Adrián Sack es un periodista que vive en Madrid y que escribe de forma habitual en el diario argentino La Nación sobre temas relacionados con el Reino de España. Un repaso rápido a los artículos escritos en los últimos tiempos por este periodista, nos hace entender que tiene un interés especial en el asunto Urdangarín. Como si la existencia de un affaire en torno a este familiar político del Rey de España, fuera un asunto de primordial interés internacional.

La verdad es que sí lo sería, si el affaire existiera y sus ramificaciones sobrepasasen la figura de Urdangarín dentro de la Familia Real, ya que eso significaría que las irregularidades no serían una realidad aislada y ajena a la Monarquía española, algo que traería como consecuencia un fuerte desgaste del prestigio de esta institución ante los ciudadanos. Lo sería, también, si los Servicios de Seguridad del Estado o la Casa Real hubieran conocido las presuntas irregularidades y no hubiesen tomado ninguna medida (tal como insinúa en el artículo), ya que eso significaría que ni unos ni otros habrían cumplido con su obligación de denunciar esas presuntas infracciones ante la Justicia, lo que haría dudar a los ciudadanos de la existencia de una auténtica igualdad ante la ley de todos los españoles.

Nosotros tenemos la impresión de que nunca se profundizará mucho en estos asuntos, ya que es mucho más cómodo y tranquilizador para el Sistema Institucional del Reino que las cosas se queden como están. Es decir, que si hay irregularidades sean responsabilidad única del recién llegado. Además, que todos los medios de comunicación acepten con actitud disciplinada la tesis de la responsabilidad exclusiva, sin hacerse ni una sola pregunta, sin voluntad de profundizar lo más mínimo en este asunto, nos indica que todo va a quedar ahí.

Por lo tanto, considerando los cortafuegos informativos levantados, está claro que este asunto se va a quedar en algo doméstico y no calificable dentro de lo que se podría definir como de interés internacional.

Pero es que, en los asuntos de las monarquías, hay otros factores a tener en cuenta. Uno de estos elementos, y no poco importante, es el de la seducción que, en ciertas personas y sectores, produce todo lo relacionado con la vida y milagros de los miembros de estas familias tan especiales. Algo así como la morbosa crónica rosa de los miembros de familias de sangre azul.

La idea de que son familias que, por una mera causa genética, se encuentran por encima del resto de los ciudadanos, es algo que aún tiene un cierto  respaldo social. Algo que parece que se da en el caso de este periodista argentino. Tiene un empeño especial en confrontar la idea de la nobleza de la Casa Real española, con el origen plebeyo del Sr. Urdangarín. Así lo refleja en varías ocasiones a lo largo de su artículo. Una de ellas es la siguiente:

Además, el abolengo del deportista tampoco tenía demasiado para ofrecer… al menos, en comparación con la pesada copa del árbol genealógico de la infanta Cristina. Sólo su antepasado San Valentín de Berriotxoa, obispo y mártir fallecido en 1861, y actual patrono de Vizcaya, arrojaba una luz diferente desde la profundidad de sus raíces plebeyas.

En primer lugar nos gustaría recordarle al señor Adrián Sack  que el Sr. Urdangarín no es plebeyo en base a ninguna de las acepciones que recoge el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española para los términos Plebeyo o Plebe:

plebeyo, ya.

(Del lat. plebēius).

1. adj. Propio de la plebe o perteneciente a ella.

2. adj. Dicho de una persona: Que no es noble ni hidalga. U. t. c. s.

3. adj. Se decía de la persona que en la antigua Roma pertenecía a la plebe. U. t. c. s.

plebe.

(Del lat. plebs, plebis).

1. f. Clase social más baja.

2. f. En la antigua Roma, clase social que carecía de los privilegios de los patricios.

3. f. En el pasado, clase social común, fuera de los nobles, eclesiásticos y militares.

Ni pertenece a la clase social más baja, ni tampoco cumple la condición de NO ser noble ni hidalgo. Si se acepta la existencia de la nobleza, como se hace en su artículo, habrá que aceptarla en toda su amplitud. El periodista se olvida de que el Sr. Urdangarín es gipuzkoano, de familia gipuzkoana, y al igual que todos los originarios de ese territorio vasco, es noble. Mas en concreto, hidalgo. Un gipuzkoano, como vasco, no necesita ni más ni menos. Así que, desde ese punto de vista, el termino plebeyo sobra.

Pero es que además sobra por una razón infinitamente más importante. Desde el título, la utilización del término se hace con el objetivo claro, innegable, de colocar al plebeyo  Sr. Urdangarin en una situación de inferioridad social, e incluso moral o jurídica, ante una familia noble. Algo absolutamente inaceptable en una sociedad democrática y que sólo puede ser admitido, defendido o aceptado por aquellos que se sienten así. Que piensan que una persona perteneciente a una casa real es per se, mejor o superior a él. Es decir, sólo lo pueden admitir los plebeyos mentales.

La Nación – 24/12/2011 – Argentina

Iñaki Urdangarín, el plebeyo que avergüenza a la monarquía española

Iñaki Urdangarín Liebaert no nació ni para príncipe ni para mendigo. Y hoy, que es duque, casado con la infanta Cristina de Borbón, adoraría escaparse de sus propios zapatos a toda velocidad, como cuando esquivaba rivales en las canchas de handball de todo el mundo para conseguir con frecuencia el éxito en estado cristalino que, por estos días, le es más ajeno que a cualquier otro mortal en España.

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