Oliver Lück escribe para el diario alemán Spiegel un articulo sobre la población vasca Ainhoa y los pimientos de Espelette. No dejaría de ser un artículo turístico centrado en un aspecto muy concreto o local de lo que un visitante puede encontrar en un punto muy concreto de El País de los Vascos, si no fuera porque en su interior nos encontramos con toda una declaración de principios de dos habitantes de este pueblo de la Euskadi continental:

Im Westen der Atlantik, im Osten die Pyrenäen, im Süden Spanien, im Norden Frankreich – und dazwischen wir, Euskadi”

(Al oeste el Atlántico, al este los Pirineos, al sur España, al norte  Francia; y en medio, nosotros, Euskadi)

Es difícil decirlo más claro. Es difícil explicar mejor el sentimiento de pertenencia de esos dos compatriotas del norte de los Pirineos.

Eso si, en los comentarios no puede faltar alguien que intente reducir el sentido del término Euskadi, atribuyéndoselo sólo a la Comunidad Autónoma del País Vasco (CAPV). No tenemos ninguna intención de discutir con nadie que le guste, o no, el término. Ni decimos que el que no lo use está cometiendo un error digno de un anatema. Pero Euskadi es un término que nace para definir a una estructura política soberana que una a todos los vascos según el concepto moderno de nación.  Afirmar que sólo se le puede aplicar a los tres territorios que configuran la CAPV tiene tanto (tan poco) sentido, como decir que Irlanda no es el término adecuado para definir a los condados del Norte, ya que no forma parte de la estructura actual de la República de Irlanda.

Pero volviendo al artículo y a los dos vascos de Ainhoa. Ellos lo tienen claro: son vascos y viven en Euskadi.

 

Spiegel – 13/5/2015 – Alemania

Einsam im Baskenland: Schön und scharf

Bleigraue Wolkenbäuche wölben sich bis auf die Hügel hinunter, die hier – zwischen Atlantik und Pyrenäen – noch sanft geschwungen sind. Nur vereinzelt sind ein paar Höfe in Sicht. Manchmal reißen Schüsse Löcher in die Stille, wenn Jäger Ringeltauben und Rebhühnern auflauern. Meist aber sind bloß die Glocken der Schafe zu hören, die aus der Ferne auf den satten Wiesen wie weiße Flusen auf einem grünen Wollpullover aussehen.

(Sigue) (Traducción automática)
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