El blog dedicado al lenguaje del semanario The Economista se llama Johnson en honor  del fabricante de diccionarios Samuel Johnson. En él se acaba de publicar en este semanario británico un artículo sobre la «La lucha por preservar las lenguas regionales».Se refiere, o eso queremos entender, a la supervivencia de las lenguas minorizadas, que no significa, ni por mucho, lo mismo que lenguas regionales. Un término que ya contiene una idea de «lengua inferior», ante otras, las «lenguas nacionales».

Pero incluso si nos olvidados de eso, resulta que entre los tres ejemplos que pone de idiomas minorizados (euskera, irlandés (gaélico irlandés moderno) y maorí) dos de ellos son lenguas oficiales de sus respectivos países (irlandés y maorí) y el tercero, el euskera, es lengua oficial en parte del territorio vasco.

El autor, refiriéndose al irlandés habla de que la «exigencia de que todos los jóvenes lo estudien» como si a esos estudiantes irlandeses o a los maoríes no se les exigiese el conocimiento del inglés, o a los vascos, del castellano o el francés. Una de las cosas que hace el sistema educativo es determinar qué conocimientos deben tener los estudiantes que acuden al mismo. algo que hacen también por obligación legal.

También se centra en que el aprendizaje no implica su uso y que el objetivo de que esas lenguas se mantengan vivas o incluso que predominen, no está bien porque hacerlo podría significar avergonzar a quienes abjuran de ella. Incluso es posible que, «para conseguirlo, los gobiernos tengan que obligar a los comerciantes a dirigirse a los clientes en él». Una coerción que «sería impopular y antiliberal».

Se olvida, u obvia, las causas que han llevado a esta situación. La imposición de los idiomas «nacionales» por estados que quería convertir el territorio bajo su control en una realidad homogénea. Una homogeneización realizada, qué casualidad, a través de la imposición en el sistema educativo del idioma colonizador; la exclusión de los hablantes de los idiomas minimizados de las puestos administrativos; o la construcción de la idea de que el lenguaje colonizador era un lenguaje culto, moderno y competente, mientras que la lengua natural era cosa de aldeanos incultos.

Se olvida también de que la imposición durante  tanto tiempo de los medios de comunicación, la educación, la producción literaria o administrativa… ha hecho de esos idiomas, los  que él llama «regionales», residuales al sacarles fuera del uso social .

Todo ello debido, no lo olvidemos, a la ausencia de un poder político soberano que coincida con el ámbito cultural de cada una de esas realidades nacionales y culturales. Como ejemplo para entenderlo, podemos realizar  una simple comparación del caso catalán y danés. En el primer caso, su idioma nacional es una «lengua regional» y por tanto sus 7,7 millones de habitantes (solo Cataluña) no deben aspirar que sea su lengua natural, aceptando el castellano como lengua principal. En el caso danes, sus habitantes, 5,8 millones, tienen su idioma nacional como lengua principal aunque, eso sí, tengan el inglés como segunda lengua.

Eso se llama aceptación del status quo. Y también se llama tener una visión simplista y estrecha de las realidades de las lenguas nacionales que se han visto desplazadas por lenguas colonizadoras. Es, en el fondo, aceptar que hay idiomas que son «útiles» y que merecen ser utilizados, y otros que no lo son.

Es defender la idea, en pleno siglo XXI, que tenía en el siglo XIX Élisée Reclus, miembro anarquista de la Primera Internacional, que en su libro «Los vascos un pueblo que se va» mostraba su convencimiento de que la «modernidad» llegaría a este país para imponerse y acabar con nuestra nacionalidad y nuestra lengua.

Felizmente los conocimientos no pueden tardar en generalizarse entre esas poblaciones de espíritu naturalmente tan vivo y tan expansivo. En este siglo de prodigiosa actividad, en que «la batalla de la vida» condena a la ruina a todos los que se quedan detrás, los Vascos aprenderán ellos también, a marchar con paso cada vez más rápido, pero ello será al precio de su nacionalidad y de su misma lengua. De su magnífico idioma, clasificado entre las cosas del pasado, no quedarán más que léxicos, gramáticas, algunas pastorales, malas tragedias modernas y cantos de discutida antigüedad.

La recomendación del autor de este artículo de The Economist no es tan radical. Como situación ideal propone que las personas puedan aprovechar las oportunidades que ofrece un idioma principal mientras mantienen el tradicional, un vínculo invaluable con el pasado, preservado en la adversidad. Es decir, propone que las personas de estas naciones con un idioma propio pero sin estado que lo defienda, se conviertan en «museos andantes», que conserven su idioma nacional como una pieza hermosa, interesante, pero sin valor real.

Entre los vascos, los irlandeses, los catalanes, los maoríes, los miembros de los pueblos originarios, hay muchos que pensamos que ese no es el camino, incluso entre los que no conocen su idioma nacional. No renunciamos al inglés, al castellano, al francés, al alemán, al portugués… pero tampoco renunciamos a que nuestro idioma propio, el de la cultura de la que formamos parte o que nos acoge, sea un idioma vivo y el que lidere nuestras relaciones sociales.

Ser educados y usar el idioma para lo que debe servir, para comunicarse, no significa renunciar a ese objetivo de que sea la lengua de relación social. Si los vasco-parlantes tienen la educación de usar otro idioma para que el que no domina el euskera pueda participar en la conversación, no es porque el euskera sea una lengua «secundaria», es porque los que la hablan son más cultos, y conocen más de un idioma, cosa que no le pasa a los que saben solo inglés, castellano, francés, alemán…

The Economist – 25/8/2022 – Gran Bretaña

The struggle to preserve regional languages

Go to the Basque Country of Spain and, linguistically, you feel you are entering not just another country but perhaps another continent. Familiar world languages—Spanish and French—suddenly give way to the otherworldly-seeming Basque, with its proliferation of x’s and k’s, and alien-looking words of tongue-twisting length. Basque (also known as Euskar is unrelated to the Indo-European family that includes almost all European languages.

(Sigue) (Traducción automática)

 


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