iker Saitua. Historiador

IKER SAITUA realiza un posdoctorado en el Departamento de Historia de la Universidad de California, Riverside, y de la Universidad del País Vasco (Progama de Investigación Posdoctoral del Gobierno Vasco). Posee un doctorado de la Universidad de Nevada, Reno. Su trabajo se centra principalmente en las intersecciones entre el trabajo rural, recursos naturales, y la industria del ganado en el Oeste de América. El primer libro de Saitua, Basque Immigrants and Nevada’s Sheep Industry: Geopolitics and the Making of an Agricultural Workforce, 1880-1954 (Reno: University of Nevada Press, 2019), ofrece un análisis crítico de la historia de los pastores vascos en el Oeste.

Iker Saitua es un viejo conocido de nuestro blog. A lo largo de estos años hemos ido leyendo con sumo interés los artículos que íbamos encontrando y en los que nos narraba aspectos de la vida y la historia de los emigrantes vascos en el Far West.

Siempre nos ha gustamos, mucho, su forma de escribir y de describir esa parte de nuestra historia. Sus textos, interesantes como relatos, eran una consecuencia natural de su trabajo como historiador. Porque, como se puede ver en la pequeña descripción que está a la izquierda, Iker Saitua es uno de esos jóvenes muy preparados que la Sociedad vasca está formando. De esos años de trabajo e investigación en Nevada y en otros estados con una importante presencia vasca, ha nacido su libro en el que relata el proceso de reconocimiento de la comunidad vasca en aquella parte de los USA.

Ha tenido la amabilidad de atender nuestra petición y nos ha escrito un artículo en el que presenta  y explica su libro  “Basque Immigrants and Nevada’s sheep industry, Geopolitics and the Making of an Agricultural Workforce, 1880-1954” (Inmigrantes vascos y Nevada, Geopolítica y el surgimiento de una fuerza de trabajo agrícola, 1880-1954)

 


Inmigrantes vascos y la industria de la cría de ovejas de Nevada; o cómo los Vascos se convirtieron en apreciados inmigrantes en el Oeste americano

Por Iker Saitua

Los inmigrantes vascos en el oeste americano de finales del siglo XIX eran unos recién llegados a un imperio del pastoreo ya establecido, basado principalmente en el Ganado vacuno. En la década de 1890, cuando un número cada vez mayor de inmigrantes vascos llegó al Oeste para trabajar como pastores de ovejas, su presencia en los pastos públicos comenzó a perturbar los intereses económicos de los viejos ganaderos. La competencia entre estos y los pastores de ovejas por los recursos de forraje se intensificó, a menudo estallando en violencia. Los pastores de ovejas contratados, como los vascos, fueron los más afectados por los conflictos de campo resultantes.

Los pastores vascos, con sus rebaños asentándose en tierras de pastoreo públicas, fueron percibidos como una seria amenaza para los intereses económicos ganaderos, el desarrollo agrícola sostenible y el interés público en general. Se les culpó por los problemas económicos y ambientales interrelacionados que afectan a las tierras de pastoreo públicas. En tales circunstancias, los pastores de ovejas vascos pronto se convirtieron en los villanos de los pastizales públicos. Luego, los vascos fueron vistos como la antítesis de los cowboys venerados a nivel nacional. Mientras que los vaqueros eran vistos como la encarnación del espíritu de la frontera estadounidense a través de la autosuficiencia y el arduo trabajo realizado a lomos de sus caballos, los pastores fueron denigrados como una clase de trabajadores despreciables e inferiores que caminaban largas distancias para permitir que las ovejas vagaran a voluntad a través de las praderas. El reconocimiento del venerable vaquero descansó sobre la degradación del humilde pastor de ovejas.

Simultáneamente, el arquetipo negativo del pastor de ovejas vasco había comenzado a contrastar con otro estereotipo: el del buen pastor de ovejas. El mito del buen pastor se había construido sobre la idea errónea de que la cría de ovejas era el principal sector económico en el País Vasco y, por lo tanto, las personas que habitaban esas tierras se habían dedicado al pastoreo de ovejas desde tiempos ancestrales. Así, de acuerdo con esta visión idealizada, los inmigrantes vascos simplemente trasplantaron sus habilidades como pastores en su patria de origen al nuevo entorno geográfico en América del Norte.

La imagen positiva de los pastores vascos estaba cargada de ideas de superioridad y aptitud racial. Durante la primera mitad del siglo XX, como explico en mi libro Inmigrantes vascos y la industria de ovejas de Nevada: geopolítica y la formación de una fuerza laboral agrícola, 1880-1954 (2019), los atributos raciales dados a los vascos se ajustaron progresivamente a los perfiles de subjetividad racial impuestos por la sociedad blanca dominante en Estados Unidos. Estas ideas se reforzaron en los años de entreguerras y se reconocieron ampliamente durante la Segunda Guerra Mundial ante una escasez de mano de obra crítica en la industria ovina. Entre otras cuestiones, mi investigación para el libro Inmigrantes vascos y la Industria de ovejas de Nevada muestra la transformación de los pastores vascos de sujetos desdeñados a trabajadores apreciados.


El libro se puede adquirir en la web de la Universidad de Nevada

Basque Immigrants and Nevada's Sheep Industry

 

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