Élisée Reclus es un  geógrafo francés, miembro anarquista de la Primera Internacional. Viajero infatigable,  es el creador de la Geografía Social, y durante su larga y agitada vida publica un gran número de trabajos sobre geografía humana y geografía económica que son verdaderos ejemplo incluso hoy en día.

Vivió una época de una gran importancia para la sociedad occidental en todos los aspectos: científicos, políticos, culturales y sociales. Vivió esa época y fue protagonista de muchos de esos acontecimientos históricos. Su biografía, que recomendamos revisar, es un claro reflejo de lo que se puede definir como una vida apasionante y comprometida.

Les hablamos de este personaje histórico por una razón muy concreta. En marzo de 1867 la revista “Revue des Deux Mondes” publicaba un artículo suyo dedicado a los vascos. Esta revista es una publicación mensual francesa que fue fundada en 1826 y que todavía existe .

 

El artículo, amplio, llevaba un título realmente llamativo: “Les Basques. Un peuple qui s’en va” (Los vascos un pueblo que desaparece) y que el periodista y escritor gipuzkoano Ramón Berraondo (que firmaba bajo el pseudónimo de Martin de Anoguiozar) tradujo al castellano con unas cuantas notas a pie de página realmente interesantes.

Élisée Reclus
Élisée Reclus

Leer este documento es realmente interesante, ya que nos permite conocer la visión que sobre los vascos existía en aquel momento de la historia. Por ejemplo, hoy en día la definición de íberos aplicadas a lao vascos, suena extraña, ya que esa teoría que piensa que los vascos eran los íberos, hace tiempo que ha desaparecido, o se ha convertido en marginal.

Lo que nos llama la atención es que un anarquista, viajero impenitente, experto geógrafo y político escriba un artículo tan amplio sobre un pequeño pueblo que el cree que “está condenado a desaparecer por el devenir de los acontecimientos históricos“.

También es interesante leerlo para entender cómo los creadores de la modernidad, opinaban que un pueblo como el vasco y su idioma estaban condenados a la desaparición que aun se conservaba, en 1967, vivo por causa de la ignorancia en la que vivían los naturales del país

Lo que protege actualmente con más eficacia al vasco contra las invasiones del francés y del castellano, es la ignorancia en la cual permanecen aún las poblaciones. (pág. 72)

Una situación que la expansión de la “modernidad” acabara cambiando, lo que significará la desaparicón de la nacionalidad y la lengua de los vascos

Felizmente los conocimientos no pueden tardar en generalizarse entre esas poblaciones de espí- ritu naturalmente tan vivo y tan expansivo. En este siglo de prodigiosa actividad, en que «la batalla de la vida» (13) condena a la ruina a todos los que se quedan detrás, los Vascos aprenderán ellos también, a marchar con paso cada vez más rápido, pero ello será al precio de su nacionalidad y de su misma lengua. De su magnífico idioma, clasificado entre las cosas del pasado, no quedarán más que léxicos, gramáticas, algunas pastorales, malas tragedias modernas y cantos de discutida antigüedad.

Una desaparición que es inevitable a pesar de los valores que el pueblo vasco ha mantenido a lo largo de siglos

Ciertamente, al ver perderse en medio de las poblaciones circundantes a ese último grupo que permanecía aún del antiguo mundo ibero, es imposible no experimentar un sentimiento de tristeza, porque entre las razas humanas los Vascos eran verdaderamente una de las más nobles y hasta en muchos aspectos su estado social era superior al nuestro. No se trata de ningún modo de una paradoja: la historia y las leyes pirenaicas atestiguan altamente de la preeminencia que les proporcionaban sobre las sociedades vecinas su rectitud, su generosidad, su amor celoso por la independencia, su respeto hacia el individuo. (pág. 76)

…y los Vascos en verdad eran todos nobles, y tanto y más que los altos barones de las cortes de Francia y de España, pues sus derechos no dependían de un amo…(pág. 77)

Lo que sobre todo demuestra cuan superior era la sociedad euskara, tan poco importante en número, a las poblaciones. vecinas por sus elementos de civilización, es el gran respetó que se tenía por la persona humana. Todo Vasco era absolutamente inviolable en su morada, y en ese Castillo-fortaleza, protegido por el respeto de todos, se hallaba en mayor seguridad que el Francés de la Edad Media al pie del altar o que el Inglés de nuestros días con los privilegios del habeas corpus (pág. 77)

Las cifras oficiales atestiguan altamente de esta aversión del Euskaro hacia el régimen militar, porque de todos los franceses sumisos sólo el departamento de los Bajos Pirineos contó a veces los dos quintos o la mitad. Los jóvenes dejan Francia por evitar la servidumbre y con su ejemplo animan a sus compañeros a imitarles. Entre el número de los motivos que activan la emigración hay que contar también la pérdida de la autonomía política y municipal, de las que gozaban aún recientemente las aldeas confederadas de los altos valles. Tal es quizás la razón por la cual los destierros voluntarios son muchos más frecuentes entre los Vascos franceses que entre los de la otra vertiente pirenaica. Los habitantes de las regiones vascas de España, guardando todavía sus fueros (4), no han cesada de ser un estado en el estado; tienen una sombra de existencia nacional y, por consiguiente, les queda más en el corazón el amor a la tierra que a sus hermanos de Laburdi y Zuberoa  (pág. 73)

Un camino que según creía les llevaba indefectiblemente a la desaparición y a la integración en sociedades con culturas mas modernas y superiores.

Las costumbres se pierden al mismo tiempo que el idioma, y los Euskaros se hacen Españoles o Franceses según el país al cual pertenezcan políticamente. Con todo eso, no hay que ver una desgracia en esa unión que se realiza; a pesar de la pena que debe ocasionar la desaparición de lo que había de noble en las antiguas costumbres nacionales, no se podría deplorar la fusión gradual que se lleva a cabo entre los descendientes de los Iberos y los de los Galos, Romanos, Visigodos, puesto que es a ambición de la mezcla entre los hombres como el progreso puede realizarse en los pueblos y en la humanidad entera. Las razas, como los cuerpos químicos, deben disolverse para formar combinaciones y adquirir propiedades nuevas. Al entrar en la sociedad moderna, fuera de la cual vivían en otro tiempo, los Vascos tendrán que sacrificar la pureza de su tipo, su hermoso idioma, los recuerdos de su gloriosa historia y quizás hasta su nombre; muchos de ellos se arriesgarán así a perder toda originalidad nacional y, no poseyendo ya más que hábitos y pensamientos plagiados, se alinearán en ese vulgar rebaño de los hombres que renuncian a toda iniciativa; pero en nuestra sociedad medio bárbara en que la instrucción no está sino en estado de bosquejo y donde los fenómenos sociales más importantes se cumplen todavía como al azar, este hecho capital de la absorción de una raza por las naciones vecinas no podría producirse sin acarrear a las poblaciones numerosos perjuicios temporales. Como revancha, los Euskaros, perteneciendo en lo sucesivo al mundo moderno, se pondrán también a la obra común para el bien de todos, y por ello mismo entrarán en una civilización muy superior a la que les era especial. Ahora, ya no tienen que buscar más la libertad para ellos solos (17); no es a título de hidalgos, reconocidos corno tales por los fueros (4) y los tratados, como tienen derecho al respeto hacia su persona, y sí en calidad de hombres libres e iguales (18). Su ideal no se deja ya encerrar en el estrecho horizonte de sus montañas, porque no es absolutamente bajo el roble de Guernica donde se debe dictar justicia, sino también en todos los puntos de la tierra donde se encuentre un grupo de seres humanos. (pág. 80)

Un destino que él veía como inevitable y que en su razonamiento recuerda, a toda la visión de los liberales que crearon el estado-nación de España a principios del siglo XIX,. Quenes, después de alabar profundamente las libertades de las que disfrutaban los vascos, decidíeron eliminaras para igualarles al resto de los ciudadanos de esa nueva realidad política, diseñada en los salones por una minoría “ilustrada” que con la excusa de la libertad, creaban las condiciones para incrementar su poder y riqueza.

Por suerte, las premoniciones de Élisée Reclus no fueron una realidad. Porque, en definitiva, esa modernidad que él veía como una apisonadora histórica que inevitablemente acabaría llevando a los vascos a formar parte de ese vulgar rebaño de los hombres que renuncian a toda iniciativa, es la misma que los romanos, los visigodos, los árabes, los carolingios, y todos los poderes que pasaron por El País de los Vascos, creían tener en su poder: un arma de eliminación de otras realidades diferentes, para acomodarlas a lo que ellos querían que fuera el mundo. Querían personas a medida de los intereses de los invasores (militares, intelectuales, o económicos), y al servicio de un destino ajeno al interés de esas personas.

El problema con el que se han encontrado  fue, ha sido y es, la voluntad de supervivencia que ha demostrado este pequeño pueblo, empeñado en seguir siendo “un pueblo libre de personas libres”.

Un principio que queda claramente demostrado en el relato de otro viajero francés, el Barón Ch. Davillier, que en su relato de 1862, “Viaje por España“,  cuando habla de su paso por las Provincias Vascongadas, narra extrañado una costumbre de los vascos que le parece única y singular:

Una cosa bastante singular y que, según pienso, no se halla establecida en ningún otro país, es que los niños encontrados son nobles, y que disfrutan del título de hidalgos y de todos los privilegios anexos a la nobleza; pero para eso es preciso que demuestren que se les ha alimentado y criado en el hospital donde se colocan esa clase de niños).

Lo que decimos, “un pueblo libre de personas libres”.

 

Traducción al castellano de “Los Vascos. Un pueblo que se va” de Élisée Reclus («Martín de ANGUIOZAR» traduxit.)
Original de la publicaciónLes Basques. Un peuple qui s’en va ” de Élisée Reclus (“Revue des Deux Mondes”)
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