Mikel Ezkerro la «memoria viva» de los vascos en Argentina
Mikel Ezkerro nació en Rawson, partido de Chacabuco, provincia de Buenos Aires y realizó sus estudios primarios con los Jesuitas en Bilbao, País Vasco. Sus estudios secundarios los continuó con los Jesuitas pero en el Colegio del Salvador en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Es un investigador histórico, especializado en la historia del País Vasco, siglos XIX y XX, en Historia de la Comunidad Argentina de origen vasco y sus instituciones en Argentina.

Además, Ezkerro es miembro del Instituto Americano de Estudios Vascos, y del Centro de Estudios Históricos y del Nacionalismo vasco Arturo Campión; exresponsable del Area de Cultura de la Federación de Entidades Vascas de Argentina (FEVA); Autor de la Historia del Centro Vasco Laurak Bat de Buenos Aires, obra editada por el Gobierno Vasco

 

Hoy incrementamos nuestra sección Crónicas vascas con un triple artículo de Mikel Ezkerro en el que nos narra desde su experiencia personal la biografía de los tres hermanos Irujo. Poder contar con un texto de Mikel Ezkerro en nuestro blog es un honor extraordinario. Este vasco-argentino es un referente incuestionado de la memoria colectiva vasca en aquel país y en toda Sudamérica. La deuda que como Pueblo tenemos con el trabajo que ha realizado es impagable. Por suerte para nosotros la gran fuerza que ha impulsado a Mikel en la realización de su labor ha sido la misma que ha guiado a todos los grandes patriotas vascos: Su amor a la Patria y su compromiso con su defensa.

El profesor Ezkerro tuvo la oportunidad de conocer bien a estos tres pilares de la Causa del Pueblo Vasco y escribió unas notas sobre sus experiencias con los tres hermanos para el libro que editó la Hermandad de Nuestra Señora de Aranzazu de Lima con motivo de los actos conmemorativos de los 75 años de la Gira Americana que 1942 realizó el lehendakari Aguirre, de la que ya hemos hablado en este blog.

Ahora tenemos la oportunidad de compartir estos textos que nos ayudan tanto a conocer mejor el perfil de estos tres patriotas vascos, como a descubrir una pequeña parte de la gran labor política y cultural que se hizo desde la diáspora vasca, en este caso desde la  argentina, en defensa de la Causa del Pueblo Vasco.

Hemos dudado si difundirlo en tres entregas o hacerlo sólo en una. Nos hemos decantado por esta ultima opción porque pensamos que la labor de estos tres hermanos resumen muy bien el trabajo que los patriotas vascos realizaron desde en exilio en los diferentes campos en que se dirimía la lucha por la supervivencia de nuestra nación: el institucional, el político y el cultural.

Por eso creemos que deben ir juntos, ofreciendo una visión de conjunto de estos tres hermanos que Mikel Ezkerro nos presenta en una visión personal, recogiendo los valores y el compromiso de tres patriotas extraordinarios.

Los tres hermanos Irujo, Manuel, Andrés María, Pello, así como el propio Mikel son eslabones de la cadena que nos une a nuestra historia como nación y que ha sido fundamental para mantener el «continuo histórico». En personas como estas pensaba Aita Barandiaran cuando nos recordó que «somos porque fuimos y serán porque somos» (Izan zirelako gara, garelako izango dira).

Hay una deuda inmensa con todos ellos que sólo se puede, y se debe, pagar de una manera: siguiendo su ejemplo, y tomando el relevo.

Foto familiar al completo en la huerta de la casa de Lizarra. De pie, izquierda a derecha :Eusebio, Manuel, Delfin. Jose Ignacio y Josefina. Sentados: Rosario, Eusebio Ollo(tío),Pello Mari, Aniana y Andrés. (foto de irujo Etxea)
Foto familiar al completo en la huerta de la casa de Lizarra. De pie, izquierda a derecha :Eusebio, Manuel, Delfin. Jose Ignacio y Josefina. Sentados: Rosario, Eusebio Ollo(tío),Pello Mari, Aniana y Andrés. (foto de Irujo Etxea)

Sobre Manuel, Andrés María y Pello de Irujo Ollo

Textos de Mikel Ezkerro. Preparados para el libro que editó la Hermandad de Nuestra Señora de Aranzazu de Lima con motivo de los actos conmemorativos de los 75 años de la Gira Americana que 1942 realizó el lehendakari Aguirre.


 

Manuel Irujo 1938
Manuel Irujo 1938

Manuel de Irujo

«Hay hombres que pueden ser señalados dentro de una Nación como arquetipos de una generación, hay unos pocos, elegidos, que trascienden las generaciones. Uno de esos elegidos es don Manuel de Irujo Ollo.»

Esta frase la escribí, bajo el seudónimo Lekunberri, en la revista La Baskonia, Segunda época. Año 3.N. 1698. Año 1981, Págs. 42 y 43.

Treinta y seis años después, tienen plena vigencia.

Sobre Manuel de Irujo Ollo  (1891-1981) se han escrito miles de páginas en Europa y América, analizando su polifacética personalidad como navarro «y por ello doblemente vasco» como le gustaba definirse, como patriota vasco, europeísta, demócrata, humanista, jurista, como defensor de los Derechos Humanos, etc.

En este artículo, me centraré en dar una opinión nacida de mis contactos con don Manuel en nuestros encuentros en París (1971 a 1975), en San Juan de Luz (1971 a 1975), Buenos Aires (1975) e Iruña-Pamplona (1978 a 1980).

Mi primer encuentro con don Manuel de Irujo Ollo fue en su despacho en la sede del Gobierno Vasco en París en la rue Singer 50. Don Manuel sabía por cartas de su hermano Pedro María, director del mensuario Eusko Lurra-Tierra Vasca que se publicaba en Buenos Aires, que yo escribía todos los meses en esa publicación, utilizando cuatro seudónimos. Don Manuel leía de la A a la Z, cuanto aparecía en el mismo, y le enviaba a su hermano su opinión favorable o no sobre todos las notas aparecidas, así lo hizo hasta el último número publicado en septiembre de 1975.

Por mi parte, yo había leído todos los libros de don Manuel, publicados en Buenos Aires por la Editorial Vasca, cofundada por su hermano Andrés y el Dr. Isaac López Mendizabal, sus artículos en «Alderdi», revista oficial de Partido Nacionalista Vasco que se publicaba en Bayona, en «Euzko Deya» de México, etc.

Cuando nos vimos personalmente por primera vez, nos separaban 47 años de edad física, y si en lo NACIONAL VASCO coincidíamos, teníamos opiniones diferentes en lo ideológico político, pero desde las primeras palabras percibí claramente que me encontraba ante un hombre que practicaba estrictamente la frase de Montaigne «Hay que frotar los sesos de uno con los del prójimo», es decir, DIALOGAR.

Desde entones, y hasta nuestro último encuentro en encuentro, un año antes de su fallecimiento, ninguno de los dos ocultó sus diferencias, reafirmamos nuestra coincidencia en lo Nacional y encontré siempre un don Manuel dispuesto a escuchar, convencidos, tanto él como yo, de que no éramos cada uno poseedor del «monopolio de la verdad».

Don Manuel tenía una preocupación visceral por estar al tanto de las ideas de una generación que había nacido y crecido bajo un régimen como el franquista, estrictamente violento, y las consecuencias que esto originaría con el tiempo en esa generación.

Poseía unas concepciones ideológicas y fidelidades partidistas a las que fue fiel durante los casi 72 años de su militancia  en Euzko Alderdi Jeltzalea – Partido Nacionalista Vasco.

Mantuvimos numerosas y extensas pláticas, que se iniciaron en la sede del gobierno Vasco de la rue Singer. Luego continuaron en su pequeño estudio que parecía la celda de un cartujo, de la rue Boulanvilliers; en el coqueto Hotel Eskualduna de San Juan de Luz; en mi casa en Buenos Aires; o en su piso de la calle Aoiz en Iruña-Pamplona, donde nos vimos por última vez el 17 de enero de 1980. En ellas le oí decir SÍ a varias ideas mías, y rotundos NO a otras, pero SIEMPRE DIALOGANDO.

También aprendí de su boca muchas cosas de la Historia y la Geografía de Navarra, llegando a emocionarme en San Juan de Luz cuando me describiera con lujo de detalles cómo era el pueblo de Baraibar, donde naciera mi bisabuelo, Miguel Andrés Azpiroz Apezteguia, el último euskaldun de mi familia.

¡¡¡Nabarra!!! Cómo sonaba esa palabra en labios de don Manuel, Navarra, «anai zaharra», que, como Euskal Herria, se extiende al norte y al sur de los Pirineos.

A don Manuel de Irujo Ollo lo vi emocionarse y llorar como un niño en octubre de 1978 en el homenaje que le brindara Amigos del País en Iruña, cuando el txistu de José Luis Garay interpretaba la melodía de «Illun Nabarra».

En nuestros paseos por el Bois de Boulogne, me contaba que su vocación primera fue la de ser músico, pianista. Cómo tuvo que oficiar, junto a su señora madre, de una especie de padre sustituto para ayudarla en la educación de sus hermanos menores, Andrés y Pedro María, tras el fallecimiento de su padre, Don Daniel de Irujo Urra, el abogado defensor de don Sabino de Arana Goiri.

Sabino Arana en la carcel de larrinaga
Sabino Arana en la carcel de Larrinaga

También me habló de cómo conoció a Arana Goiri el año 1896, cuando su padre lo llevó en una visita a la cárcel de Larrinaga, en Bilbao; o cuando, ante una pregunta que le hice, me dio amplios detalles de su extensa polémica epistolar con otro gran patriota vasco, Eli de Gallastegi.

El 1 de enero de 1891, fallecía en Iruña a los 89 años don Manuel de Irujo Ollo. El día 3, sus restos fueron trasladados a su ciudad natal, Lizarra-Estella, y como escribe José Miguel Urmeneta, «me dijeron, porque no estuve, que su féretro parecía una barquita que se mecía sobre la muchedumbre, en Estella camino de la iglesia»

Concluyo con una reflexión personal: que en 2017, ahora, y en los tiempos que vienen, impere en la tierra de mis mayores, con el nombre que cada uno sienta, EUSKADI, EUZKADI, EUSKAL HERRIA, ESKUAL HERRIA… EL DIÁLOGO. Esa cualidad humana que rigió la vida y obra de don MANUEL de IRUJO  OLLO.

Mikel  Ezkerro


Pello irujo Ollo
Pello irujo Ollo

Pello María de Irujo 

«Pello es el arquetipo del resistente vasco, puede haber quien lo iguale, pero nadie que lo supere»
(Manuel de Irujo)

Escribir objetivamente sobre un amigo es difícil. Hacerlo sobre el mejor amigo de uno en la vida, y Pello Mari Irujo Ollo lo fue, es aún mucho más complejo.

Cuando en abril de 1949 con 39 años, Pello Mari Irujo pisó suelo argentino, debe haber pasado por su cabeza, como si fuese una película, una serie de hechos que marcaron su vida hasta ese momento:

Su infancia, que pasó en la casa familiar de Lizarra-Estella, Nabarra, donde su hermano mayor Manuel, que le llevaba 20 años de diferencia, fue como su segundo padre, ayudando a la madre, ya que el padre, el Dr. Daniel de Irujo Urrra, que fue abogado defensor de Sabino de Arana Goiri en 1896 y 1902, falleció cuando Pello Mari tenia poco más de un  año.

Sus estudios, que realizó en el Colegio de Lecaroz de los Capuchinos. Fue uno de los primeros afiliados en Nabarra, en noviembre de 1930, de un nuevo partido abertzale, Euzko Abertzale Ekintza – Acción Nacionalista Vasca.

Sus estudios y graduación como abogado en Madrid en 1935.

Casa de los Irujo en Estella
Casa de los Irujo en Estella

Su  actuación al iniciarse la guerra incivil entre julio y septiembre de 1936 en Gipuzkoa, zona bajo control de la República, participando en misiones de salvaguardia física de personas afectas al levantamiento franquista, que corrían serios riesgos de vida, siendo el caso más notorio el del arzobispo de Valladolid, monseñor Gandasegui, hecho relato por el canónigo Alberto Onaindia, en su libro «Hombre de paz en la guerra».

Su detención, en septiembre de 1936, por los franquistas en alta mar. Su enjuiciamiento por un tribunal militar franquista que lo condenó a la pena de muerte a cumplirse en cualquier momento, hecho que motivaría el pedido de conmutación de la pena capital por personalidades de América Latina. Su espera en capilla durante más tres años hasta noviembre de 1939. El haber cumplido cuatro años más hasta ser puesto en libertad, pero con la prohibición de residir en los cuatro territorios de Hegoalde. Su estancia en Cuenca donde mataba el tiempo leyendo novelas de Pío Baroja, hasta que un día recibirá una tarjeta, donde el firmante, Juan (en realidad Juan de Ajuriaguerra, líder del Partido Nacionalista Vasco), le invita con la frase «bailar un vals» a sumarse a la Resistencia Vasca.

Su paso inmediato a la clandestinidad en Madrid, en un grupo de patriotas vascos encabezados por Joseba Rezola. Y como, a la caída de éste, será Pello Mari quien asuma de 1944 a 1946 la jefatura del mismo, participando en hechos  propios de una novela, hasta por último su paso a Iparralde el 29 de septiembre de 1946.

Su marcha de Iparralde a París, de donde partirá a países del este de Europa, en calidad de agregado cultural de las embajadas de la República Española en Hungría y Bulgaria. Su regreso a París para venir a Argentina.

Donde al llegar, como comentaba, se agolparían el recuerdo de todos estos acontecimientos por su cabeza. Pasarían 28 años antes que regrese a Europa.

Ya en Buenos Aires puede volver, después de 13 años, a abrazar a su anciana madre (que fallece en 1950), a su hermana Josefina Irujo de Blanco, y a su hermano Andrés María. Todos ellos vivían en Argentina, desde inicios de la década de 1940.

Comienza a trabajar en la prestigiosa Editorial El Ateneo y ayuda en los momentos libres a su hermano Andrés, cofundador en 1941 con el Dr. Isaac López Mendizabal de la Editorial Vasca Ekin. Se integra como guionista y asesor literario de la Agrupación Artística, Musical y de Danzas Vascas Saski, dirigida por el donostiarra Luis Mújica, y que integran, entre otros muchos nombres, el P. Francisco Madina, autor del famoso «Aita Gurea», o el que sería luego afamado escultor, Néstor Basterrechea. Será Pello Mari el introductor en Argentina del popular Baile de la Era, originario de Tierra Estella, que había bailado, cuando muchacho, junto al que sería alcalde de Lizarra, el nacionalista Fortunato de Aguirre Luquien, fusilado por los franquistas el 29 de septiembre de 1936.

Conocí un día del año 1953, tenía yo entonces 15 años, a Andrés y Pello Irujo en la Editorial Vasca Ekin, en la calle Perú 175, primer piso. Iba con mi madre, vasca nacida en Bilbao, que deseaba comprar unos libros.

Pero mi relación más profunda con Pello se inicia al año siguiente 1954, cuando al ver mi interés por la Historia Vasca, en especial de los siglos XIX y XX, comenzó a aconsejarme libros, e incluso con el tiempo, a prestarme obras de la biblioteca particular. Mi relación se fue haciendo cada vez más frecuente en conversaciones de café. A él debo el haberme facilitado el conocer y tratar a personas de la talla vasquista del argentino Dr. José María Garciarena Aguerre, en mi opinión, junto con el Dr. Tomás Otaegui, los únicos dos teorizadores argentinos (y me atrevería a decir latinoamericanos) del Nacionalismo Vasco; o a vascos con probado currículo como Ildefonso Gurruchaga, Justo Gárate, Luis Gónzalez de Echevarri, el ex–párroco de Altsasu, Marino Ayerra, etc.

En diciembre de 1955, tras trece años de ausencia debido a la existencia del régimen peronista en Argentina, se produce la llegada del lehendakari Aguirre a Argentina. Hecho que me permitió oírlo en el Centro Laurak Bat de Buenos Aires.

Al año siguiente reaparece en la capital argentina, en forma de mensuario Eusko-Lurra – Tierra Vasca, el órgano partidario oficial de Acción Nacionalista Vasca. Costeado desde Venezuela. Sus responsables iniciales fueron el periodista José Antonio Olivares Larrondo «Tellagorri» y Pedro María de Irujo Ollo. Asumiendo el primero el cargo de director. «Tellagorri» enfermaría seriamente y fallece en 1960. Pello Mari se hizo cargo de la dirección de Eusko-Lurra – Tierra Vasca. Cargo que mantendrá hasta la desaparición del periódico en 1975.

Eusko lurra 1961
Eusko-Lurra 1961

Leyendo la colección completa de Eusko-Lurra – Tierra Vasca y en especial el periodo 1960-1975, es fácilmente verificable su línea editorial, democrática, vasca pluralista, y republicana.

Pello Mari Irujo era la persona que estaba mejor informada de lo que sucedía en la Euskadi bajo la bota del franquismo; de los hechos que se producían en la clandestinidad. Dirigía un periódico que no era similar a los existentes en la Diáspora Americana, destinados a los exiliados y antiguos emigrados. Éste estaba destinado a ser leído clandestinamente en Nabarra, Bizkaia, Gipuzkoa y Araba, aunque por supuesto tuviese también lectores en Iparralde, Paris, Inglaterra, Suecia, Noruega, Suiza, Canadá, Andorra, la isla china de Formosa, Argelia, etc.

Hacia 1960-61 contacta con hombres de la nueva generación vasca y esto explica la aparición en la publicación, bajo seudónimos, de nombres como José Luis Alvarez Emparanza, Julen Madariaga, José María Benito del Valle, Jose Manuel Aguirre Bilbao, Federico Krutwig Sagredo, etc.

Todo esto en momentos que hay una consigna del silencio sobre estas personas y su ideario político. Consigna que Pello Mari Irujo no aceptó nunca. Junto a aquellos nombres siguieron los de Ildefonso Gurruchaga, Marín Ugalde, Gabriel Goitia, Josu Osteriz, Carlos P. Carranza, Mikel Orrantia, etc.

Desde Buenos Aires montó una red de colaboradores que escribían directamente desde Bilbao, el escolapio Justo Mokoroa; desde Donostia, Julio Ugarte; o en Iruña, Pedro Turullos. Como también escribían otras firmas conocidas desde México y Venezuela.

Desde París, Inglaterra, o San Juan de Luz, allí donde estuviese, su hermano Manuel de Urujo Ollo, que era lector desde la A a la Z del periódico, le enviaba todos los meses sus comentarios sobre los distintos artículos publicados, dando su opinión favorable o desfavorable.

El editorial era responsabilidad exclusiva de Pello Mari. Como antes de 1960 lo fuera de «Tellagorri». Yo, hasta mediados de 1960, me limitaba a ayudarle a hacer algunas labores administrativas, pero nada más.

Un día me sorprendió invitándome a escribir en Eusko-Lurra – Tierra Vasca, y acepté. A partir de esa fecha, escribía bajo pseudónimos cuatro artículos por número hasta el último número publicado. Nunca tuve censura alguna, pero alrededor de unos pocillos de café, creo haber consumido cantidades fabulosas de fruto del cafeto con Pello, me decía en lo que coincidía y en lo que disentía.

Pello Mari fue mi mejor amigo en Argentina, pasamos juntos cientos de horas de trabajo, de lectura de originales y de correcciones, de ayudar al armado en la imprenta, de llevar paquetes al correo, colocar sellos, escribir nombres con letras diversas, poner de a pocos números en buzones distintos. Todo lo que iba al sur de los Pirineos iba camuflado en periódicos deportivos, o de frivolidades.

Pello Mari vivió físicamente en Argentina durante 28 años, pero su corazón y su mente estaba siempre en Euskadi.

Eusko-Lurra – Tierra Vasca llegó al número 231 en septiembre de 1975 y dejó de publicarse porque Pello Mari cayó seriamente enfermo, siendo hospitalizado, y soportando una larga convalecencia.

Un día de 1977 me dijo que su hermano Manuel regresaba a Nabarra y que lo iba a acompañar a partir de entonces. Así lo hizo. Primero en San Juan de Luz y luego ya en Iruña. Allí estuvo junto al «León de Nabarra», siempre en un segundo plano, con esa humildad sobe la que el P. Iñaki de Azpiazu solía decirle, «Pello no es una virtud, es un vicio de tanto que abusas de ella».

En Iruña, primero en la calle Aoiz y, después del fallecimiento de Don Manuel, en el piso de Iturralde y Suit, siguió trabajando por la confraternidad entre Nabarra y el País Vasco.

Recordaré mientras viva las grandes lágrimas que le vi derramar en la Plaza del Castillo de Iruña tras el fracaso de una larguísima negociación política para conseguir una candidatura unitaria de todo el abanico abertzale en Nabarra.

En noviembre de 1982 lo visité. Estaba internado en el Hospital de Iruña. Allí estuve por espacio de varias horas, y hasta que llegó su sobrino, Pello Irujo Elizalde, no hizo más que hablarme de la necesidad de la coordinación de las distintas fuerzas abertzales. Algo que lo obsesionaba y cuyo fracaso le dolía en el alma…

Fue la última vez que lo vi.

El 24 de febrero de 1983, a los 73 años y dos días, fallecía Pedro María de Irujo Ollo.

De él le oí decir, y más de una vez, a su hermano Don Manuel, «Pello es el arquetipo del resistente vasco, puede haber quien lo iguale, pero nadie que lo supere».

Pello Mari, espera de parte de los jóvenes historiadores de Euskal Herria un merecido y profundo trabajo de investigación histórica.

Lo mío ha sido apenas un intento de acercamiento a un hombre, a mi mejor amigo, al patriota cuya entrega a su Patria Vasca merece ser conocida y reconocida en la tierra que se extiende entre el rio Adour al rio Ebro, porque así lo sintió siempre quien hoy descansa en su natal y querida Lizarra-Estella.

Mikel  Ezkerro


Andres de Irujo Ollo
Andres de Irujo Ollo

Andrés María de Irujo 

«Mi trinchera fueron los libros»

Hablar del Dr. Andrés María de Irujo Ollo es sinónimo de vigencia y difusión de la Cultura Vasca en la Diáspora de Euskal Herria.

En los 53 años que vivió en Argentina, desde 1940, año de su exilio, hasta 1993, año de su fallecimiento, su vida estuvo dedicada íntegramente dar a conocer la existencia de la Nación Vasca y a difundir su Cultura.

Lo comenzó a hacer en las condiciones más adversas posibles. Cuando la Euskal Herria surpirenaica vivía oprimida por el totalitarismo franquista que, además de un régimen antidemocrático, siempre fue intrínsecamente anti vasco. Cuando la Euskal Herria norpirenaica estaba partida bajo dos zonas, la controlada por los ejércitos nazis y la administrada por el régimen colaboracionista del Mariscal Petain. Cuando el régimen totalitario de Hitler se imponía violentamente en el continente europeo y sólo Gran Bretaña escapaba a su control. Cuando el lehendakari José Antonio de Aguirre, en un gesto de suma audacia, pasaba a la clandestinidad, viviendo con falsa identidad en Berlín, lo que llevaría a su hermano mayor Manuel a crear en Londres el Consejo Nacional Vasco, como la voz de un Pueblo varias veces milenario que reafirmaba su identidad nacional y su fe en los valores de la Democracia y la Libertad, que se encontraban en grave riesgo en aquellos tiempos.

Portada de los libros de la Editorial Vasca Ekin de Buenos Aires
Portada de los libros de la Editorial Vasca Ekin de Buenos Aires

En Buenos Aires, Andrés María de Irujo propuso (y lo logró) a otro histórico exiliado, el Dr. Isaac López Mendizabal, un eminente euskerólogo considerado un patriarca de las Letras Vascas, la cofundación de una editorial destinada  a difundir la Cultura Vasca . El nombre que dieron a la editorial fue Ekin, que en euskera significa Hacer, en un sentido de acción concreta, palpable.

Se pusieron en contacto con otro vasco, emigrado a Argentina el año 1910, Sebastián de Amorrortu Beitia. Que era, junto con sus hijos Pedro, Félix, Victor, Francisco, el dueño de una de las empresas gráficas más importantes de Argentina.

Don Sebastián de Amorrortu había sido a fines del siglo XIX en Bilbao, además de amigo personal de Don Sabino de Arana Goiri, el impresor de los periódicos fundados por Sabino de Arana Bizkaiatarra, Baserritarra. Lo fue también de toda su producción política y lingüística, amén de ser uno de los primeros nacionalistas vascos. Todo ello le valdría, en vida de Arana Goiri y después de la muerte de éste el año 1903, ser perseguido por la administración española en su actividad de impresor. Esta persecución le obligo a emigrar a Argentina, donde se estableció en 1910 y donde puso en marcha un modesto taller gráfico donde trabajaba toda su familia. La calidad de sus trabajos le llevaría con el paso de los años a ser una de las empresas gráficas más importantes de Argentina y Sudamérica.

Como Andrés reconocería en varias entrevistas, sin la desbordante generosidad de Sebastián de Amorrortu, fallecido en 1949, y de sus hijos, Ekin no hubiera podido existir, y Andrés lo recordará con la honestidad que lo caracterizaba: «Nadie hizo por lo vasco en aquellos tiempos como Sebastián de Amorrortu».

En 1965, los hijos de Sebastián de Amorrortu fueron los impresores de la Primera Edición de las Obras Completas de Sabino de Arana Goiri a nivel mundial.

En Ekin, el Dr. López Mendizabal se encargaba de la temática cultural y Andrés María de Irujo de la temática política y de actualidad. En total, la Editorial Vasca Ekin público más 100 títulos, en euskera y castellano. El primero de ellos se editó en el año 1942 y fue El genio de Nabarra, de don Arturo Campión.

Cuando el lehendakari Aguirre, recuperada su identidad en Uruguay, llega a Argentina, entrega a Andrés Irujo una copia de su Diario, escrito en la clandestinidad durante su epopeya por la Europa ocupada por los nazis. Este documento histórico fue publicado en buenos Aires por Ekin, con la revisión del propio Aguirre.

Edición del Libro «De Guernica a New York pasando por Berlín» del lehendakari Aguirre. Editorial Ekin de Buenos Aires, 1944
Edición del Libro «De Guernica a New York pasando por Berlín» del lehendakari Aguirre.
Editorial Ekin de Buenos Aires, 1944

Ese libro, que se tituló De Gernika a New York pasando por Berlin, fue el best seller de lo vascos en aquellos años, y se hicieron tres ediciones. Una de ellas en formato de bolsillo, para facilitar su entrada clandestina por la Resistencia Vasca en la Euskal Herria surpirenaica.

Lo propio ocurriría con otra obra del lehendakari Aguirre, Cinco conferencias. Una antología de  disertaciones pronunciadas Por el Lehendakari Aguirre en universidades del continente a lo largo de su gira americana de 1942.

En Ekin se publicarán además obras de  autores como Vicente de Amezaga, Justo  Gárate, Manuel de Irujo, Isaac Lopez Menidizabal, el lehendakari Jesús María Leizaola, Jesús de Galindez, el P. Bonifacio de Ataun, Pedro de Basaldua, etc, etc. El propio Andrés María de Irujo es, bajo el seudónimo de A. de Lizarra, autor de dos obras: Los vascos y la República español, y Los vascos en las Cruzadas.

Ekin editará también la traducción al euskera, bajo el título de Matxin Burdin (dado por el traductor el P. Txomin Jaka Kortajarena), del poema máximo gauchesco: El Martín Fierro, de José Hernández, traducido a numerosos idiomas.

La Editorial se manejó siempre con unos más que magros recursos económicos. Su primera oficina estuvo en la vivienda del Dr. López Menizabal, enfrente del Centro Laurak Bat, y al poco tiempo en dos habitaciones pequeñas de un primer piso de una antigua casa situada en la calle Perú 175, en la capital argentina.

Nunca Ekin tuvo personal a su cargo, porque hubiera sido imposible mantenerlo. A mediados de la década de 1960, el Dr. López Mendizabal, cercano a los 90 años, regresó con su familia a Euskal Herria.

Andrés quedó en aquel «santa sanctórum» cultural vasquista, donde recibía a cuantos llegaban bien buscando libros, o para dialogar con aquel hombre que además impulsaba el interés por el conocimiento de lo vasco a argentinas y argentinos, hijos o nietos de vascos de ambos lados de los Pirineos.

En 1970, el Laurak Bat le ofreció una dependencia, una amplia habitación que compartió con la Delegación del Gobierno Vasco y el periódico Euzko Deya.

Mapa de Euzkadi. Publicado por la Editorial Ekin de Buenos Aires
Mapa de Euzkadi.
Publicado por la Editorial Ekin de Buenos Aires

Entre los argentinos «descubrió», mérito compartido con su hermano Pedro María, a quien el autor de estas líneas considera el argentino de origen vasco de mayor trascendencia como teórico del ideario nacional vasco de la segunda mitad del siglo XX, el Dr. Jose María Garciarena Aguerre.

Fue el mecenazgo generoso del Dr. Graciarena el que posibilitó la edición de varios folletos bajo el titulo de la Colección Aberri ta Askasuna, una de cuyas obras incluiría un mapa a colores de Euskal Herria que circuló en forma clandestina y masiva durante el franquismo, junto a un mapa histórico y otro lingüístico referido al euskera.

El Dr. Andrés María de Irujo Ollo y el Sr. Joaquin de Gamboa, dos exiliados, fueron quienes redactaron y firmaron la ponencia elevada por los vascos nativos al Congreso Mundial Vasco celebrado en París en 1956. Por su parte, el Dr. José María Garciarena y el Dr. Kelmen Muto Ormaechea hicieron lo similar con la de los argentinos de origen vasco.

En lo personal, debo al Dr. Andrés María de Irujo haber sido mi tutor y mentor literario-histórico en lo vasco, desde que lo conocí el año 1953, cuando yo tenía 15 años. Se inició una relación muy frecuente entre ese año y 1975, pero que a intervalos más espaciados se mantuvo hasta su fallecimiento. En especial en el primer período citado fue «calentando la silla», aprendiendo de su boca hechos y personas de la Historia Vasca de los siglos XIX y XX, que es el período que más me ha interesado del Pueblo Vasco. Llegando incluso a prestarme libros de su biblioteca personal de la calle Salta.

Pero la labor de Andrés de Irujo no se limitó a Ekin, sino que fue también, desde año 1943, el impulsor de la creación del Instituto Americano de Estudios Vascos, creado a imagen y semejanza de Eusko Ikaskuntza, la Sociedad de Estudios Vascos, que había suspendido sus actividades a raíz de las consecuencias políticas de la guerra de 1936. Andrés de Irujo fue uno de los cofundadores de la versión americana, junto a Justo Garate, Enrique de Gandia, Enrique de Gandia y Elpidio Lasarte.

Siete años después, en 1950, aparece el Boletín de este Instituto, tarea que prácticamente se echó al hombro. De este Boletín se publicaron 173 volúmenes y lamentablemente dejó de aparecer por su fallecimiento, siendo además su Director en la última etapa desde 1978 a 1993. El Boletín llegaba a distintas Universidades de América y Europa, así como a estudiosos de la Cultura Vasca de ambos continentes.

Andrés de Irujo perteneció también a instituciones como el Centro Vasco Laurak Bat, La Asociación Cultural y de Beneficencia Euskal Echea, o la Fundación Vasco-Argentina Juan de Garay, entre otras.

Termino esta nota con una frase del Dr. Andrés María de Irujo hecha en entrevistas que le hicieron cuando, después de casi 40 años, regresó a Euskal Herria, «Mi trinchera fueron los libros».

Sus palabras se ajustan estrictamente a la Verdad. Su vida, día a día, estuvo dedicada a la CULTURA VASCA. Una lucha pacífica, perseverante, tenaz por dar a conocer su Patria y su cultura.

El Dr. Andrés María de Irujo Ollo contrajo matrimonio con la Dra. María Elena Etcheverry el año 1978. La Dra. Etcheverry, viuda de Irujo, sigue al frente de la Editorial Vasca Ekin con dirección en la calle México, 1880 de Buenos Aires.

El Dr. Andrés María de Irujo Ollo falleció en Buenos Aires el 29 de Septiembre de 1993, próximo a cumplir 86 años.

Mikel  Ezkerro


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