdiendo significado pero nunca se había ido realmente, siempre y cuando los árboles siguieran en pie.

En ciertos senderos, Jodie Goitiandia reconoce los nombres en los árboles. Son personas que conocía desde la juventud, cuando los pastores vascos se detenían en la casa de su familia en el medio del valle, arrastrando ovejas de sus altos rangos alpinos hacia los inviernos de Hagerman. Acamparían frente a la casa, ahora las oficinas de Clear Creek Disposal, y comerían: estofado de cordero y pan de pastor que florece a través de la tapa de los hornos holandeses. Por la mañana, se dirigiría hacia el sur unos kilómetros a su lado, hacia las antiguas y vacías casas de los Inchaustis, los Arriagas y el Hotel Rialto de Astoriquia.

La gente le pide a Goitiandia que reclute sangre nueva para las viejas formas, ahora que sus propios hijos han crecido. Pero generaciones atrás, los niños de por aquí son más idahoanos que cualquier otra cosa, más estadounidenses y tan vascos en cultura como Shaquille O’Neal es irlandés. Hoy, con pocas excepciones, la cultura vasca se concentra en las ciudades que tienen la masa crítica para sostenerla. Boise es el lugar, con restaurantes y mercados y escuelas de euskera. Gooding logra mantener un centro cultural en funcionamiento. Tienes que salir del condado de Blaine para encontrar esa conexión.Entonces, el Wood River Valley tiene su historia, sus nombres en las guías telefónicas, en los edificios, escritos en los árboles.

A Joe Burgy le gustaba decir que su abuelo contrató a los primeros pastores vascos vascos en el sur de Idaho. “El abuelo Curran”, como lo llamaba Burgy, vivía y cordero en Hagerman, todo papa en 1978, cuando Burgy dio su historia oral al Centro de Historia Regional en la Biblioteca Comunitaria de Ketchum.Antes de que los camiones pudieran manejar el país, el abuelo Curran y su personal vasco correrían la bandada hacia los dientes de sierra y regresarían. Todo en un año de trabajo.

“Pásalos de una manera, pásalos de otra”, dijo Burgy.

Pero los vascos estaban en América mucho antes que el abuelo Curran. Los registros ubicaron a los antepasados ​​en lo que ahora es Nuevo México ya en 1598, según los antropólogos William A. Douglass y Joseba Zulaika, quienes literalmente escribieron los libros sobre estudios culturales vascos; ese hombre, Juan de Oñate, “algo proféticamente” trajo algunas de las primeras ovejas domésticas al continente.

Siglos después, miles más abandonaron sus hogares en el norte de España y el sur de Francia para encontrar su fortuna en las minas estadounidenses durante la fiebre del oro de mediados del siglo XIX. El trabajo no fue adecuado para muchos.Desilusionados, eligieron trabajos sobre el suelo, atendiendo al rebaño. Y aquellos que encontraron el éxito enviaron un mensaje a casa.

“Esta reputación grupal por su habilidad y dedicación al pastoreo convirtió a los vascos en uno de los principales arquitectos de la industria ovina de la región”, escribieron Douglass y Zulaika en “Cultura vasca: perspectivas antropológicas”.

A medida que las fronteras comenzaron a cerrarse, a medida que las cercas y los ranchos y, más inofensivamente, las reservas naturales comenzaron a aparecer en California, los pastores fueron obligados a encontrar terreno abierto. Nevada e Idaho tenían bolsillos que nadie tocaría. Ahí es donde fueron.

Allá afuera, el pastor vasco cortó una imagen mítica. “Señores de la gama”, los llamó la escritora Michele Strutin. “Los centinelas solitarios de Occidente”, escribió el autor vasco-estadounidense Robert Laxalt. Incluso los eruditos como Douglass recurrieron a los poetas, hablando de “vidas solitarias bajo el gran cielo”.

“Había muy pocas nacionalidades que pudieran perseverar, resistir la soledad y hacer todo lo que hicieron”, dijo Joe Laragan, un hijo de inmigrantes vascos nacido en Estados Unidos, en una entrevista de 1983 con el Centro de Historia Regional. “Era otra vida”.

Esa vida perteneció al padre de Joe, Marcelino. Llegó al oeste de Bizkaya —Vizcaya, España— en 1907. La madre de Laragan lo siguió, en 1910. En ese momento, se estaba volviendo más difícil de hacer. Un sentimiento nativista dominaba la política y sofocaba la inmigración con nuevas leyes destinadas a limitar a los migrantes. Se establecieron pruebas de idioma, se establecieron cuotas. Durante mucho tiempo, el gobierno otorgó una asignación anual de 500 “pastores españoles”, como se llamaba a los vascos. Durante la guerra, cuando la mano de obra era corta y se necesitaba lana, los grupos industriales presionaron al Congreso por más. Los vascos fueron “importados” por asociaciones de productores de lana, esencialmente contratados, con contratos de tres años.

Muchos estaban felices de irse. La economía europea estaba en cráteres, y España estalló en una guerra civil. Cuando terminó, Francisco Franco pisoteó con fuerza a los vascos opositores. En 1939, prohibió todos los idiomas además del español castellano, un idioma que muchos en Bizkaia no conocían.

Sebastian Goitiandia, el abuelo paterno de Jodie, huyó de Bizkaya. Dejó a su esposa, María, y a sus hijos, José y Juan, con la promesa de un sueldo en su lugar. Se habría ido por años: primero, a los campos de caña de azúcar en Australia, y luego, finalmente, al equipo de ovejas de Joe Oneida en la llanura del río Snake. Oneida era un hombre vasco con el nombre de Ellis Island y una esposa estadounidense. El trabajo fue bueno, y también lo fue la empresa. Sebastian envió por su familia.

En aquel entonces, el camino hacia el sur desde Ketchum estaba manchado con las pensiones vascas a lo largo del sendero de las ovejas. Shoshone solo tenía hasta siete de ellos. Los propietarios, como los invitados, hablaban el mismo idioma.Ellos sabían las mismas canciones. Julie Stevens recuerda que durante la década de 1950 y hasta los años 60, los vascos eran dueños de casi todos los bares de Hailey. La Casa de la Moneda, el Hiawatha, el Pasatiempo tenían dueños vascos y servían a la clientela vasca. Sus propios padres, Epi y David Inchausti, comenzaron el Gem Bar en Bullion Street y se hicieron famosos en la comida vasca. Ernest Hemingway comió allí, junto a Gary Cooper y Cary Grant. Lo mismo hicieron Lucille Ball y Desi Arnaz. El coronel Sanders le dijo a Epi que solo había comido mejor pollo en otro restaurante, el suyo.

Los restauradores vascos tenían una cosa en común: querían salir del negocio de las ovejas, recuerda Stevens. David Inchausti, su padre, no tenía idea de cómo manejar un rebaño cuando se enganchó con una manada en Challis. Su familia no hablaba inglés. La hermana de Julie pasó sus primeros tres años en España. En Idaho, vivió de lunes a viernes con una familia estadounidense para aprender el idioma. David y Epi establecieron una regla: ese es el idioma que hablaría su familia. Después de eso, ninguno de sus hijos aprendió euskera.

“Mi papá quería que fuéramos los mejores estadounidenses que pudiéramos ser”, dijo Julie. “Sabía que para tener éxito, eso era lo que tenía que hacer”.

Stevens recuerda cuando los chicos de Goitiandia se presentaron en la preparatoria Hailey. Tampoco hablaban inglés. En España, José Goitiandia había estado trabajando en un aserradero, ganándose la vida. En Estados Unidos, se convirtió en Joe, el nombre que recibe hoy en día, y se casó con la hija de Joe Oneida. Trabajó en trabajos ocasionales hasta que pudo pagar una camioneta, y comenzó un negocio: Wood River Basura, recolección de basura. Dirigió esa compañía durante cuatro décadas, hasta que la vendió. Hoy se conoce como eliminación de Clear Creek. Su hermano, Juan, trabajó para Sun Valley Co. hasta que murió el año pasado. Ninguno de los dos corría ovejas, y ninguno quería hacerlo.

“La mayoría de los vascos trabajaban en ovejas solo mientras tenían que hacerlo”, dijo Jodie, la hija de Joe. “Eso fue justo lo que los hizo comenzar. Nadie quería estar allí por mucho tiempo. Fue una vida solitaria “.

“Cualquier oportunidad que tuvo, la aprovechó”, dijo sobre su padre. “Quería salir adelante, eso es lo que lo impulsó toda su vida. Porque no tenía nada “.

Franco murió en 1975. Cuando terminaron los contratos de ovejas, muchos vascos volvieron. Y, las reformas de inmigración de Estados Unidos en la década de 1960 efectivamente derogaron las leyes aprobadas décadas antes, permitiendo que otros se quedaran.

En 1970, alrededor del 90 por ciento de los pastores de ovejas en el oeste de los Estados Unidos eran vascos, dijo Douglass; en 1976, se redujo al 17 por ciento. Una nueva ola de inmigrantes tomó el manto, en su mayoría mexicanos y peruanos.Establecieron el mismo terreno, comenzaron sus propios negocios, construyeron sus propias vidas. Hoy, no encontrarás muchos vascos en el rango. Encontrarás a otros, que hablan español del Nuevo Mundo, con la esperanza de seguir la trayectoria que los vascos trazaron ante ellos. Esa historia, escrita en silencio en los árboles.

“Esencialmente, cada pastor se convirtió en un registrador de la historia a tiempo parcial, y cada tronco de árbol en un documento vivo”, escribió Joxe Mallea-Olaetxe en su historia, “Hablando a través de álamos tembloses”. El pastor de ovejas dejó su marca en los árboles, y así su memoria sobrevivió.

Copyright Express Publishing, Inc., Ketchum, Idaho, USA.