Como explica la propia web de FITUR, esta feria es «el punto de encuentro global para los profesionales del turismo y la feria líder para los mercados receptivos y emisores de Iberoamérica. En la edición anterior FITUR ha batido record de participación con 10.487 empresas de 165 países /regiones, 142.642 profesionales y 110.848 visitantes de público general».

Es decir, es el mayor evento en el que cualquier país puede proyectar su mejor y más atractiva imagen.

Como todos los años, la Comunidad Autónoma del País Vasco (CAPV), y la Comunidad Foral Navarra (CFN) han estado presentes en este evento.

En el caso de la CAPV, tal y como se explica en ETB, cuenta «con un amplio stand realizado con materiales reciclados e imágenes tridimensionales de los recursos turísticos vascos. “Será un espacio sostenible y responsable, que incluye la nueva imagen y espíritu de Basquexperience, en el marco de sus formas curvas y las reproducciones tridimensionales de nuestros recursos a modo de esculturas“, según ha explicado Sonia Pérez, la Consejera de Turismo, Comercio y Consumo». Que, por cierto ha obtenido el premio al mejor stand en la categoría de Instituciones y Comunidades Autónomas.

Les contamos todo esto, porque acabamos de ver un tuit, donde se muestra un momento de la inauguración de este stand el pasado 22 de enero.

Son unos segundos del espectáculo Burdina’m, de la bailaora flamenca bilbaína Adriana Bilbao, que hace alusión «a esa Euskadi plural en la que flamenco, tradición vasca e industria son los hilos conductores, con la mina y el minero como trasfondo».

Y nos hemos quedado con la «boca abierta». Lo que hemos visto nos ha parecido la mayor muestra de «basquexit»; de abandono, de huida, de distorsión en la proyección de la cultura vasca que hemos visto en los últimos años.

Y no se nos malinterprete. Nosotros hemos recogido, con orgullo, varios ejemplos de mixtura cultural. Por ejemplo entre gitanos y vascos (como aquí, o aquí). Lo hacemos desde el convencimiento de que somos una sociedad abierta, plural, con un claro compromiso y voluntad de acogida, que es capaz de incorporar y hacer propios elementos de las culturas de los que hemos venido a unirnos a la sociedad vasca.

Pero es que FITUR es una feria turística, en la que cada participante busca presentar los elementos que mejor y más claramente le representan. El objetivo es atraer turismo con ofertas diferenciadas, atractivas y a ser posible, únicas. Más en nuestro caso, en el que el «turismo de experiencia» es una de nuestras mayores fortalezas.

No somos capaces de vislumbrar el objetivo final de la presencia de este espectáculo en la inauguración del stand. Pero lo que está claro es que en absoluto recoge, o presenta, la Basquexperience que el departamento dirigido por Sonia Pérez afirma que quiere proyectar.

Utilizar elementos culturales de base claramente andaluza como eje de la presentación de este stand, planteándolo como una muestra de «pluralidad», es similar a que en el cóctel de esa misma presentación se hubieran servido raciones de ceviche, de migas extremeñas, y de cordero con cuscus. Todo ello acompañado de «chacolí chileno».

La cultura vasca que pueden conocer los turistas que se acerquen a nuestro país hoy en día no es un pastiche de la cultura vasca y de las culturas de aquellos que hemos ido llegando. Es algo muy diferente, es el resultado de la incorporación a la cultura vasca de elementos de esas otras culturas.

No negamos que la combinación de elementos vascos y andaluces que ofrece el espectáculo de Sonia Pérez cumpla con esa idea. Pero lo que sí negamos es que pueda servir como tarjeta de visita, como portada, de lo que la cultura vasca puede ofrecer al visitante.

¿Alguien se imagina que el stand de Cádiz se inaugurara con un aurresku, acompañado de palmas, basándose en la existencia, durante siglos, en esta ciudad andaluza de una comunidad vasca que ha dejado una profunda huella?.

Pues eso.